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Homo Internauta: una historia del futuro, hoy

 
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Autor Mensaje
homointernauta
Peregrino
Peregrino



Registrado: May 02, 2020
Mensajes: 9
MensajePublicado: Mar May 12, 2020 9:04 am    Asunto: Homo Internauta: una historia del futuro, hoy Responder citando

Hola amigos,

Os comparto una historia que estamos escribiendo mi pareja y yo, para aprovechar el encierro.

El plan es publicar un capítulo casi todos los días, tenemos unos cincuenta planificados así, que creo que seremos capaces Wink

Nos gustaría muchísimo contar con vuestra opinión, consejos, recomendaciones. Cualquier crítica será altamente apreciada.

Sin más aquí tenéis una parte de lo publicado hasta el momento.

Gracias
Jose


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homointernauta
Peregrino
Peregrino



Registrado: May 02, 2020
Mensajes: 9
MensajePublicado: Mar May 12, 2020 9:13 am    Asunto: Homo Internauta. Presentación Responder citando

Cita:
“Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos”
CONFUCIO


Todas las historias tienen un porqué, un principio y un final, Homo Internauta arranca en 2023, en la época post-pandemia. Los poderosos han conseguido cambiar las vidas de todos, aliándose con un enemigo casi invisible: un virus, de efectos demoledores, que cambiará a la humanidad para siempre. Es una distopía, sí, pero muy, muy cercana.

Una pandilla de adolescentes en Estados Unidos, unos hackers en China, un inventor, una influencer danesa que vive en Australia y sueña con ser guionista, nos adentran en un futuro que ya ha empezado: vivir confinados, gente peligrosa que conspira para controlar el mundo… Un lugar en el que el contacto está casi prohibido, pero donde surge el primer amor.

Homo Internauta es un experimento, una fábula del futuro que podría llegar hasta el 2050, en la que la ficción se entrelaza con la realidad. Sin mayor pretensión que la de entretener, mostrar el mundo que conocemos y hacia dónde nos dirigimos. Tal vez te parezcamos exagerados, o puede que nos quedemos cortos. El propósito no es acertar, aunque eso es algo que solo el tiempo dirá.

Nos gustaría conocer tu opinión, los comentarios nos animarán a seguir. No dejes de contarnos qué te parece.

Gracias 🙂

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Ultima edición por homointernauta el Mar May 12, 2020 2:38 pm, editado 3 veces
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homointernauta
Peregrino
Peregrino



Registrado: May 02, 2020
Mensajes: 9
MensajePublicado: Mar May 12, 2020 9:17 am    Asunto: Capítulo I. La gran grieta china Responder citando

Cita:

And the wall cracks, and the wall cracks
And the wall cracks, and the walls come crumbling
Down with old ideals that could never work in modern times

Y la pared se rompe, y la pared se rompe
Y la pared se rompe, y las paredes se desmoronan
Caen con los viejos ideales que nunca podrían funcionar en los tiempos modernos

One man stands
Anthrax


Presa de los 1000 Años
Río Yangtsé, China

—No tiene importancia… —la poderosa voz de barítono de Yi Kuang se escucha en el túnel, por encima del ensordecedor ruido del agua.

Estudian con atención una fina grieta de varios metros de largo, que recorre la pared del túnel casi en vertical, en el lado que corresponde a la parte exterior de la presa.

—Pero, señor subdirector… ¡ha aumentado dos milímetros en cinco meses! —le indica alarmado el jefe de mantenimiento—. ¡El último milímetro en tan solo tres semanas!

Los tres hombres que se encuentran en el interior del túnel no pueden ser más diferentes. Yi, un gigante que roza los dos metros desentona absolutamente en ese escenario. Para acceder a las entrañas de la presa le han buscado a toda prisa un casco nuevo, un chaleco reflectante y unas botas impolutas. ¡Hasta sus dockers están planchados con raya!

En cambio, el ingeniero, uno de los numerosos jefes encargados del funcionamiento de la presa, está en su salsa. Su labor se desarrolla habitualmente en los túneles.

El tercero, Liao Heng, es el asistente de Yi. Permanece en segundo plano, sin participar, tan solo consultando y tomando alguna nota ocasional en una tablet resistente al agua.

Yi se dirige a una pequeña terraza que da al exterior, desde la que se puede ver el curso del río en la oscuridad, iluminado por los focos que recorren todo el muro de la presa. En la orilla más escarpada bancales con cultivos, en la contraria bulliciosas poblaciones. A su derecha la colosal cascada cae sobre el cauce con un estruendo enloquecedor. En el otro extremo varios barcos de gran tonelaje descienden por una esclusa, como si fueran de juguete. La construcción tiene unas dimensiones extraordinarias.

El subdirector entra en el túnel de nuevo y se planta delante de su subordinado. A través de las gafas de protección, observa al jefe de mantenimiento con gesto serio. Se acerca unos centímetros más de lo que se considera apropiado en la era post-pandemia. A esa distancia el encargado solo es capaz de sostenerle la mirada unos instantes. No suele hacer falta más para dejar constancia del lugar que ocupa cada uno.

La suya es una autoridad casi genética. La de una familia con un poder más propio de la antigua nobleza, cuyos orígenes se remontan al principio de la Dinastía Qing: antiguos políticos, militares y ricos comerciantes. Son especialistas en cabalgar las olas de la historia. Cuando Mao llegó al poder, también supieron encontrar sin hacer ruido el lugar que les correspondía, entre los advenedizos dirigentes que tomaron el Partido Comunista Chino.

—Las grietas forman parte de cualquier construcción. No son importantes. Estarás de acuerdo conmigo ¿verdad? —el asentimiento temeroso del jefe de mantenimiento es obligatorio—. Y una obra de esta magnitud también debe asentarse. La presa no es más que un adolescente que debe terminar de formarse. ¿Verdad?

—Sí señor.

—Eso es todo.

Cuando se marcha su subalterno, Yi Kuang respira intensamente varias veces. Lo hace porque no puede dar el bramido que le gustaría y desahogar la rabia que tiene dentro. El técnico que se ha ido no tiene la culpa, él tampoco. Aquí no hay errores, porque el Partido Comunista Chino no los comete y punto. Pese a que muchos dirigentes del Ministerio no tienen ni puta idea de materiales, ni de construcciones, ni probablemente de nada que no sea medrar.

Heng se mantiene a una distancia prudencial y espera un poco antes de acercarse para recibir instrucciones. Reconoce la reacción que está teniendo su jefe en ese momento. Comprende el dilema que se les plantea tan a menudo: honestidad profesional o supervivencia política. Incluso los más íntegros eligen la segunda.

—¿Señor…?

—¿Sí?

—¿Quiere que convoque al equipo de crisis?

—No, no hace falta. Ya nos han dicho que al parecer no tiene importancia. O que no debe tenerla.

El subordinado lo mira con atención. Sabe que Yi tiene otras respuestas. Hará o mejor dicho, no hará nada, como le han dado a entender. A ese nivel no hay órdenes, no hacen falta. Si algo sale mal la cabeza que rodará será la de Yi, literalmente.

—Pero señor, la grieta…

—¿Qué grieta? —dice mirándolo tristemente—. Tú lo sabes Heng, yo lo sé… Pero ellos prefieren no saber. La opinión que cuenta no es la nuestra.

—Entonces, ¿no lo reportamos?

Yi permanece en silencio considerando sus opciones, mientras echa a andar hacia la salida del túnel, seguido por su colaborador.

—Yo me encargo —afirma con rotundidad—. Puedes seguir con tu trabajo. Nos vemos en el centro de control.

—Sí señor. Con su permiso…

Yi se detiene, se da la vuelta y observa aquella enormidad. Su espíritu comienza a resquebrajarse, como esa pared…

Continuará...

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Ultima edición por homointernauta el Mar May 12, 2020 2:38 pm, editado 1 vez
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homointernauta
Peregrino
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Registrado: May 02, 2020
Mensajes: 9
MensajePublicado: Mar May 12, 2020 9:21 am    Asunto: Capitulo II. Pandemias, inventos y sonrisas Responder citando

Cita:
Tercer aniversario del levantamiento de la cuarentena en América.

Tras sucesivas oleadas y aislamientos el virus está bajo control. América se ha recuperado del impacto para su economía. Aunque debamos lamentar el fallecimiento de más de 100.000 compatriotas americanos, durante estos últimos años, hemos demostrado de lo que somos capaces trabajando unidos.

G. Miles
Lion News · 2023
Casa de los Zonar
Springfield, Oregon


Siempre le resulta fascinante, el pequeño torbellino que forma el agua al irse por el desagüe del fregadero de la cocina. Es un hipnótico espectáculo.

En la cabeza de Arthuro Zonar van apareciendo retazos de algo todavía indefinido entre una nebulosa de ideas. Aún no sabe qué es. Vuelve una y otra vez al efecto Coriolis. Sin motivo alguno, no es nada concreto. La experiencia le dice que si lo deja fluir irá tomando forma. Si se empecina no habrá nada.

Vuelve a abrir el grifo un par de veces para observar el fenómeno de nuevo. Está recostado sobre el fregadero y el cabello castaño oscuro le cuelga sobre la cara y las gafas. Es un tipo atractivo, si bien esa incipiente barriga no suma puntos. Sus ojos verdes, pícaros e inteligentes son su principal arma de seducción.

Aunque ha hecho de casi todo para ganarse la vida, su tarjeta de visita dice: Arthuro Zonar, Inventor. Así es como se presenta a los demás. La inspiración aparece en cualquier objeto y lugar, en el comportamiento de los que le rodean… Cuando se pone estupendo, asegura que las grandes ideas surgen si coinciden la necesidad y la observación. Y ahí, en esa frontera, entre realidad e imaginación, es donde nacen los inventos.

Lo de ponerlos en marcha ya es otro tema. Eso le hace sentirse un tanto frustrado, a pesar de haber hecho realidad algunos y haber vendido otros. Por ejemplo, aquel prototipo supersimple para adosar un móvil a aparatos de gimnasia, que le compraron sobre plano.

Mientras espera el gran éxito, trabaja desde casa en una empresa de marketing online. Arthuro es un tipo inteligente, que se maneja bien con los números y los ordenadores. Una cabeza bien amueblada, en palabras de su suegra. Y viniendo de alguien con quien tiene una relación tan complicada, ese halago debería estar en el top ten de los mejores piropos del mundo.

El instante de paz, de creatividad que está viviendo, desaparece en un suspiro. En el jardín de la casa se escucha un gran estruendo al que siguen unos ladridos. Arthuro lanza un sonoro joder. No hace falta averiguar más, sabe que se trata de Mario, el perro travieso y algo loco de la familia. Sus trastadas son la norma, no hay día que no tire o rompa algo, por culpa de sus carreras en la parte de atrás de la casa. Arthuro sonríe al pensarlo, a pesar de todo, no lo cambiaría por nada. Ya saldrá luego a ver qué ha hecho Mario.

Revisa el email y se pone a responder los temas más urgentes. Al cabo de unos minutos un par de toques en el cristal de la puerta le obligan a levantar la vista. Es Anna, que pide permiso con el pulgar y un ligero movimiento. Antes de que Arthuro repita el gesto confirmando, ya está abriendo la puerta exterior que da acceso a la zona de control. Su carita risueña, que se adivina tras las gafas y la mascarilla, ya le alegran la mañana.

La muchacha se detiene un instante bajo el arco descontaminador, colocando los pies sobre la alfombrilla antibichos, como ella misma la bautizó. Un discreto pero audible beep, y el led que cambia de azul a verde, indican que todo está bien. Al finalizar el proceso, el chivato notifica al sistema central del Gobierno Estatal quién entra en la casa, enviando la identidad y los principales parámetros de salud del visitante. Al mismo tiempo un aviso aparecerá en los móviles de Arthuro y su esposa. En este caso, informará de que Anna ha llegado y está sana a más no poder.

A raíz de la pandemia de 2020 y los sucesivos confinamientos posteriores, el Estado de Oregón decretó normas siguiendo las directrices del Gobierno Federal. Las autoridades saben a lo largo del día dónde está cada persona, con quién ha estado en contacto y su estado, aprovechando múltiples dispositivos: teléfonos, relojes y los arcos obligatorios instalados en hogares, locales públicos, transportes… por todas partes.

Anna, mientras tanto, ha dejado sus zapatos en el higienizador de calzado. Es una especie de microondas voluminoso, modificado por el propio Arthuro para que entren un par de botas grandes en invierno.

Tras limpiar los guantes reutilizables, se los quita, los guarda en una funda y se coloca unas zapatillas desechables. Mientras observa el ritual higiénico, Arthuro piensa resignado que del email tendrá que encargarse más tarde.

Anna es atlética, más alta de lo que toca para su edad, con sus eternos rizos de mulata recogidos de mil maneras diferentes. Cada día lleva un peinado distinto que consigue destacar aún más sus enormes ojos de mirada inteligente. Se relaciona con su hijo, Enri, desde que iban al colegio, y ahora también van juntos al mismo instituto.

En casa no tienen muy claro si Anna es la muy mejor amiga de Enri, o su novia. Sea como sea siempre es bien recibida. Desde que él la conoce puede contar con los dedos de una mano las veces que no ha llevado la sonrisa puesta en la cara. Sara y él se alegran de que su hijo la tenga cerca, porque es una magnífica influencia. Vive con su madre en el centro de Springfield, y acude con frecuencia a ver a su amigo. Allí nada está demasiado lejos.

—Hola Arthur. A ver si me quito el olor a farmacia –manteniendo la distancia de seguridad apropiada, la muchacha saluda con voz cantarina, quitándole como siempre la o a su nombre.

—Menudo día ¿eh?

—Sí y total nos vamos a morir…

A Arthuro le llama la atención esa expresión fatalista tan de moda entre los chavales…

—Acabo de ver pasar corriendo a Mario por atrás… a toda pastilla —suelta una pequeña risita, mientras se desinfecta las manos desnudas, con gel del dispensador—. Llevaba algo enredado en la pata.

—Miedo me da salir a ver qué ha pasado… —responde Arthuro, quitándose las gafas—. Cada día se supera…

—No parece grave, creo —comenta la muchacha divertida—. No he visto sangre, ni a nadie espiando sobre la valla, Arthur.

Sonríe con un cierto deje de tristeza estudiando su aspecto. No ha conseguido adaptarse a la manera en que han cambiado las costumbres desde que empezó lo del coronavirus. Anna hoy lleva unas gafas de protección, con una montura de un verde escandaloso muy a la moda, imagina. El filtro nasal es de lo más discreto, pero el bucal, que solo cubre la zona de los labios le resulta de lo más inquietante, por muy chulo que sea el diseño. Le desconcierta no ver los labios de las personas con las que habla, vaya problema para los sordos.

—Bueno, saldré antes de que la lie más. Supongo que has venido a venir a Enri, ¿o solo pasabas por aquí?

—He pasado por aquí… porque quería ver a Enri…—recalca—. ¿Puedo?

Le encanta ese punto de ironía con el que Anna es capaz de precisar las cosas, poner a cada uno en su sitio y no perder la chispa. Un juego de palabras inteligente y simpático a la vez.

—Pues estará en su habitación, imagino —lanzando un guiño cómplice, se dirige a la puerta del patio—. Yo voy a ver si todavía existe el jardín.

Anna es una chica brillante, con muy buenos resultados en los estudios, además de una enorme iniciativa. Tiene un canal de Youtube en el que empezó a compartir cosas de la pandemia con gente de su entorno. Más tarde se sumaron su hijo Enri y otros amigos. El proyecto ha crecido y ahora tienen una web, pandemiaddict dot com, en la que gente de todo el mundo comparte información útil, recursos y música. Él les ayudó a ponerla en marcha, aunque todo el trabajo técnico fue de AKA, otro de los chicos de la pandilla.

A Arthuro le gusta el carácter de Anna, que de alguna manera compensa un poco el del resto de los amigos frikis de su hijo. Especialmente la influencia de su sobrina, Daryl, siempre tan adelantada a su edad y tan indiferente a las críticas.

De repente le da la risa. Está pensando igual que lo habría hecho su padre. Claro que eso es lo que es, padre. No puede evitar sentirse orgulloso de su hijo y quienes los conocen aseguran que Enri es una copia exacta de él mismo a su edad. Un poco ido, a menudo ensimismado, y siempre pensando más de lo que toca. Muy a su rollo, como tienen que ser los chavales a esa edad.

Maldita situación. Sus vidas han cambiado tanto… Es tan injusto lo que están viviendo todos desde que apareciera el maldito COVID-19, pero especialmente ellos… Ellos que apenas han tenido un pasado y casi han agotado el futuro. A no ser que alguien lo remedie… que alguien diseñe un camino diferente. No se puede alterar el giro del agua al irse por el desagüe, pero sí se puede dibujar un mapa alternativo. Tal vez no para todos. Para muchos. Para Enri y Anna…

Suena un beep en su reloj e inmediatamente después en el resto de cacharros. No necesita mirarlo para recordar la conferencia que tiene pendiente y vuelve a su ordenador. Luego se encargará de lo de Mario.

Continuará…

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homointernauta
Peregrino
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Registrado: May 02, 2020
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MensajePublicado: Mar May 12, 2020 9:24 am    Asunto: Capitulo III. Loca Ivana Responder citando

Cita:
Google y Amazon estaban aprovechando su IA para reducir costos de refrigeración y energía en sus datacenters. Microsoft consideraba llevarlos bajo el mar y Facebook empezó a construirlos en países fríos. Nosotros ya estábamos en Islandia.

Entrevista a Einar Laxness, CEO de Vestman Computing
Unwired · 2021


Apartamento de Ivana y Kris
Heimaey, Islas Vestman, Islandia

Las Islas Vestman son un lugar inhóspito, al sur de Islandia. Probablemente su destino habría sido permanecer casi deshabitadas hasta el fin de los tiempos, si no fuera porque el frío las convirtió en el emplazamiento ideal para instalar datacenters.

Los servidores consumen mucha energía y también generan mucho calor. Con la llegada del bitcoin todavía fue necesaria una mayor capacidad de cómputo. El coste de la electricidad que alimenta un servidor, más la imprescindible refrigeración, son factores tanto o más importantes que el del hardware o las comunicaciones. En conjunto definen el coste del producto.

La mejor forma de ahorrar en la refrigeración de los ordenadores fue ir instalando las granjas de servidores, los datacenters, en lugares cada vez más fríos. Heimaey, la mayor de las islas, era un lugar perfecto: contaban con energía barata y una baja temperatura todo el año. Así se instaló el primer centro de datos, que desde el principio se orientó hacia tareas que demandaban cálculo intensivo. El minado de bitcoins fue su labor principal.

Más tarde, cuando se tiró la Big Fiber hasta Reikiavik, las empresas especializadas que se ubicaron fueron ampliando sus servicios al contar con una mayor conectividad. Los relacionados con el big data y la inteligencia artificial, que también demandan mucha potencia de proceso, llegaron a continuación.

Con la explosión de la pandemia, el lugar se hizo aún más atractivo y tras un datacenter llegó el siguiente y luego otro más. Porque a las ventajas operativas de Heimaey, había que sumar el hecho de no contar hasta el momento con ningún caso de contagio de los virus que asolaron el mundo. Puede ser porque los lugareños están más que acostumbrados al aislamiento, y los cientos de frikis tecnificados que llegaron de fuera, constituían un colectivo fácil de integrar. Vivir en una de las regiones menos habitadas del mundo, en una isla minúscula, a la que solo se puede llegar en un ferry, completó la lista de ventajas.

Y de esta manera, en unos pocos años, los 4.000 habitantes de Heimaey se convirtieron en 6.000. La población creció hasta que ya no hubo más espacio para construir. En una isla que no tiene más de 5 km en su lado más largo esto ocurrió rápidamente.

Si bien las bajas temperaturas son una ventaja para la instalación de datacenters, no lo son tanto para los individuos. Las relaciones interpersonales se tornan peculiares en un lugar donde la media anual no llega a los 5º. Las temperaturas islandesas invitan a permanecer en casa buena parte del año.

En la terraza de su apartamento, Ivana Bulgakov, jefa de ciberseguridad en Vestman Computing, fuma un cigarrillo observando un viejo termómetro de mercurio. Hoy no ha pasado de los 10º en pleno mes de julio y con más de 20 horas de luz. Un detalle, el del frío, que incomodaría a cualquiera que no hubiera nacido en Jarkov. Y que no hubiera crecido y estudiado en San Petersburgo y Helsinki. Sin embargo, no le costó demasiado adaptarse ni a las temperaturas, ni a los modos de vida de países tan distintos como Italia, Australia o Canadá.

Piensa en esos contrastes mientras sus ojos se pasean por el yermo paisaje de Hianamey. La isla no tiene ni un puñetero árbol, ni vegetación digna de ese nombre, más allá de la rala hierba que crece en verano, o un ocasional arbusto en el jardín de alguna casa. Si ella no hubiera vivido ya en condiciones parecidas, hubiera sido aún más triste. Ivana sin embargo, encuentra hermosas esas florecillas amarillas que crecen de verano en verano entre la hierba. Le parecen todo un ejemplo de supervivencia.

También encontraba hermosa a la gente de la isla, una belleza fría, que de forma llamativa poseían una buena parte de sus habitantes. No había visto nunca tanta gente guapa en un mismo lugar, hombres, mujeres, de cualquier edad. Aunque a ella le interesaba más la de los hombres, en concreto la de uno.

Justamente en ese momento suena el característico sonido de llamada de Skype e inmediatamente la voz de su novio Kris Gunnarsson, que la saca de su ensimismamiento, y le dice en islandés:

—¡Te suena el Skype!

Sonriendo, apaga el cigarrillo en un lata de cerveza cortada, a rebosar de colillas, y entra en la habitación que hace de sala principal y dormitorio del pequeño apartamento. Todo un lujo en Heimaey.

Se sienta delante del ordenador y acepta la llamada entrante. La imagen de su cliente y amigo Arthuro Zonar, aparece en la pantalla. Llevan años trabajando juntos y colaborando en numerosos proyectos. Aunque son muy diferentes, se llevan bien.

—¡Hola Arthuro!

—¿Qué tal Ivana?

—Disfrutando del tiempo, ya sabes —no puede dejar de hacer bromas rusas. Sus chistes suelen mostrar más melancolía que sentido del humor.

—Seguro —acepta Arthuro divertido— ¿qué tiempo hace por ahí ahora?

—Unos 10º. Ha sido un buen día, llegamos a los 12.

—Jajaja. Seguro. Un día magnífico sin duda, ponte crema solar —ambos ríen—. Me están agobiando los casi 25º que se prevén hoy para aquí.

—Un día intercambiamos casa y probamos un par de semanas en la ciudad del otro. Así lo compruebas por ti mismo.

—Te diría que hecho —responde Arthuro divertido—, pero ¿en qué se puede emplear el tiempo en una isla de 10 km2 durante dos semanas, con dos niños, uno de ellos adolescente y un frío del carajo?

—Hey, son 13 km2, sin faltar.

Se escucha un murmullo de fondo, algo en islandés, a espaldas de Ivana…

—Perdón —contesta su amigo, poniendo una cara que pretende ser de disculpa, pero que solo consigue la carcajada de Ivana.

—Jajaja.

Ivana continúa tras rehacerse.

—No, te lo digo en serio. Sería una experiencia para tus hijos y con el ferry estás en Reikiavik en un par de horas. Islandia tiene mucho encanto. Fenómenos de la naturaleza y paisajes que no podrás ver en casi ningún lugar del mundo…

—Pues te tomo la palabra. En Oregón tienes un lugar para ti y para…

—Kris —responde Ivana, echando una breve ojeada a su pareja a ver si se ha dado cuenta. No lo parece o no lo demuestra.

—Pues aquí tenéis un lugar tú y Kris, cuando te apetezca.

—Así hablamos de esas cosas que tenemos pendientes.

—Me parece bien. Ahora vamos con el informe que has enviado.

El diálogo continúa durante un buen rato, sobre algunos temas de seguridad, relacionados con el proyecto de uno de los clientes de Arthuro. Es una actividad que realiza en paralelo a su trabajo habitual. En estos tiempos nunca se sabe cuándo se puede quedar uno sin ingresos durante semanas o incluso meses.

Ivana también está preocupada. Pueden morir de éxito con el proyecto que están preparando y esas cosas siempre son un riesgo, porque le acaban rebotando a ella. No tiene ningún sentido invertir mucho dinero en marketing, si la web no es accesible por un exceso de tráfico, por no elegir un proveedor de hosting fiable. Requiere un modelo más escalable y ahora mismo no lo tienen. Su amigo toma nota de las sugerencias y se compromete a considerar las alternativas que ella propone.

Antes de despedirse, Ivana recuerda a Arthuro la conveniencia de usar Kookumbar para comunicarse. Es un medio más seguro para chatear y él le asegura que también lo tendrá en cuenta. Cuando cortan la comunicación, Ivana se queda pensando durante un buen rato en eso que tiene pendiente con Arthuro y en su propuesta para ir a Oregón. Al cerrar Skype, la pantalla abierta del Koo está esperando a que se identifique. Muestra su nick: Dorsett.

—Kris ¿te gustaría pasar un par de semanas en Oregon? —pregunta con la vista aún fija en la pantalla.

—Claro. ¿Arthuro? —él ha escuchado toda la conversación, porque Ivana no ha utilizado los cascos. Su chica se está relajando con él, es una buena señal, piensa sonriendo. Las rusas son aún más suyas que las islandesas, que ya es decir.

Se acerca hasta donde está sentada, la abraza por detrás apoyando su barbilla sobre la cabeza de ella y se pone a jugar con un mechón de su pelo. Es de un precioso tono castaño, tan peculiar que se asemeja al suyo, que es pelirrojo. Se piensa un momento la pregunta que va a hacer…

—No tengo que ponerme celoso, ¿verdad?

Ivana gira su sillón de juegos Skylab, en preciosa piel gris y negra del que está tan orgullosa. Se miran fijamente. Se parecen bastante en casi todo, aunque él es más friky y ella es una activista. Por eso hacen una buena pareja.

—No. No deberías —afirma la hacker sin darle mayor importancia—. Y sí, Arthuro nos ha invitado a pasar unos días por allí cuando queramos.

Entre ellos hablan en inglés, aunque Kris está intentando que su novia aprenda algo de islandés. Lo justo, porque tiene claro que no le hará falta, este no será su destino definitivo. Él mismo se irá y prefiere pensar que acabarán haciéndolo los dos. Juntos.

Su retorno a Islandia solo ha sido un paréntesis para cuidar a su madre enferma, ya recuperada. Y la parada en esta isla ha sido aún más circunstancial, un trabajo con un buen sueldo, con el premio extra de encontrar a Ivana. A Kris no le gusta este clima, ni la forma de vida de sus paisanos. Después de haber pasado unos años por el sur de Europa, echa de menos a sus amigos de Lisboa, el clima de Málaga, las playas de Cádiz y la fiesta, el sol, quedarse hasta las tantas bebiendo cerveza, sin morirse de frío. La alegría de vivir.

Aunque ama a su país no tiene nada que ver con el islandés medio. Definitivamente habría que ir pensando en emigrar y Oregón, cualquier otra ciudad de Estados Unidos en realidad, podrían ser un buen lugar para empezar una nueva etapa.

—Pues estaría muy bien —responde Kris—. ¿Cuándo nos iríamos?.

—Vamos a pensarlo. ¿Vale?

Continuará…

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Peregrino
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Registrado: May 02, 2020
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MensajePublicado: Mar May 12, 2020 9:26 am    Asunto: Capítulo IV. Voulez-vous play ball avec moi Responder citando

Cita:
A todos nos ha afectado. Ha sido una catástrofe para los más mayores. Pero toda una generación de niños ha visto sus vidas alteradas definitivamente. Nadie eligió esta pandemia, incluso con los errores nadie pudo preverla, pero los niños han sido las principales víctimas y no podemos permitir que sea así. No podemos aceptar como algo inevitable que los niños sean las víctimas ocultas de esta pandemia. Que los veamos como un daño colateral.

Discurso del nuevo Secretario General de la ONU. 2022


Habitación de Enri, casa de los Zonar

En otra parte de la casa Enri L. Zonar está encerrado en su cuartel general, su habitación. A Enri le pusieron el nombre por la pasión de su madre hacia todo lo francés. La L es por Lebron James, su padre es un fan del jugador y de Los Angeles Lakers. Él es el único que insiste en añadir la ele a su nombre y Enri Lebron, con todas las letras, cuando se enfada. Para el resto es solo Enri. A pesar de ser un estudiante mediocre, más por pereza que otra cosa, es un chaval muy curioso, bueno en ciencias e informática, herencia de su padre, como dice Arthuro. Ha creado algunos videojuegos y programado cosas de una cierta calidad, según su amigo AKA, que sabe bastante del tema. Y la música es otra de sus pasiones, es un guitarrista prometedor.

Está buscando contenidos para Pandemiaddict. Le apetece colgar algo sobre grupos musicales nuevos que estén haciendo algo interesante. Pandemiaddict es un proyecto en el que siguió a Anna, donde colaboran también varios amigos. El canal de Youtube primero y la web más tarde han sido un pequeño éxito. Ya tienen más de treinta mil colaboradores, uno de sus videos va por más de un millón de visualizaciones. Ese en el que el profe de biología explicaba en clase cuáles eran las potenciales consecuencias del coronavirus en ¡enero de 2020! Cuando hasta el Presidente Trump se lo tomaba a broma.

Su profesor acertó bastante. De hecho se quedó corto, tendrían que hacer otro vídeo más actualizado sobre qué pasará en los próximos años. Se apunta lo de comentárselo al Sr. Greenpark a ver si se anima.

Pero el escándalo fuera ha sido tan grande, que lo ha escuchado a pesar de llevar los auriculares puestos. Levanta uno ligeramente y oye hablar a su padre con alguien en la cocina. Será algún vecino por el Skype quejándose del perro, piensa. Menos mal que su padre atiende las reclamaciones con mano izquierda y consigue que nadie se enfade con ellos por culpa de Mario. Cualquier denuncia supondría perder su custodia y el más que probable sacrificio. Hasta ese punto han llegado las cosas.

Mario tiene un año más que Emma, su hermanita de cinco años, y es como si fuera también su hermano pequeño, pero en travieso. Sus padres dicen que se enamoraron del perro nada más verlo, en una foto en el tablón de anuncios del centro comercial. Ofrecían en adopción a una camada de preciosos cocker spaniel y supieron que ese cachorro era para ellos. Cuando le vieron moverse de una manera que les recordaba a Mario, tuvieron claro qué nombre ponerle. Les encantaba Super Mario Bros, hace como un millón de años. Enri flipa con las cosas a las que jugaban sus padres, son como de otro siglo. Pero… ¡es que son del siglo pasado!

La familia, pero especialmente Enri, ha disfrutado mucho con él cuando era un cachorro y podían jugar libremente en la calle sin buscarse problemas. Ahora eso está limitado. Le da pena por el perro, pero sobre todo por Emma.

No se acostumbra a ver a la gente siempre con mascarilla. Su hermanita ha tenido que llevarlas prácticamente desde que era un bebé. Su infancia ha sido rara de narices. Siempre extremando precauciones, con guantes, sin parques infantiles, ni guarderías, ni cumpleaños con montones de mocosos dando la tabarra. Todo es tan aséptico…

A él lo del distanciamiento social le había pillado cuando ya le daba igual, pero a Emma le había afectado de lleno. Ahora mismo el perro, que vive en el jardín, tiene más libertad para trastear que ella. Los animales no pueden pasear por las calles, ni acompañados, solo pueden estar o dentro o fuera de las casas, tienen que elegir una zona. A no ser que se haga una adaptación muy compleja en el hogar, que les permita entrar y salir libremente. Algo que solo pueden permitirse los ricos.

Sus padres no quieren que Enri se agobie. Cuando alguna vez habla de esto con ellos, su madre le recuerda que los niños solo entienden el presente. Apenas tienen memoria del pasado, no piensan en el futuro. Emma solo ha conocido esa vida, no echa de menos nada. Suspira. Será así, pero incluso a él le cuesta recordar cómo era el mundo antes de parecer una gigantesca consulta de dentista. Se coloca los cascos y sigue a lo suyo.

Frente a la puerta de Enri, Anna llama usando su clave particular, tres golpes y dos arañazos. Sin esperar nada más entra en la habitación. El muchacho no ha escuchado la llamada, pero ve el reflejo que se mueve en la guitarra que tiene a un lado de la mesa.

—Vaya, mi querida amiga —dice con un tono que pretende ser absurdamente sofisticado, mientras vuelve la vista a la pantalla—, no esperaba que vinieras hoy.

—Si quieres me voy —responde Anna, utilizando el mismo tono impostado de su colega—. No me gustaría molestar, querido amigo.

Su voz cantarina suena opaca tras el protector bucal y un tanto cómica con el filtro nasal aún puesto.

—Que todos los días te pregunte lo mismo y que aún te medio enfades… —contesta al tiempo que se da la vuelta y deja el ordenador—. ¿Qué te parece si jugamos a algo? ¿O prefieres que te muestre lo que he encontrado?

Anna mira el póster que tantas veces ha visto, del último trabajo de los Mother Fuckers: NOS VAMOS A MORIR.

—Va, quítate todo eso, Anna.

Qué rara está con todo lo que aún le cubre la cara.

—A eso voy…. Si quieres que te dé una paliza, tú mismo —responde la muchacha, mientras se retira toda la parafernalia de protección y la guarda en la funda higienizante que lleva para tal fin.

Cuando la mascarilla desaparece, su enorme sonrisa desarma a Enri al instante.

—Eso… lo veremos… —responde casi en un balbuceo.

Sus ojos vuelven a cruzarse, parece que como siempre, aunque no. Hay otra cosa ahí… Otra vez.

—¿Qué miras?

—Te miro… Ya se te ve la cara…

—Ya ves. Y total, nos vamos a morir.

Sonríen, confundidos. La incomodidad desaparece tan rápido como ha venido. Tiran unos cojines en el suelo para empezar a jugar.

Continuará…

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Ultima edición por homointernauta el Mar May 12, 2020 2:40 pm, editado 1 vez
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MensajePublicado: Mar May 12, 2020 9:35 am    Asunto: Capítulo V. Also-known-as… AKA Responder citando

Y hasta aquí puedo llegar. Iba a publicar alguno más, pero en el capítulo V hay algo que no le gusta. No veo nada parecido a una URL, pero no me deja, así que no hay otra que esperar, supongo...

De momento ¿qué te ha parecido?

Primero de todo, ¿tienes Interés por saber como sigue la historia de nuestros amigos?

Y si hay algo que quieras saber no te cortes. No hay límites y si alguna pregunta es inapropiada, bueno, ya veremos Wink


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Registrado: Jul 18, 2007
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MensajePublicado: Sab Jul 11, 2020 10:16 am    Asunto: Responder citando

Hola, chicos. ¡Qué novedad! Digo, que alguien esté publicando cosas aquí. Ha sido una sorpresa. Bueno, ¿qué puedo decir? Leí el primer post y me pareció en general bien escrito. Y en realidad me apresuré a responder para que no se pierda el entusiasmo. Aunque, no sé, al traspasarlo a un word para poder leer mejor en pantalla me empieza a chocar el espaciado de los párrafos. Bueno, solo es una opinión, pero encuentro que no es necesario. Sí, si ya sé que me van a decir que es por la Internet, que sale más fácil para leerlo en pantalla, pero el que quiera verlo hará como yo. Y a título personal me está empezando a cargar que lo que es norma para una cosa (Internet) se empiece a transformar en regla para otra (literatura). De hecho, hay un manual sobre eso, que en lo posible hay que planear párrafos de no más de cinco o seis líneas, que el doble espacio entre párrafos, que la síntesis, etc, y está bien para la web, pero esto es literatura.

Otra cosa: ignoro cuánto tiempo llevan en esto, pero si necesitan algún consejo de cosas formales, recursos, etc, todavía está activa la guía de Axxon en el taller, descargable y gratis. Da una maciza orientación sobre personajes, diálogos, argumento, etc.

Ojo con los guiones: por lo general cuando es punto espacio guión pero lo que sigue no es un "dijo" o similar, sino un inciso, se empieza con mayúscula. Actúa la misma norma que para los puntos suspensivos.

Eso, pues, de momento, que estoy operando en tres foros a la vez y dos son ingleses, lo cual es un problema extra, no se me da mucho el inglich. Y todavía tengo que ver qué está pasando en Ociozero.
Un saludo, queridos. Como se ve, he regresado más indulgente. Estáis de suerte, chicos. He "vorvío", como dicen por ahí. Very Happy[/i]

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