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Relato estilo Lovecraftiano. El Perchero.

 
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Autor Mensaje
Vlad_Temper
Alcaide
Alcaide



Registrado: Feb 07, 2005
Mensajes: 1852
Ubicación: Bokerovania
MensajePublicado: Lun Abr 10, 2006 4:57 pm    Asunto: Relato estilo Lovecraftiano. El Perchero. Responder citando

El Perchero

Según mi abuelo aquel perchero tenía cerca de dos siglos de antigüedad, aunque su aspecto daba la impresión de que quizás fuera incluso más vetusto: parecía haber contemplado el Terror en Francia y el cautiverio del Empalador en Transilvania. Era alto, unos dos metros de altura, y sus múltiples brazos se enroscaban como tentáculos fosilizados de alguna criatura de las profundidades. A pesar de su vejez, era curioso comprobar que ninguna carcoma ni polilla lo había atacado nunca, ni si quiera a través de las dos cicatrices que herían su estructura. Ahora sé por qué, pero temo revelarlo, tanto porque pensarán que estoy loco, como por el terrible escalofrío de pánico que sube por mi espalda cuando recuerdo los terribles sucesos que me revelaron su auténtica naturaleza.
Todo comenzó cuando mi hermana se encaprichó por aquel perchero. Y es que ese mueble ejercía una extraña influencia, un aura que atraía a la sangre Díaz que corría por nuestras venas, más fuerte en mi hermana. Finalmente, tras varios días pidiéndoselo a mi abuelo, consiguió lo que se proponía (mi hermana siempre ha sido muy hábil en conseguir lo que desea), y mi abuelo le cedió el perchero. Pasaron unas semanas hasta que pudimos ir a recogerlo, pero al fin una mañana de Sábado nos acercamos caminando a través del corazón del pueblo hasta la casa.
Había visto antes el perchero, por supuesto, pero nunca había llamado mi atención como en aquel instante. Siempre cargado de ropa, siempre escondido en alguna esquina, ahora se encontraba en mitad de la habitación, desnudo, erizando sus brazos petrificados hacia el techo. En ese instante sugirió en mí recuerdos antiguos, e imágenes marinas, de depredadores viscosos con brazos cubiertos por ventosas, arrastrando a buceadores osados al fondo desconocido del océano. También recordé los relatos que había leído de ese loco de Providence que escribía sobre dioses estelares dormidos bajo las aguas. Contemplé el mueble con respeto, y cuando comprobé las heridas en su estructura sentí pena, rocé su oscura madera con cuidado, y lo tomé en mis brazos para llevármelo de allí. Con la ayuda de mi hermana lo bajamos por las escaleras, y lo cargué de vuelta a mi hogar, al cuarto de mi hermana, donde enseguida tomó un lugar importante, como reinando con su corona de tentáculos rígidos sobre los demás muebles.
A partir del momento en el que el perchero estuvo en mi casa, las historias acerca de él se multiplicaron en mi familia. Aquel perchero había formado parte del mobiliario de una casa antigua, y fue el único de todos los muebles que se salvó: lo salvó mi abuela. El perchero pasó a formar parte del paisaje de la casa, provocando ese extraño influjo que posee sobre los miembros de ella, más en unos que en otros. Y ahora estaba pasando a la siguiente generación, un mueble cuyo precio era incalculable, en nuestro poder gracias a la casualidad de la herencia.
Aquella misma noche se inició todo, aunque no lo supimos hasta la mañana siguiente, en la que mi hermana se levantó con un grito desgarrador, alrededor de las cuatro y veinte. El grito nos despertó a todos, que corrimos hacia su habitación preocupados. Cuando entramos mis padres y yo en ella, mi hermana se encontraba durmiendo plácidamente, apenas sin sobresaltos. Pero nuestro perro, un pequeño Yorkshire Terrier, estaba en el umbral de la habitación, mirándola con recelo, y aunque normalmente duerme en la cama de mi hermana, esa noche no consintió volver a entrar, sino que se marchó con mis padres. Cuando mi hermana se despertó, no obstante, no recordó haber gritado, ni siquiera haber tenido ninguna pesadilla, tan sólo que estaba muy cansada. Tendría que habernos alertado, pero no le hicimos caso por la estúpida prepotencia del ser humano, pues mi hermana se irritó muchísimo al comprobar que el perro no quiso entrar en su cuarto desde aquel día, cuando antes no se separaba de su lado. Cuando la cogía en brazos e intentaba meterla allí, el perro comenzaba a lanzar gañidos lastimeros y agudos, y a retorcerse hasta que escapaba y salía corriendo, hasta atravesar la puerta, y se tumbaba allí, mirando a mi hermana con lástima, hasta que salía y volvía a acompañarla.
Los gritos se repitieron dos noches más tarde, y de nuevo fuimos a ver qué ocurría. Mas al entrar allí algo más sutil de lo que los sentidos humanos podía percibir despertó mi recelo. De repente me di cuenta de algo, el perchero estaba distinto, unos pocos milímetros más cerca de la cama. Mis padres se marcharon, y unos segundos más tarde me fui yo, sintiendo que alguien, o algo, me contemplaba. El episodio se volvió una rutina desquiciante, que ocurría tres o cuatro veces semanales. Además, mi hermana se encontraba cada vez más débil, se dormía en las horas diurnas, dormía siestas largas, en el salón, lo cual no era su costumbre, y a pesar del maquillaje se podían adivinar profundas ojeras en su rostro. Por otro lado, el resto de la familia estábamos hartos del cansino rol de los gritos nocturnos. Mis padres comenzaron a pensar en hablar con un especialista (eufemismo de psicólogo o psiquiatra), pero mi hermana se negaba en rotundo a ir; y yo me negué a responder a sus gritos, incluso aislándome en mi habitación cerrando la puerta y poniendo música toda la noche. El perro, siempre más sensible que los humanos, comenzó a recelar no sólo del cuarto, del cuál se alejaba incluso al pasar a su lado por el pasillo, sino también de mi hermana, e incluso lanzó un gruñido cuando le intentó acariciar, aunque en seguida lanzó un ladrido de disculpa y, agachando la cola, se acercó lastimero a lamerle la mano. También nosotros evitamos la habitación, sobretodo yo cuando una vez, asomándome por casualidad al interior, comprobé que el perchero estaba mucho más cerca de la cama de lo que recordaba, al menos cinco centímetros más cerca.
Pasaron unos terribles dos meses en ese ciclo, cuando el clímax se presentó, y todo quedó resuelto. Fue un momento terrible, que provoca escalofríos incluso ahora, que han pasado semanas desde entonces, en mí y en mi hermana. Transcurrió en un Domingo por la mañana. Mis padres habían salido a comprar, y mi hermana permanecía aún dormida. Yo me encontraba en mi cuarto, escribiendo, tan absorto en la escritura que había olvidado encender mi radio. Y en ese instante, el más terrible de todos los gritos que jamás le había escuchado a mi hermana me hizo salir corriendo en su ayuda, siguiendo un instinto de protección familiar más fuerte y veloz que la razón. Mi silla cayó al suelo con un estruendo, entré a trompicones en su cuarto, encendiendo la luz por reflejo, y lo que contemplé me hizo palidecer en un instante. Noté la sangre huyendo hacia mis piernas, mientras mi hermana me miraba, con un rictus de horror. Presa de un miedo irracional, pero con una decisión muy propia de ella, saltó de la cama, cogió su silla y la lanzó contra el perchero. El mueble cayó, y se partió por la mitad. Allí terminó todo. Mi hermana volvió a dormir bien, y el perro con ella.
A mis padres les contamos que entré en su cuarto para llamarla, cuando vi que el perchero se estaba cayendo sobre ella, desequilibrado, y al lanzarme a cogerlo tropecé con la silla, que cayó sobre el perchero y lo partió. Mi naturaleza torpe les convenció de la historia, y aunque se molestaron bastante por la pérdida, comprendieron que fue para salvar a mi hermana, y agradecieron que saliera ilesa. También le apenó la pérdida a mi abuelo, pero igualmente agradeció que no le ocurriera nada.
En cuanto a nosotros, nosotros sabemos la verdad, y alguna vez nos miramos y sabemos que estamos pensando en ello. Mis padres nunca lo sabrán, es demasiado extraño, y no nos creerán. Tampoco quiero inquietarles. Pero alguna vez, alguna noche, cierro los ojos para dormirme, y vuelvo a verlos. Vuelvo a ver esos tentáculos de madera moviéndose, y esos ojos amarillentos abiertos, mirándome con hambre.

Vlad Temper 2006


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tEITER
Leyenda
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Registrado: Feb 02, 2005
Mensajes: 8238
Ubicación: Madrid
MensajePublicado: Dom Abr 16, 2006 9:38 pm    Asunto: Responder citando

Muy bueno Vlad Very Happy

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Zarox escribió: "Es lo que ahí. Una analfabetización constante y progresiva."


::045 El peor viaje del mundo, A. Cherry-Garrard
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dalare
Alcaide
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Registrado: Feb 03, 2005
Mensajes: 1555
Ubicación: Vallisoletum
MensajePublicado: Vie Abr 28, 2006 10:53 am    Asunto: Responder citando

Vlad, muy interesante argumento para un relato "lovecraftiano" de esos mediocres, típicos, repetitivos, previsibles, con sobreabundancia de adjetivos, etc, etc, etc, >>>SPOILER<<< pero que nos gustan tanto y que no nos cansamos de leer, releer y escribir. Very Happy
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danel
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Registrado: Feb 07, 2005
Mensajes: 298
MensajePublicado: Vie Abr 28, 2006 11:33 am    Asunto: Responder citando

Muy bueno, me ha gustado.

Como curiosidad, se me ha hecho raro que pueda notar que el perchero se ha movido tan solo unos milímetros...no es demasiado poco?


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