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Colectivo literarioÁngel Velahttp://www.blogger.com/profile/16730431677045179229noreply@blogger.comBlogger1049125
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Ofrenda tardía

16 May 2013 - 11:00am
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Al muy ilustre señor don Luis Mejia.
Sepa vuesa merced, que dada mi condición de comerciante, no fueron pocas las misivas que redacté, pese a mi ascendencia humilde. Mas el inicio de ésta y como hubiere de dirigirme a vuesa merced se me antoja difícil.
Es de ley que toda misiva se vea precedida por un cordial saludo, y en el caso de tan insigne "caballero", con alguna loa por el brillante papel que se os atribuye en la guerra que tan de cabeza trae a esta España nuestra. No ha de ser el modo en que esta misiva comience, mas no será por desconocimiento, sino por imposibilidad. Empezaré, pues más adecuado me parece, haciéndoos saber que mi nombre, aunque poco habrá de importaros, es el de Jacinto, apenas un vinatero de provincia que muy poco sabe de batallas y nada de heroicas gestas. Soy hombre de campo, "caballero", sin más logros y honra que los de saber que con sudor saqué adelante negocio y hacienda, al tiempo que procuraba sustento y un techo donde vivir con cierta holgura a mujer e hija.

Sepa vuesa merced que ante de anoche, cuando al amparo de la luna os dejasteis caer por mi hacienda como un vulgar ratero, o como referisteis: "como un amante furtivo" apenas os conocía de oídas. Sabed también que pese a que hallasteis luz en la alcoba de mi hija, no era ella, si no yo, quien allí os aguardaba, y quien escuchó la dulce oda al amor que asegurasteis profesar a mi hija Catalina. Ni que decir tiene que sois todo un poeta, y me atrevería a afirmar que más ducho en ese arte que en el de la soldadesca. Es por eso que ahora, a sabiendas de la identidad de "el furtivo enamorado" como vuesa merced tuvo a bien apodarse, puede poneos rostro, nombre, y escribiros, Don Luis.
Esta carta es para referiros cuán inapropiado y tardío fue el momento que tuvisteis a bien escoger para dar a valer ese "ardiente caudal de amor” sentido por mi niña, "caballero". Puesto que “la elegida para atender esos desvelos del corazón” a los que tan líricamente aludisteis ya no podrá oír vuestras lisonjas. Se os trucó la conquista, don Luis, si así puede llamarse a arrancar la doncellez a una niña, a robar el polen de una flor cuando aún no se había abierto al mundo. Por ello, y puesto que nadie queda que pudiera o quisiera atender a la "ternura de vuestros requerimientos”, conmino a vuesa merced a no regresar por esta hacienda, que es la mía, y a que volváis por donde quiera que hubieseis venido. No quedan en ella “doncellas venturosas” para cortejar; aunque siempre podréis, puesto que libre para ello sois si así os place, acercaos a su tumba, que el campo santo no está lejos, y allí seguir agasajándola.
Anteayer, al alba, encontré a mi niña muerta. Muerta y sin más adiós que una carta en la que nos hacía saber que se había quitado la vida al descubrir que varías mozas del pueblo consentían en amancebarse con "El hombre al que entregó corazón y virtud". Que no es otro que vuesa merced, don Luis Mejia.
Id, "caballero", sin demora al campo santo, pues sólo así daréis fe de que ese "sempiterno amor”, al cual aludisteis anoche, se encuentra en verdad “más allá de vida y muerte”.
Sepa vuesa merced que aunque cierto es que quedó demostrado en la hostería del Laurel de Buttarelli, en Sevilla, por el difunto don Juan, que Dios tenga en su gloria si algo hizo para merecerlo, que os aventajaba en el arte de la seducción, no lo es menos que nada habríais de envidiarle en crueldad. O no menos que un diablo a otro diablo.
Quiera Dios guardaros de muchas iras, pasadas y futuras, y de mí, si llegamos a encontrarnos, y que de igual modo se dignen a velar por cuantas niñas incautas hubieren de tener la mala fortuna de atender a vuestros requerimientos.
Firmado por Jacinto Medina, en la villa de Puente Genil, en el día 7 de julio del año del señor de 1808Leer más...

BOLETÍN LUDICO-CULTURAL

15 May 2013 - 8:16pm

El Viernes 17 y el Sábado 18, a partir de las 20.00 h., una nueva edición del Festival Internacional de Música TERRITORIOS SEVILLA 2013, EN EL Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (Isla de la Cartuja). Entrada para los dos días: 27.00 €. Días sueltos: 17.00 € anticipada y 25.00 € en taquilla.
Más información en
http://www.territoriossevilla.com/
El Domingo 19 juega el CAJASOL su último partido de la temporada en casa, a las 12.30 h. Después del partido, el club invita a los socios y espectadores a paella y caracoles en los aledaños del pabellón.Del 3 al 19 de Mayo se celebra en Sevilla la FERIA INTERNACIONAL DEL TÍTERE. Para este fin de semana, estos son los espectáculos gratuitos:
El Sábado 18 a las 13.00 h. en el Parque Amate, representación de la obra “S`Tupendo”.
El Sábado 18 a las 19.00 h. en el Parque Miraflores, representación de la obra “El rescate de Babá”.
El Domingo 19 a las 13.00 h. en el Parque de la Buhaira, representación de la obra “Juancito y María”
Además de estos espectáculos gratuitos, hay también otros muchos en diferentes teatros, destacando los de terror para adultos. Os adjunto el enlace:http://www.seviocio.es/tag/feria-internacional-del-titereEl próximo domingo 19 de mayo se celebra la segunda edición del Zoco de Parque María Luisa, un espacio que une productos de primera línea de diferentes sectores, como moda, complementos, artesanía, decoración y gourmet. Este zoco se celebra todos los terceros domingos de mes salvo que, por lluvia, se tenga que aplazar al siguiente fin de semana. El zoco tiene lugar en horario de mañana de 11:00 a 17:00 en el Parque María Luisa, a la espalda de la Plaza de América, en la confluencia entre Felipe II y Avenida la Borbolla.
PORSHE 911 celebra su 50 aniversario en Sevilla.
El 19 mayo habrá una gran concentración de más de 200 vehículos deportivos de alta gama Porsche a partir de las 11:00 horas en un enclave excepcional como es la Plaza de España
Todos los sábados de Mayo, BOOKCROSSING y préstamo de libros en el parque INFANTA ELENA, de 10.30 h. a 14.00 h. Cada Domingo hasta el 16 de Junio, a las 12.30 h., conciertos de orquestas de cámara o solistas vinculados a la fundación Baremboin - Said. Son gratuitos, solo hay que llamar para reservar la entrada.Para el concierto de este DOMINGO 19, YA ESTÁN AGOTADAS LAS ENTRADAS, pero a partir del Lunes 20, se pueden reservar para el concierto del Domingo 26. Más información en el siguiente enlace:

http://www.barenboim-said.org/es/proyectos/conciertossantelmoabierto/
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Fallo XVIII Certamen Literario de Cartas de Amor Villa de Mijas

9 May 2013 - 6:24pm
ACTA DEL JURADO


Reunido en la Villa de Mijas a los cuatro días del mes de mayo de dos mil doce, el Jurado del XVIII Certamen Literario de Cartas de Amor Villa de Mijas, compuesto por:
- María Rosario Cabello Porras, Profesora de Universidad
- Eduardo Giacometti, Pintor
- Juan Carlos Toribio, Profesor de Lengua y Literatura
- Santiago Martín Villamor, Concejal de Cultura del Ayto. de Mijas
 Secretarios: Francisco Gutiérrez González
Óscar Camacho Palmero

Tras la lectura y valoración de las 323 cartas recibidas decide otorgar los premios a las siguientes cartas, por su originalidad, estilo y contenido:

Carta nº 15 con el título "En las aguas del recuerdo" de Juan Pablo Sánchez Miranda, procedente de Badajoz.

Carta nº 55 con el título "Sin título" de Mª Jesús Estepa Sánchez, procedente de Mijas.

Carta nº 270 con el título "Sin título" de Concepción Muñoz Sosa, procedente de Sevilla.

Menciones de Honor:
Carta nº 46 con el título "Ofrenda Tardía" de Ángel Vela Rodríguez, procedente de Sevilla.
 Carta nº 66 con el título "De amor nadie se muere" de Miguel Ángel Carcelén Gandía, procedente de Nambroca, Toledo.
 Carta nº 73 con el título "Tangible e intangible" de Miguel Ángel Gayo Sánchez, procedente de Sevilla.

Los textos premiados pueden leerse aquí.
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No sin mi hijo

7 May 2013 - 6:23pm



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¿Recuerdas el “teleflín” casi homónimo? Oh, qué grande, los momentos que les hizo vivir a nuestros mayores. No voy a extenderme en su argumento, implicaciones sociológicas y culturales o la calidad de la producción, no es el objeto de esta columna. Baste decir que se trataba de la historia de una madre que si hiciese falta lucharía contra el mismísimo Diablo encarnado para recuperar a su hija. Lo que fuera por ella, porque es que sin su hija… no, la mujer no podía.



La asociación de ideas me ha pillado en medio de una meditación en busca de tema para columnas, y como mi mente juega a sus cosas casi sin que yo me dé cuenta, aquí me veo dando los primeros teclazos a esto ver si consigo explicar una idea recurrente. Es algo que se pasea y se ha paseado por mi cabeza con motivo de la preparación de antologías, en charlas a muchas o pocas bandas, más o menos personales. Me refiero al cariño desmedido que más de uno tiene por sus hijos literarios, algo hasta cierto punto comprensible porque a todo el mundo le importa su sangre, en especial la que tuvo que sudar para acabar con algunos de sus escritos, pero todo tiene sus límites. Hay veces que se trata sólo de una idea, ni siquiera de un texto al que costó poner la palabra fin, y el coñazo (con perdón) que más de uno ha dado con la ideíta, el textito o la novelita de marras, coñazo para otros o para sí mismos, me parece excesivo, absurdo, y negativo en muchos casos.
            Yo siempre he tratado de ceñirme a una máxima: “El mejor relato (novela, artículo, lo que sea) es el próximo”, no sé si para bien o para mal, y en su momento también me apunté a la de Juan Díaz Olmedo “Sacrifica a tus hijos enfermos para salvar a los sanos”. No es que se lo quiera imponer a nadie, pero tampoco me gusta que me impongan que algo tiene que salir a la luz sí o sí a la voz de “no sin mi hijo”.
            Lo peor de todo es cuando un tercero, por amistad compromiso o lo que sea (cuando algo es claramente pobre, no me puedo plegar a que sea por otra cosa), ha animado al autor diciéndole que lo suyo vale, que hay madera. Hay madera para preparar una pira en la que quemarte, monstruo. Ya digo, tuvo que ser amistad o algo parecido, y no sé yo si lo mejor que puede hacer un amigo es incitarnos a tomar carrerilla sabiendo que lo que hay al final del pasillo es un muro de realidad con el que estamparnos (lo mismo es que se quiere reír). Otras veces el amigo incitador se llama ego, gran compañero donde los haya, inagotable fuente de ánimo, pero que a veces está demasiado ciego con nosotros y no sabe que su influencia nos puede llevar a una exacerbación morbosa que cursará con cefaleas por los palos recibidos, insomnio por los desvelos fútiles que dedicaremos a la maldita obra, y malestar general por sentirnos incomprendidos.
            No es de recibo, compañero, he visto a un autor colar la misma historia en cuatro formatos no muy diferentes entre sí e intentar a la cuarta que aquello fuera aceptado porque era una idea que siempre le había gustado… a pesar de que ya tuvo tres oportunidades para enterarse de que a los demás no les entusiasmaba tanto como a él. ¿No es que a la tercera va la vencida? Recuerdo otro caso claro en el que alguien se desvelaba por montar antologías sólo por meter algún relato que le quedaba ahí en cartera, cuento que bien podría haber dormido el sueño de los justos, al menos por una temporada, o haber dado contenido a un blog, que para eso están. También recuerdo al que, una vez terminado el texto en cuestión, dedica toda su energía a “moverlo”, lo que significa que lo mandará a mil y un concursos, lo retocará mil y dos veces, pedirá mil y tres comentarios de amigos para mejorarlo y, por supuesto, cualquier medio de darle salida que no sea una publicación formal e importante (entiéndase sacrosanto papel en editorial de postín), si no es que antes gana un concurso que se la publique, no será suficiente.
            Repito, no me estoy refiriendo al cariñó que cada cual tenga por sus churumbeles de letras, que en sí no me parece bueno ni malo, sino a todo lo que ello arrastra en forma de energías y oportunidades desperdiciadas, con el hastío y la frustración subsecuentes. Y encima, aunque la frustración se quede en casa, el hastío se extiende a nuestros camaradas de travesía, a esos otros piratas de las letras que, sin ceguera paternal o fraternal que enturbie su criterio, ven que no hay chicha que justifique esa tozudez que terminan lastrando su viaje sin que ellos tengan culpa alguna.
            El colmo de todo es que estos camaradas a los que me refiero, ya sean aficionados, escritores freelance (graciosa forma de darle cuerpo al deseo), o escritores con todas las letras (que lo mismo las ha juntado uno mismo animado por ese gran amigo que antes mencioné), parecen no darse cuenta de que están conjugando todos los verbos del panorama editorial menos ese que se supone los ha traído a este punto: escribir. No lo entiendo, no me cabe en la cabeza que algo que te lleve a no escribir pueda ser beneficioso para tus escritos, o que una “carrera” sustentada en todo eso que envuelve el mundo de la literatura sin ser literatura sea lo más deseable, porque no creo que sean cimientos adecuados.


En fin, son palabras escritas en el agua, como diría a aquel, porque, aunque yo nunca vi (completa) la película que da título y motivo para esta parrafada, sé que la madre protagonista jamás atendió a razones, que luchó contra viento y marea y que, al final, por la fuerza del cariño y la justicia, terminó saliéndose con la suya y consiguiendo que el mundo le devolviera a su hija; como suele pasar en las historias de ficción, que ganan los buenos. Esto no es ficción, es realidad, de esa árida que sólo encuentra reflejo en las historias que te hacen llorar las más de las veces. Todos somos capaces de disfrutar con la relectura de esos viejos escritos que en ocasiones (cuando no nos sacan los colores) nos deleitan a nosotros mismos a pesar de la bisoñez que rezuman, pero son páginas leídas que sólo sirven para cubrir el futuro de nuestra biografía nunca escrita: por tu bien y por el de los que te acompañen en el camino, hazte el favor de pasarlas, que seguramente encuentres lo que buscas en las siguientes, y si no, seguro que disfrutas de la lectura de esos pasajes aún por llegar; es sólo un consejo.


“er Caniho”

Soundtrack:
I am a man of constant sorrow
The Soggy Bottom Boys Cuartet
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Steam Tales, antología Steampunk

5 May 2013 - 9:05am
STEAM TALES: Antología Steampunk   Antología de relatos seleccionados de entre los mas de doscientos presentados a concurso. Una antología Steampunk que reune a autores consagrados junto a nuevas promesas que darán que hablar.   La antología está formada por los siguentes relatos:   El azul del cielo, Pedro Moscatel El corazón púrpura, Manel Güell Novygorod convulsa, Francesc Barrio El abordaje, Javier Araguz e Isabel Hierro La última voluntad de Fredrik Foxter, Angeles Mora La venganza tiene rostro de diablo, Ana Morán El último confín, Victor Nuñez Las máquinas de Von Klein, Led Marlow La caida de Rodas, Alejandro Ros La delgada figura de un caballero, Alejandro Morales El misterioso caso del documento robado, David Monzón Jaque Mate, Fernando Fantin   Para acompañar a los doce ganadores del concurso, tambien forman parte de la antología seis relatos de nuestros autores Dlorean.   El moderno prometeo, Alexis Brito Delgado El extraño caso del crimen del señor Linder, Miguel Angel Naharro My Steampunk Army, Raúl Monntesdeoca Segundo de Dios, Nestor Allende El niño de engranajes y tuercas, Joaquin Sanjuan La flor mecánica, Josué Ramos   Formato: 15x21 Paginas: 260 aprox. Encuadernación: Rústica. 
http://www.dloreanediciones.com/coleccion-tesla/ Leer más...

"El hombre imaginado", de Nacho Becerril. Entrada (2-20)

3 May 2013 - 8:00am
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El encuentro:Este relato ya tuve ocasión de leerlo en Un año de palabras y, como comenté por entonces, sin desagradarme, es de los que menos me gustó de la antología. Está lejos de parecerme malo, y no le faltan puntos que destacar, pero supongo que cuando uno está acostumbrado a leer a Nacho tiende a poner el listón muy alto y la sombra de otros trabajos es alargada. Más allá de que gusten, que casi se da por hecho, se espera terminar con la boca abierta y pensando: «este cabrón me la ha vuelto a colar». Bueno, no voy a negar que en este me la coló, pero no llegó a sorprenderme tanto. Quizás no sea la actitud adecuada para sentarse a leer un texto, pero supongo que no se puede evitar.

Del relato destacaría cómo, en pocas palabras, nos desgrana el personaje y su vida a través de los ojos del único que se molestó en comprenderlo y valorarlo: su amigo. Por ello no puedes evitar sentir que es real y te implicas emocionalmente con él y sus circunstancias, algo que no suele ser fácil en un trayecto tan corto, narrado a grandes rasgos y siendo un personaje tan gris.
Sin embargo, quedo con la impresión de que le falta algo, quizás más interrelación, quizá la oportunidad de saborear la historia un poco más y que el segundo personaje quedara menos desdibujado. Tal vez habría aportado más calidez, que parte lo narrado se sacara en claro de los diálogos o que el encuentro no fuera tan casual y hubiera ciertos intereses por parte del segundo personaje (ya me extenderé con esto, si se tercia, teniendo delante un par de cervezas y al autor).
Esto no deja de ser una opinión personal, y con según qué cambios el relato quizás sería otro y el mensaje principal podría haberse desvirtuado o no quedar tan claro.
En cualquier caso, el relato tiene los mimbres justos y necesarios para contar de manera eficaz lo que se quiere contar y seguro que la mayoría de los lectores valoraran esa capacidad de síntesis y la funcionalidad del texto.
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ErradicaZión (comic gratuito)

2 May 2013 - 3:16pm
Una de las premisas de la Asociación Cultural Parapsipunk es apoyar y dar a conocer a aquellos talentos tanto nóveles como veteranos que muchas veces carecen de la cobertura mediática necesaria.

Es por eso que nos complace presentar este minicómic escrito por Rubén Serrano y dibujado con una técnica experimental fotográfica por Kobalto.
ErradicaZión es una minihistoria de zombis con reminiscencias de Serie B, donde prima la acción frente al verso fluido.

Esperamos que tanto los aficionados de este género de terror, como los profanos, disfruten de las aventuras de Alma.
Un saludo.
Versión Castellano: goo.gl/7LwQi 
Unha das premisas da Asociación Cultural Parapsipunk é apoiar e dar a coñecer a aqueles talentos tanto noveis os como veteranos que moitas veces carecen da cobertura mediática necesaria.
É por iso que nos comprace presentar este minicómic escrito por Rubén Serrano e debuxado cunha técnica experimental fotográfica por Kobalto.
ErradicaZión é unha minihistoria de zombis con reminiscencias de Serie B, onde prima a acción fronte ao verso fluído.
Esperamos que tanto os afeccionados deste xénero de terror, coma os profanos, gocen das aventuras de Alma.
Un saúdo.Versión en Galego: goo.gl/MWhEi 
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La trampa del escritor cinematográfico

30 April 2013 - 8:00am

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Recuerdo la primera vez que leí sobre los “escritores cinematográficos” (o algo parecido, no le hagas mucho caso a mi memoria), aquello se refería a todos los que, nacidos en fechas posteriores a los inicios del cine (o de la televisión, si me apuras) tenían una forma cinematográfica de plantear sus historias, algo así como que imaginaban una película en sus mentes y escribían lo que “veían”; una película, con todos sus elementos cinematográficos, no un relato escrito o hablado. Leer la definición me resultó muy estimulante y, como todo aficionado, traté de buscar ese deje prosístico en mis escritos cual hipocondríaco literario que busca síntomas con los que sentirse un enfermo más de esta bendita dolencia.
            Hoy aún me río de eso, y lo hago porque trataba de buscar la marca por diferencia con mis amigos, la mayoría de ellos más cinematográficos que la cara de Jack Nicholson asomando por una puerta rota a hachazos. Pero no es por recordar viejos tiempos, confesar mis reflexiones intoxicadas o brindarme la oportunidad del símil con el bueno de Jack que saco esto a colación, sino por una razón aceptable: creo que el modelo trae un defecto de fábrica que hace que muchos no terminen de contar lo que quieren contar, y como el cine y la televisión tienen ya tantos años… Sí, tú tampoco te libras de poder caer. Lo siento, socio.

Ojo, que yo no acuso a nadie, ya se encargarán de eso todos los que digan que no entendieron tu relato, o que no terminaron de “empatizar”, o que les gustó pero no “les llegó” (sí, me imagino dónde querrías tú que “les llegara” por haber dicho eso), o cualquier otra forma que usen para no herir tus sentimientos, o para herirlos si son de esos a los que les gusta el cachondeo. Eso sí, creo que dándole algunas vueltas al tema se puede conseguir comprenderlo y, así, evitar caer muchas veces, con suerte pocas veces, seguro que no todas las veces.
            Pensando en los elementos que a uno le hicieron “sentir” durante el visionado de una película, todo el mundo sabe que en ocasiones no fue la narración de hechos propiamente dicha, sino más bien ese bocinazo del altavoz que estaba justo detrás de tu butaca, o el amigo que saltó a tu lado, o la que te apretó el brazo, o la que te apretó otra cosa y por eso aquella peli erótica te resultó infinitamente más excitante que el libro.
          No es fácil controlarlo, desde que Freud nos habló del inconsciente ya todos tendríamos que saber que llevamos al enemigo dentro, ése que parece no entender lo mucho que es capaz de fastidiar, sobre todo a la hora de responder a los estímulos, incluso a la hora de saber a qué respondemos exactamente. No, no es fácil. Y si encima no hablamos de una película de verdad, sino de una que no existe porque se produce, se rueda y se visiona en tu interior, más todavía. Y para hacer de todo un nudo gordiano que nos pilla sin navaja suiza de la que tirar, resulta que esa película la tenemos que traducir a texto y cruzar los dedos para que llegue de la mejor manera posible a la mente del otro y que, una vez la visione éste en su interior, sienta lo que tú querías que sintiera.
            Tranquilo, respira, en general el instinto se encarga de eso. Ese mismo instinto que en su momento te hizo pasar de mero lector a perpetrar tus cosas, ése que luego has ido afinando a base de palos y alguna que otra caricia. Si todo tuviera  que ser calculado e intencionado te digo yo que a más de uno, sobre todo aquellos de la vida golfa que encarnan el ideal para el amigo Ernesto Fernández (Weiss), no les hubiera ido nada bien; y al parecer les fue.
Pero el instinto, que es primo hermano del inconsciente, a veces también nos falla. Me refiero a ese momento en que olvidas que el tío para el que escribes no está viendo la película que tú estás viendo en tu interior, sino una reproducción en texto, y también se te olvida meter el bocinazo, el amigo que salta o la amiga que te distrae, porque estos, como tales, no están ni van a presentarse por sí solos. Ya digo, es el instinto el que suele meterlos, pero a veces, si estás atento y relees ese fragmento que escribiste casi en trance, tomando cierta “distancia lectora”, puedes ser capaz de echarlos en falta de forma consciente (vuelve a ser el instinto, pero eres tú el que lo azuza).
Como cuando hablamos de “el personaje”, ese hijo de tu imaginación que se ha convertido en predilecto y has decidido que la historia gire en torno al él, ese tipo con un deje y una expresividad, una comicidad en los gestos y en el porte, capaz de hacer divertido un entierro. Ese mismo que, tras pasar por tu mente, por tus dedos y de ahí a los ojos y a la mente del otro, lo pierde todo porque la gracia de ese tipo tan simpático debería haber estado acotada con arte entre guiones de diálogo para que funcionara con el lector y no le parecieran sólo unas frases sueltas, porque deberías haber redactado una descripción acorde para que tu lector imaginara esos gestos que deberían haber dado chispa a las palabras, o simplemente porque cuando escribiste aquello estabas tan predispuesto a reírte (que cada cual imagine) que le viste la gracia a un personaje que jamás la tuvo.
O como aquella sucesión de imágenes, de flashbacks y secuencias rápidas que te inspiró la peli moderna de turno, la misma que ya te olió a chamusquina cuando estabas haciendo el remake en tu mente. Durante la redacción lo notaste más si cabe, porque había detalles que no terminaban de cuadrar cuando le hacías la lectura en alto consciente o inconsciente, a viva voz o en tu mente. No te terminaba de cuadrar, pero el impacto de aquellas luces en la pantalla te tenía subyugado y tú creías que le llegaría al lector. Ya sabes que no le llegó, chasco que te llevaste (no presumas, que todos tenemos “trofeos” de esos). Reseñaste la película, socio, para haberla contado tendrías que haber incluido el trasunto literario de las luces, los ruidos y la impresión sensorial del conjunto.
Y cómo no hablar de la atmósfera, ese ente etéreo, místico, que sobrevuela ciertas producciones llegando a ser la clave del éxito de algunas de ellas. La atmósfera del film te llegó, pero no te diste cuenta de que fue por el sonido que se repetía a intervalos y que inquietaba, el juego de luces que ensombrecía los rostros, esa mezcla de melodía e imágenes tan particular. No, tú creíste que con que fuera Manhattan y de noche iba a resultar… y no era eso…
¿Nadie recuerda las risas enlatadas de la tele? Tienen su función; ¿o te creíste que estaban ahí porque no llegaban a la cuota de ruidos por capítulo? Pues no, no era por eso, era por otra cosa, y como en tu secuencia de sketches escritos, tan parecidos al programa cómico, no había nada de eso, no llegaste a Benny Hill de las letras con una troupe de secundarios corriendo al son de la graciosa musiquilla final que todos los que lo vimos jamás pudimos borrar de nuestra memoria.
Podría seguir desgranando ejemplos, recuerdos de esos que intentas tomarte con sentido del humor porque tampoco es cuestión de llorar por ello, pero creo que con lo anterior queda ya bastante claro y se llega fácil al corolario: asegúrate de que sabes qué te gusta de la película que quieres contar, por qué te gusta, y de cómo se traduce eso a texto, que a veces es lo que más cuesta. Una vez hayas conseguido eso, avísame y me lo explicas, que a mí me sigue costando horrores saber cómo se ven mis pelis desde el otro lado de la pantalla.


Por último, seguro de que alguno lo estará pensando, lo digo: sí, me considero enfermo del mal cinematográfico, y si la película que te acabo de transmitir no se parece a la que yo vi y la historia te resulta chusca o incomprensible, puedes achacarlo a que en mi cine la atmósfera suele estar cargada y el personal muy relajado, o a que oí campanas y no me enteré de dónde, que también puede ser, por aquello de la atmósfera cargada y el relax. A tu salud (lo digo por la cervecita).

“er Caniho”

Soundtrack:
I am a man of constant sorrow
The Soggy Bottom Boys Cuartet
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"El hombre imaginado", de Nacho Becerril (1-20)

30 April 2013 - 6:00am
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Datos técnicos:
  • Título: El hombre imaginado.
  • Autor: Jose Ignacio Becerril Polo
  • Editorial: Draco Ediciones



Presentación previa

Nacho es uno de los escritores con más alma que he tenido la suerte de leer y, sobre todo, de conocer. Tiene una prosa diáfana, visual y llena de emotividad. Sus personajes son muy humanos y sus finales, no solo no dejan indiferentes, sino que suelen sorprender.
Esto es lo que diría de Nacho, como escritor, si tuviera que describirlo en pocas palabras. Entrando en más honduras, añadiría que es de esos autores que te conduce con amabilidad (sin que todo lo que te tenga que enseñar sea necesariamente agradable).  Los relatos de Nacho parten de la naturaleza humana, los sentimientos y los sueños; desde los más nobles a los más indignos.

También haría hincapié en el tema de los finales. Quiero pensar que cuando uno tiene cierto bagaje de lectura, le cuesta sorprenderse y se vuelve algo más exigente, entre otras cosas porque no faltan autores para poder serlo y los libros no los regalan. Pero visto lo que hay en el mercado, muchas veces uno tiene que conformarse con que la historia esté contada con corrección y sea coherente «que te entretenga», como dicen algunos. Un comentario que odio, por cierto.
A día de hoy, sin ser el único autor que lo hace, diré que Nacho consigue sorprender en cada relato en el que pretende hacerlo. Incluso sabiendo que juega a eso y vas buscando ese as en la manga, ese truco de prestidigitador, no lo encuentras y te la cuela.
Nachob no solo consigue entretener. Nacho te cuenta una historia poniendo toda el alma. Consigue atraparte, y, al rematarla como la remata, se queda grabada en la memoria por mucho tiempo que pase. Lo único malo que tiene, es que podrás volver a leerlo y disfrutarlo, pero ya no será lo mismo, porque ya no tienes esa sorpresa. No puedes tenerla porque seguro que no vas a olvidar ese final.
Hay autores sueñan con la fama, otros con el dinero y otros, entre los que me cuento, solo aspiran a que algo de su trabajo sea recordado, sino con admiración, con cierto cariño.
Quizás Nacho no llegue a ser famoso o pueda vivir de esto (que ojalá que sí porque eso que ganaría el mundillo literario), pero si debería de quedarle claro que será recordado por quienes lo lean, y que ninguno de sus libros será uno más entre tantos en una estantería. Que quién lo tenga y lo hubiera leído recordaría con cariño esas historias, sus sorpresas y los sentimientos que consiguió que afloraran, y todo lo que sus historias le dieron que pensar sobre la naturaleza humana.

Sobre el autor:
José Ignacio Becerril Polo, Nachob, Zaragoza 1966.Padre de familia feliz y escritor aficionado, muy aficionado a escribir, lleva desde 2006 publicando y compartiendo sus cuentos e historias en diversas páginas de internet con mayor o menor fortuna. Ha tratado de participar también en el mayor número de certámenes, antologías y publicaciones que ha podido, con relativo éxito. En todo caso, no se puede quejar porque el viaje ha sido divertido y ha conocido muy buena gente.Como resultado de su primer año literario se autorregaló un recopilatorio titulado Un año de palabras, que a juicio de sus selectos lectores tiene casi tantos aciertos como ausencias de tildes. Tantos, que unos editores alocados no pudieron soportar semejante despropósito ortográfico y decidieron tomar cartas en el asunto, corrigiéndolo en forma y aumentándolo en fondo hasta crear El hombre imaginado, un recopilatorio excesivo a todas luces. Además ha publicado con la editorial Saco de Huesos otro recopilatorio, El monstruo en mí, que ha sido premiado como mejor libro de relatos de 2011 por Cultura Hache y quedó finalista el mismo año en las categorías de relatos y mejor relato en los premios Ignotus y Nocte.


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XV convocatoria "Calabazas en el Trastero": Fútbol

28 April 2013 - 7:00am
Con el objeto de fomentar la literatura fosca, en su deseo por homenajear a la desaparecida revista Miasma, la Biblioteca Fosca anuncia la XV Convocatoria Calabazas en el trastero que se regirá por los siguientes puntos. 
1. Podrán presentarse a la misma cualesquiera autores que envíen obras originales en castellano y sin sus derechos comprometidos con terceros. Los autores podrán enviar cuantas obras deseen. 
2. Las obras deberán encuadrarse dentro del género fosco en cualquiera de sus vertientes, es decir, que estará presente un ambiente siniestro, un cierto suspense, un aura de terror u otros elementos naturales o sobrenaturales que creen una atmósfera de temor. 
3. El tema concreto de esta convocatoria será fútbol, y será obligatorio que este deporte y/o el espectáculo generado en torno esté presente de un modo clave en las historia, siempre desde una perspectiva fosca. Queda excluido el fútbol americano. 
4. Los relatos tendrán una extensión de entre 1000 y 5000 palabras. Esta limitación se entiende orientativa, no estricta, pero sí recomendable. 
5. Las obras se enviarán, bajo pseudónimo o nombre real, a calabazas@bibliotecafosca.es con el asunto "Para la antología Calabazas en el trastero: Fútbol". Al mensaje se adjuntará un breve currículum o biografía literaria de no más de 500 palabras que sirva de presentación del autor. Los relatos irán en formato .doc o .rtf 
6. La fecha límite de entrega de originales será el 28 de junio de 2013. 
7. Un jurado compuesto por miembros de la Biblioteca Fosca y, eventualmente, autores invitados, hará una selección con los 13 (trece) relatos más meritorios. Los criterios serán estrictamente literarios y se podrán dejar plazas desiertas. 
8. Estos relatos se publicarán en una antología única no exclusiva por la editorial Saco de huesos(es decir, los autores podrán seguir disponiendo de sus textos libremente) tanto en formato papel como en formato electrónico. 
9. Los autores ceden sus derechos económicos para los primeros 500 ejemplares publicados (en formato papel y/o digital) de la antología. A partir de éstos, y si el autor no renunciase a ello, cada participante de la antología recibirá anualmente un 1% del PVP (Precio de venta al público) de los ejemplares vendidos en formato papel, así como un 2% del PVP para los ejemplares en formato electrónico. Asimismo cada autor seleccionado recibirá un ejemplar de la antología en formato papel. 
10. Se considerará que los participantes aceptan estas bases por el mero hecho de participar en el concurso. 
11. Será potestad de la asociación resolver cualquier cuestión referente a esta convocatoria que no quede contemplada en las bases de la misma.


Más información en www.sacodehuesos.com/calabazas-en-el-trastero/ Leer más...

Diarios de lo Despatarrante 2: Ochete

25 April 2013 - 3:00pm


OCHETE

Domingo, ocho en punto de la mañana. Hoy el día ha amanecido gris, cubierto por un ominoso manto de nubes de tormenta, saturado de humedad y presagios. Estamos frente a la entrada del Hospital Psiquiátrico Virgen de la Iluminación, o Balneario Virgen de la Iluminación, como le gusta llamarlo al padre Polón, el ínclito inquilino al que esperamos. En unos instantes, unos amables enfermeros traen al padre para cedernos su custodia durante el resto de la jornada. Ufano, sonriente, distendido, quizá de una manera especial debido a la sobremedicación administrada para evitar cualquier posible crisis nerviosa, se presenta ante nosotros este monstruo de la investigación paranormal patria, este padre del que todos los nuevos investigadores somos hijos adoptivos, este camarada, este amigo. Tras los abrazos de rigor, una vez firmados los permisos y confirmado que tenemos a mano el número privado del doctor Parra por si surge algún contratiempo, el padre Polón, la compañera Carmen Puerta y un servidor, abrimos este segundo capítulo de nuestros Diarios de lo Despatarrante. Inicialmente, la expedición iba a estar formada por cuatro miembros, sumando a los ya mencionados al compañero Santiago Macacho, pero este último ha estado desaparecido e incomunicado durante los dos últimos días, no sabemos a ciencia cierta por qué causa, aunque Carmen tiene la teoría de que ha sido premeditado por Santiago para evitar venir, algo ante lo que no me pronuncio por no contradecirla ni poner en un compromiso posterior al compañero. Sea como fuere, los tres partimos una vez más en pos del misterio, en esta ocasión el que envuelve al pueblo fantasma de Ochete, meca de lo paranormal desde hace décadas y que por ello ha recibido la visita de multitud de investigadores de diverso origen y caché. Ochete es un lugar de prodigios en el que se han visto luces, en el que se han grabado psicofonías y, sobre todo, se han tomado algunas instantáneas que aún hoy, después de muchos años de rigurosos exámenes, siguen siendo pruebas irrefutables de que han sucedido hechos inexplicables en el lugar. Adelante, pues, con esta investigación.




Ocho y media de la mañana. El ambiente es muy bueno hoy en nuestra Patera de lo paranormal. Carmen está relajada, quizá por la ausencia de Santiago, el padre Polón alegre y feliz, incluso canturrea el famoso tema “En el coche de papá”, al parecer de forma instintiva debido a la medicación y a que es la melodía que hacen cantar a los pacientes durante sus excursiones terapéuticas, y yo… Yo estoy emocionado, tengo que decirlo. Estoy emocionado en primer lugar debido a la inestimable participación del padre en esta travesía, lo que nos brindará el apoyo de su infinito saber y su vasta experiencia, y en segundo lugar porque tengo un pálpito, una premonición, una corazonada, llámenlo como quieran, pero hay algo que me dice que hoy nuestra existencia se verá alterada por un encuentro más allá de esta realidad. ¿Será verdad lo que grita mi alma? Ya veremos…

Nueve menos diez de la mañana. Primer contratiempo de nuestra expedición. Como me temía, y pese a su buen talante inicial, la no demasiado amplia paciencia de Carmen se ha visto saturada por el incesante canturreo del padre Polón. Son ya casi cuarenta y cinco minutos de “En el coche de papá”, con su túnel, su bocina, sus baches, sus tortas y la no muy afinada voz del padre, suficiente incluso como para soliviantar el espíritu de un lama en conexión con la paz absoluta. Carmen me expresa su pesar de forma enérgica, indicándome que será mejor que yo medie en este asunto antes de que ella tenga que poner sobre la mesa sus indudables dotes de liderazgo. Yo intento hacer lo que puedo, trato de sacar al padre de su trance musical a través de una conversación acerca de su tema favorito, los ovnis, pero no da resultado en un principio. Espoleado por una nueva mirada de soslayo de la compañera, insisto en entablar conversación con el padre y al final lo consigo, haciendo que se arranque a contar una muy interesante historia acerca del encuentro en la tercera fase que tuvo tras la ingesta de ayahuasca durante una expedición por el Amazonas en la que participó hace décadas. Carmen me felicita por la iniciativa al tiempo que me avisa de que la nueva letanía también puede llegar a cansarla si se prolonga indefinidamente. Yo trago saliva mientras trato de meter baza en la desatada verborrea del padre Polón.

Nueve y media de la mañana. Tengo que dar gracias a la providencia. Desde hace unos minutos, nuestro invitado en esta travesía permanece en silencio. En un momento dado ha terminado con su historia y ahora está abstraído, absorto en la contemplación del paisaje que se abre más allá de las ventanillas. Según nos informaron, ésta es la segunda fase del proceso iniciado con la toma de la medicación. La primera fue de euforia, manifestada en este caso por el acceso musical y el relato de historias, la tercera será de lucidez y normalidad, y la cuarta un in crescendo que desembocará en una nueva crisis nerviosa si nos saltamos el horario de vuelta y nuestro amigo no toma su próxima dosis a tiempo. Por el bien de todos, procuraremos cumplir con los horarios para no tener que llegar a ese extremo.

Diez y media de la mañana. Por fin llegamos a Ochete, o al menos al punto en el que tendremos que dejar el automóvil y seguir a pie hasta nuestro destino. Ochete es un pueblo fantasma, no hay carreteras que pasen por su calle principal, no hay señales que indiquen su localización, no hay mapas modernos en los que aparezca su nombre. Es un lugar perdido en la nada, un tesoro del misterio que, como tal, ha de ser buscado en aventura singular, sorteando peligros y haciendo acopio de audacia y valor. El padre Polón se muestra plenamente lúcido, incluso ya empieza a desempolvar viejas teorías o a bosquejar otras nuevas a la luz de los datos preliminares que le hemos suministrado, y también hace gala de un vigor inusitado siendo el que abre la marcha en cuanto el sendero que seguimos se torna abrupto. Carmen lo sigue con decisión. Yo, cargado con todo el instrumental de campo en ausencia de Santiago, al que ahora echo de menos más que nunca, comienzo a acusar la fatiga. Pero no importa, todo el que haya pasado la frontera de la afición en estos temas sabe que la investigación paranormal es sinónimo de sacrificio, el peaje que invariablemente ha de pagar todo aquel que quiera llegar a un fin importante. Como los conquistadores y exploradores de nuestra edad de oro, esos héroes cuyas vidas, en la mayoría de los casos, sirvieron de tributo con el que pagar el encuentro con lo ignoto, enjugo el sudor de mi frente, fijo mi vista en el horizonte y sigo adelante. Tengo una corazonada, y no hay poder del cielo o la tierra capaz de impedirme que cumpla con mi destino.

Once de la mañana. Primer encuentro con la maravilla… o no. En un momento dado, la senda estrecha y umbría por la que transitábamos se ha abierto a un claro amplio, y en su centro, como aguardando nuestra llegada, hemos encontrado una misteriosa marca, un círculo de tierra calcinada rodeado de rocas cuya disposición, según el padre, no es aleatoria sino que encierra algún tipo de mensaje quizá de entidades venidas de más allá de las estrellas. Carmen duda de la teoría y señala como prueba varias latas de comida cubiertas de hollín que yacen junto a lo que según ella no son más que los rastros de una hoguera. El padre Polón retruca que eso no son más que pistas falsas dejadas ahí por el largo brazo de esa censura ciega que tanto se ha cebado con él hasta conseguir su internamiento en el centro en el que ahora ocupa plaza. Yo estoy indeciso, convengo con Carmen en que no es muy verosímil que esos extremistas de la incredulidad hayan podido saber de nuestro viaje, o de que pasaríamos por ese punto concreto. Pero no puedo hacer oídos sordos a la seguridad en este asunto del padre y a la multitud de teorías y tratados que saca a colación para defender su postura. Por si acaso, tomo fotos de la escena, desde todos los ángulos posibles, e incluso alguna muestra de las rocas, la más pequeña que encuentro para no aumentar en demasía mi ya de por sí pesada carga. Ya habrá tiempo para someter las pruebas a un examen exhaustivo, pero ahora debemos continuar; Ochete nos espera…

Doce menos cuarto de la mañana. Se avecinan tormentas, varias. El cielo, antes de un gris leve, ahora se ha teñido de un negro amenazador, sobre todo estando donde estamos, a la intemperie y a merced de los elementos. Del horizonte lejano viene un murmullo, un eco de truenos que se unen en sinfonía al intenso batir de mi corazón. No quiero decir nada, prefiero que Carmen y el padre permanezcan ajenos a lo que pasa por mi mente, enfrascados aún en el debate sobre la autenticidad de aquella supuesta prueba ovni que encontramos hace rato. No me quiero adelantar a los acontecimientos, pero tengo la intuición de que estamos algo desorientados, si no totalmente perdidos. Hemos llegado hasta donde nos encontramos siguiendo las indicaciones que durante la preparación de este viaje me dio el compañero Javier Serra, amigo personal, asiduo en las Crónicas de lo Despatarrante y uno de esos investigadores que han visitado Ochete en más de una ocasión. Ahora creo que cometí un error, que no debí conformarme con sus indicaciones de palabra y que debí hacerme con un mapa en el que situar nuestro destino para no perdernos. Sumido en estos funestos pensamientos, extenuado por la carga que tengo que transportar y temeroso de la tormenta que parece correr en nuestra dirección, apelo a la premonición que tuve al iniciar nuestro viaje y rezo porque un golpe de suerte nos asista antes de que sea demasiado tarde.

Doce y veinticinco de la tarde. Ha comenzado a llover. De momento es algo leve, unas gotas que no supondrían nada siempre que hubiera algún sitio en el que refugiarse antes de que arrecie. Por desgracia, no se ve lugar para resguardarse en las cercanías, y no parece que la tormenta que viene hacia nosotros vaya a demorarse lo suficiente como para darnos tiempo de encontrar uno. Ante las dudas de mis compañeros de aventura me muestro optimista, confiado en que llegaremos a Ochete y a algún lugar en el que escapar de la furia de los elementos antes de que ésta se cierna sobre nosotros con toda su virulencia. Mis palabras, dichas con la poca convicción que me da la seguridad, ahora total, de que estamos perdidos, no parecen convencerles ni aplacar sus ánimos. Por suerte, el padre Polón encuentra indicios de que las arteras influencias de la censura ciega nos siguen en esta investigación y están haciendo todo lo posible por que no lleguemos a nuestro destino y podamos demostrar la veracidad de los fenómenos que nos han traído aquí. Yo le doy toda la razón, eso sí, sin poder evitar un escalofrío ante la mirada desaprobatoria que me lanza la compañera Carmen. De nuevo apelo a mi fe y mis convicciones para poder sacar fuerzas con las que llevar a buen término esta aventura, pero eso también comienza a ser insuficiente. Una vez más, rezo.

Una menos diez de la tarde. Salvados por la campana, ésa es la expresión que mejor define nuestra situación actual, literalmente. Tras un rato de estar perdidos de manera al parecer irremediable, hemos llegado por fin a nuestro destino, el viejo pueblo de Ochete. Al coronar una elevación del camino, cuando ya la tormenta había llegado hasta nosotros para descargar sobre nuestras cabezas toda la furia de Gaia, hemos divisado las ruinas del antiguo campanario, uno de los últimos vestigios aún en pie de esta historia que se pierde en los anales del tiempo y el misterio. Pasada la alegría inicial, en especial por mi parte, hemos tenido que apretar el paso, que correr, pero por fin hemos llegado y ahora estamos resguardados en este baluarte de lo paranormal, la también conocida como “Puerta de Lobos” haciendo uso del origen etimológico de la palabra Ochete. Tras una primera comprobación, parece que el equipo no ha sufrido desperfectos debido a la lluvia y nuestra accidentada travesía, así que comienzo los preparativos para dejar a punto todos los dispositivos de medición y análisis que he estado cargando durante horas. Por desgracia, no puedo recibir ayuda en mi tarea ya que Carmen y el padre Polón se encuentran enfrascados en un nuevo debate acerca de las posibles implicaciones de la censura ciega en esta investigación que llevamos a cabo y del origen terrenal o extraterrenal de los restos que encontramos durante la mañana. Ya empieza a cansar el tema, pero me reservo mis opiniones por no soliviantar aún más los ánimos. Vuelvo a confiar en la premonición que tuve al comenzar la jornada, y eso hace que pueda abstraerme de todo lo que me rodea mientras cumplo con mi labor.

Una y veinte de la tarde. Ya están los dispositivos listos y colocados como mejor he podido hacerlo. He tenido que improvisar coberturas para evitar que alguna fatídica gotera pueda estropear el sensible material que usamos, y todo ha tenido que ser colocado a cierta altura del suelo debido a una escorrentía que al parecer pasa por el lugar y que lo tiene todo encharcado. Carmen está inquieta por este hecho, cree que las cosas podrían ir a más y encontrarnos al final con un problema mayor que la tormenta que sigue descargando más allá de estas vetustas paredes. Yo intento calmarla, le señalo la tranquilidad con la que encara la investigación el padre, curtido en mil y una aventuras y que seguro sabría distinguir el peligro de tenerlo delante. También le hablo de mi corazonada, esa voz interior que me dice que hoy tendremos éxito, que daremos con lo que hemos venido a buscar y regresaremos a casa con el prometido botín de maravillas que nos ha lanzado a la aventura. Ella responde que así lo espera, sobre todo por mi bien. Yo trago saliva una vez más, soy plenamente consciente de la velada amenaza que encierran sus palabras. Ochete, ¡no me falles!

Dos menos diez de la tarde. Problemas, problemas serios. La escorrentía que hace unos momentos apenas nos inquietaba, salvo a Carmen, ha devenido en un arroyuelo cuyo caudal parece aumentar por momentos, haciendo que nuestros temores previos comiencen a tener visos de realidad, de trágica realidad. Una de las grabadoras se ha perdido, cayó de su improvisado soporte y tuve que contemplar con impotencia cómo seguía el curso de las aguas sin poder hacer nada debido a que tuve que poner a salvo el resto del equipo. El padre Polón parece totalmente ajeno a la problemática, se halla sumido en cábalas acerca de lo que sabemos del lugar, del encuentro de esta mañana y otras de las muchas teorías que maneja. Incluso ha propuesto que intentemos el ascenso a las plantas superiores de la torre, con el peligro que ello supone tratándose de una edificación abandonada hace casi un siglo y que debido a la acción de los elementos se encuentra en estado ruinoso. De momento he conseguido que aparque la idea, pero no quitársela de la cabeza, es imposible interponerse entre un investigador de casta, un auténtico prohombre de los estudios paranormales, un maestro, y su curiosidad sin límites. Por su parte, Carmen permanece sentada sobre los restos de una sección del suelo de la planta superior colapsada hace años. Me mira con fijeza predadora, con un “te lo dije” en la punta de la lengua y, supongo, pensando en un castigo por mi imprudencia. Creo que el tributo a pagar por esta búsqueda de lo insólito será, al menos en mi caso y cuando llegue al hogar, alto, muy alto.

Dos y cinco de la tarde. Ya está el material a salvo. Todo ha sido recogido y empaquetado de nuevo. Ahora se encuentra en la planta superior, a la que al final hemos tenido que acceder porque el nivel del agua en la inferior ya ha llegado por encima de la rodilla. La actitud del padre es animada pero algo errática, quiere subir a lo más alto para otear, busca señales por las paredes y cree escuchar voces. No quiero pensar en ello, sobre todo no quiero comentarlo con Carmen, pero es posible que el bueno del padre Polón esté entrando en la cuarta fase de su tratamiento farmacológico, aquella destinada a terminar con un colapso nervioso del que el doctor Parra ya nos advirtió que no querríamos presenciar. Ahora tengo un nuevo presentimiento, uno relacionado con el compañero y la mirada fija, cortante, con la que Carmen sigue mis pasos por el lugar, murmurando algo entre dientes y regalándome de vez en cuando alguna sonrisa sardónica. En el exterior la tormenta arrecia, en el interior se tensa el ambiente. El padre alza la voz pidiendo silencio, dice que no puede escuchar bien el mensaje telepático que ahora mismo le está enviando una entidad de otra galaxia. Yo cojo el móvil para lanzarle al doctor Parra un mensaje telefónico de auxilio.

Tres menos cuarto de la tarde. Locura, locura desatada. Bajo mis pies, el agua cubre la planta inferior hasta media altura, al nivel del violento torrente que sitia la antigua torre del campanario de Ochete. Sobre nuestras cabezas, el cielo que se vislumbra a través del agrietado techo es una luminaria surcada de venas eléctricas que marcan el tempo de la cacofónica sinfonía de esta tormenta de proporciones bíblicas que se ha hecho dueña de los cielos. A mi alrededor, en el limbo que media entre esas dos visiones del Purgatorio, el Infierno. El padre Polón ha llegado al paroxismo tras las comunicaciones telepáticas recibidas. Ha rasgado sus vestiduras, se ha quedado en paños menores y ahora danza bajo las goteras al son de mantras, gritos y una versión modificada de “En el coche de papá” en la que se habla de ovnis y un padre celestial que ha prometido venir a recogernos a todos para llevarnos de paseo. Esto ha hecho saltar los últimos contrafuertes del autocontrol de Carmen, que ahora se encuentra desatada, encolerizada, histérica. La ha tomado con el material de investigación que yo había recogido, empaquetado y ordenado en un rincón de esta prisión en la que nos encontramos, de esta trampa mortal. Ahora todo yace esparcido por el lugar, quebrado en mil fragmentos después de ser estampados contra las paredes y el improvisado parapeto detrás del que escribo estas notas mientras intento resguardarme de su furia. Ella también grita, me grita a mí, todo tipo de improperios, descalificaciones y amenazas. Me culpabiliza de todo lo sucedido, y yo acepto la culpa y pido perdón por ello, ruego perdón, ruego por mi salud… por mi vida. En este trance me encuentro, con la situación desbordada pero sabedor de que el tiempo corre a mi favor, pues tras hablar con el doctor Parra y posteriormente con las autoridades para comunicar nuestra situación y pedir un rescate, sé que, tanto equipos de salvamento como el personal del Hospital Psiquiátrico Virgen de la Iluminación, deben estar en camino. Rezo, rezo con todas mis fuerzas y con la poca fe que le queda a mi quebrado espíritu por que puedan llegar antes de que ocurra alguna tragedia.

Cuatro menos veinte de la tarde. Escribo estas líneas, quizá las últimas de mi vida, encaramado a la cornisa superior de la torre de la iglesia de San Miguel, en el abandonado pueblo de Ochete. La escena a mi alrededor parece sacada de las pesadillas de un alma perdida en el Hades. Los relámpagos, los truenos, la lluvia y el vendaval que lucha por arrancarme de mi puesto y arrojarme a las turbulentas aguas del torrente embravecido que corre metros más abajo, son el atrezo perfecto para esta macabra obra de terror en la que voy a representar el papel de víctima. Ya escucho cercanos los pasos de Carmen, que me busca para hacerme pagar por esta imprudencia temeraria en la que la he involucrado, y también se oyen, aunque más lejanos, las risas, los gritos y los canturreos de un padre Polón en pleno éxtasis que corre por la torre completamente desnudo y bailando al son de sus invocaciones. Parece que el socorro pedido no llegará a tiempo, y tampoco puedo hacer nuevas llamadas al haber perdido el teléfono huyendo de mi fiera perseguidora. Así las cosas, quiero que queden estas palabras, estas líneas, como mi testamento periodístico. Hasta aquí llegan las huellas de este explorador del misterio que dio su vida, o eso me temo, por dar voz a esas historias y sucesos que suelen quedar relegados al silencio por esa corriente mayoritaria que rechaza la existencia de lo fantástico en nuestras vidas, en este mundo del que sólo conocemos una ínfima parte por mucho que queramos considerarnos sabedores de todo. Hasta siempre, amigos. Quizá… quizá pueda volver a comunicarme con vosotros desde el otro lado y dejar por fin la prueba irrefutable de que nuestra realidad no es más que una pieza minúscula del puzle que conforma el cosmos de nuestra existencia. Un sentido abrazo, camaradas. Ya llega…


Nota posterior:
Martes, diez en punto de la mañana. Después de releer el relato de los hechos vividos el pasado domingo y con la perspectiva que brinda el encontrarme sano y a salvo en mi hogar, he creído necesario añadir estos últimos apuntes para aclarar el final de la narración que dejé inconclusa en un momento de desesperación y abatimiento. Como se puede suponer, al final la ayuda pedida llegó a tiempo, lo justo como para evitar alguna desgracia irremediable. Los primeros en personarse fueron una pareja de la Guardia Civil, a los que prontamente se sumaron más miembros del cuerpo, otros del personal del Hospital Psiquiátrico Virgen de la Iluminación y un grupo del Servicio de Salvamento de la Provincia de Álava. Tras las labores de rescate, el padre Polón fue inmediatamente sometido a un tratamiento sedante que en un visto y no visto acabó con su crisis nerviosa y lo sumió en un estado de sosegado y tranquilizador letargo. También Carmen tuvo que ser sometida a un tratamiento parecido tras derribar a dos guardias civiles y al primer equipo de enfermeros que vinieron a socorrernos, pero en este caso aplicado por el Equipo de Control y Captura de Plantígrados de la Osera del Parque Natural de Gorbeia, a los que estaré eternamente agradecido por haberme salvado la vida. Por mi parte, tuve que ser atendido de múltiples contusiones, principios de hipotermia y un ataque de miedo que a punto estuvo de sumirme en la catatonia.

Al final no encontramos lo que buscábamos, ese contacto con lo despatarrante que prometían los informes previos que teníamos sobre el lugar y la corazonada que tuve desde un principio, una lástima. Quizá en un futuro volvamos allí para constatar de una vez por todas la naturaleza de los hechos que, según se cuenta, suceden y han sucedido en Ochete desde hace años, pero eso sólo será posible cuando se borren de nuestra mente los amargos pasajes antes relatados, algo que sólo el Creador sabe si ocurrirá algún día. En todo caso, por ser positivos y extraer enseñanzas aún de los supuestos fracasos, me quedo en esta ocasión con la innegable prueba de nuestro compromiso con la investigación paranormal que creo queda patente en esta segunda entrega de nuestros Diarios de lo Despatarrante, y también en el hecho de que no sea la última, lo cual desde aquí prometo. Estaos atentos, quién sabe si será en vuestro puerto la próxima escala de este viaje.







Quique Jimenez´s
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Presentación en Sevilla de "Madera podrida con un clavo oxidado", de José Luis Ordóñez

22 April 2013 - 12:15am

El próximo viernes 26 de abril, a las 20.00 h., se presentarán en FNAC SEVILLA "Madera podrida con un clavo oxidado" de José Luis Ordóñez, "Extraña noche en Linares" de Miguel Ángel de Rus y "Ordo Dei" de Carmelo Anaya, de la editorial M.A.R. Editor.
20:00 h.26 de abril (viernes)FNAC SEVILLAAvenida de la Constitución 8
Presentación de lo libros y de la editorial a cargo de los autores. Participan Carmelo Anaya, Miguel Ángel de Rus y José Luis Ordóñez
http://tiendas.fnac.es/sevilla/semana-del-libro-en-fnac/ 
http://mareditor.blogspot.com.es/p/agenda.html 
http://www.clubcultura.com/uploads/stores/13/19-sevilla-1364802163.pdf 
Respecto a "Madera podrida con un clavo oxidado", estamos ante una novela negra en estado 100% puro, con toques cinéfilos, aunque su asesino odie el cine, un arte que se dedica a copiar sus movimientos, su forma de vestir, su modo de vida… Whisky, cigarrillos, balas, criminales, mujeres, Nueva York y L.A., nazis, fiestas en Hollywood y estrellas del cine como Errol Flynn acompañan a James McGinty, asesino a sueldo, protagonista de "Madera podrida con un clavo oxidado".
José Luis Ordóñez ha publicado el libro de relatos "Manhattan por el retrovisor", la obra de teatro "237" (Primer premio en el XV Certamen Literario US) y la novela de terror "Lo macabro del amor". Escribe en el blog "Senderos de Ficción"http://joselordonez.blogspot.com.es/
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Y Dios se equivocó (¡Pero yo no!)

15 April 2013 - 9:00am
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Antes de abrir este blog, hace ahora poco más de un mes, estuve sopesando los pros y los contras de la idea con esmerado cuidado. Entre los “contras” había uno que, por peregrino que parezca, tenía y sigue teniendo mucho peso: yo, cuando se trata de opinar sobre obras literarias, soy muy cabrón. Mucho. Muchísimo. Soy extremadamente exigente, displicente, desconfiado, resabiado, receloso, escéptico, severo, antipático y, en fin, una larga lista de sinónimos de lo que viene a ser un tío muy cabrón. Para que os hagáis una idea (aunque el mensaje se me quede un poco burdo): cuando se trata de evaluar obras literarias, todo me parece una mierda.


No, venga,  no, todo no. Lo decía de coña. Ahí están los clásicos: ¿Quién va a negar que Cervantes es un genio? Vale que se salga por peteneras de cuando en cuando para endilgarnos alguna novelilla corta en mitad del “Quijote” que te saca completamente del hilo… Pero Dios me libre de despreciar su legado. No es sensato valorar una obra con cuatro siglos de historia desde la óptica contemporánea. Lo mismo que pasa con Shakespeare, cuyos afectados personajes resultan a menudo de un previsible que clama al cielo, o con los maestros rusos –Tolstoi, Dostoievski-, tan inclinados a recrear atmósferas y a subrayar el carácter atormentado/aristócrata/ambicioso/vengativo/loquesea de sus personajes, que resultan aburridísimos por momentos –por momentos muyyyy largos-. Thomas Mann y James Joyce son portentos indiscutibles de las letras universales, cuyas obras, sin embargo, resultan espesas y farragosas hasta límites sobrehumanos para once de cada diez lectores. Pero son buenos, ¡qué coño! Son muy buenos. Son excepcionales. 

Y yo, qué queréis que le haga, soy muy cabrón. 

Cuando uno abre un blog literario, es cuestión de tiempo que alguien te pida que escribas una reseña de su novela. Es por eso que mi distrófico sentido de la prudencia me recomendaba que no lo hiciera. Más pronto que tarde iba a acabar diciendo en público lo que opino, es decir: liándola, mosqueando al personal, encendiendo polémicas y granjeándome nuevos y entrañables enemigos. Pero el caso es que al final me animé a darle vida a este espacio, con la premisa, eso sí, de mantener un extremado cuidado por no herir sensibilidades. Y así ha sido. Hasta ahora.

Hace unos días tuve la ocasión de compartir una extraña velada con un viejo conocido escritor. Extraña porque la charla, té en mano, resultó francamente agradable, si bien el motivo de nuestro encuentro fue demoledoramente triste. El caso es que él me regaló una reflexión a la que –torpe de mí- nunca hasta entonces había sabido darle forma, y que es, creedme, una de las revelaciones más sorprendentes que recuerdo en mucho tiempo. La idea, que toma como ejemplo uno de los clásicos de la literatura fantástica, viene a ser la que sigue: “Si yo le encuentro fallos a “El Señor de los Anillos”, ¿cómo te sorprende que se los encuentre también a tu novela?”. “El Señor de los Anillos” es, a mi entender, un clásico, clasificable en la misma categoría de “Guerra y Paz” y “La Montaña Mágica”, por su repercusión sociológica, su trascendencia literaria como forjadora de todo un género, y en fin, porque es una de las obras más influyentes de todos los tiempos. Es un libro exquisito, de un lirismo evocador sin igual, de una épica avasalladora, aparte de un ejercicio creativo de proporciones monumentales. Pero, honestamente, hace aguas por no pocos flancos. “ESDLA” adolece de una administración del tempo narrativo más que mejorable, juega con el siempre ruin recurso del “Deus ex-Machina” sin complejos, y se desarrolla desde una perspectiva tan maniquea en lo moral que más de uno la ha tachado –y con argumentos- de fascistoide y reaccionaria. Pero es una obra magna como pocas, cuya lectura he disfrutado dos veces y media, y no serán las últimas que lo haga.

Ahora, regresando al mundo de los escritorzuelos mortales y despreciables como yo y como quizás tú: la editorial “X” te publica “Y”, una novelita de mierda escrita con toda la voluntad de la que has podido hacer acopio y las vagas trazas de talento con las que tu innoble genética haya tenido a bien dotarte. Me pides una reseña, yo te la hago, y al día siguiente me envías un e-mail amenazante/insultante/indignado/lastimero porque, pese a destacar que, ante todo, me lo he pasado pipa leyéndote, he dejado caer que tal hilo argumental flojea, que ese personaje carece de carisma, que aquella escena chirría por inverosímil… “Tú”, ese escritorzuelo mortal y despreciable como yo, nunca te atreverías a afirmar aquí, ahora, en público, que escribes mejor que Cervantes, Dostoievski o Tolkien; me darías la razón si digo que “El lobo estepario” tiene mucho de paja mental, que a “El amor en los tiempos del cólera” le sobran 400 páginas, o que “La familia de Pascual Duarte” no me gustó en absoluto porque es penosamente deprimente. Pero como ose decir que tu novela “Y”, publicada por la editorial “X”, tiene faltas de ortografía, me jurarás odio eterno, promoverás una campaña para lincharme en la plaza del pueblo, y bailarás sobre mi tumba y la tumba de mis ancestros mientras te regocijas en la consumación de una venganza justa y merecida. Porque la obra de los dioses literarios es –como todo, como siempre- mejorable, pero la tuya no. Bien, machote, bien, ésa es la actitud.

 En resumen, ésta es la razón por la que dejé de hacer reseñas literarias, y por la que no las encontraréis en este blog. Eso sí, hasta el día que me vuelva loco del todo y me dé un incontenible ataque de sinceridad. Ya os avisaré.
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Colabora en hacer realidad Tarantula Blues

14 April 2013 - 8:18am
Mis amigos de Tarantula Blues me han hecho llegar esta información sobre su interesantísimo proyecto. Animaos a colaborar con ellos.

 SINOPSIS
"En una Sevilla futura y decadente, Tarántula, una joven asesina a sueldo, retirada y cansada de todo, debe aceptar un último trabajo de parte de Bárbara Tijeras (Alias Baticao), la mayor jefa criminal de la zona, si quiere rescatar a su hermano y, de paso, redimir todos sus pecados. Pero no va a ser una misión sencilla..."

“TARÁNTULA BLUES” está integrado por profesionales del séptimo arte y del mundo del espectáculo, cinéfilos empedernidos y creativos audiovisuales que buscan poder hacer realidad su sueño de hacer del cine su profesión. En estos momentos de crisis financiera y cuando las políticas culturales y ayudas públicas a la creatividad se encuentran en claro retroceso, apostamos por el crowdfunding para defender este proyecto común; un proyecto que es obra y trabajo de todos los que, con ilusión, constancia y compromiso, se afanan por darle vida sin ganar un duro por hacer este trabajo solo la satisfacción de ver una película en la gran pantalla. 

EN EL BLOG DEL PROYECTO PUEDES ENCONTRAR TODA LA INFORMACION DEL RESTO DEL EQUIPO, ACTORES, COLABORADORES, PADRINOS, ETC.... http://tarantulablues.blogspot.com.es/
Para colaborar con nuestro proyecto solo tienes que acceder a http://es.ulule.com/tarantula-blues/ donde veras que desde 5€ puedes hacer tu aportación y desde 250€ convertirte en inversor y obtener beneficios por porcentaje!
Para ver algunos adelantos podeis entrar en el canal de youtube http://www.youtube.com/user/TarantulaBlues
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Boletin lúdico-cultural 8-14abril

10 April 2013 - 7:43pm


BOLETÍN LUDICO-CULTURAL

Cross de Esquivel en Alcalá de Guadaira el día 14 de Abril.
LAS INSCRIPCIONES tendrán un coste de 3 € destinado y gestionado por el CD Atletismo Esquivel, para las categorías JUVENIL, SENIOR, VETERANOS A y B y se podrán realizar hasta el día LUNES 8 DE ABRIL A LAS 23:59 H, o se cubran las plazas asignadas para cada categoría.
Las categorías Peques, Prebenjamín-Benjamín, Alevín, Infantil y Cadetes que la inscripción será gratuita y podrá realizarse hasta 10 minutos antes del comienzo de cada carrera.La cuota será abonada mediante ingreso en la cuenta de corriente del C.D. Atletismo Esquivel nº 2100 8396 44 2200050001 y enviar el resguardo al correo electrónico juventud@alcaladelrio.esPara la carrera Juvenil, Senior y Veteranos se garantiza bolsa de corredor, para l@s corredor@s inscrit@s, en tiempo y forma.LUGAR DE INSCRIPCIÓN: TELEMÁTICAMENTE EN LA DIRECCIÓN:

https://docs.google.com/forms/d/1Je4bby30ukhJuYKHprmRYVitTZ0kqGGtJX6v_MTpjts/viewform

El 13 de Abril se celebra una comida popular ecológica en El Huerto del reyMoro (c/ Enladrillada. Centro de Sevilla) en horario de 10.00 a 20.00 h. Organiza EL ECOLOCAL (Asociación el Enjambre sin Reina) Más información
www.ecolocal.es

El 14 de Abril en el Parque del Alamillo, se realiza para los más pequeños un Taller de postales flamencas y un Taller de rumbas y sevillanas, además de cuentacuentos y maquillaje infantil. Todo a partir de las 12.00 h.Taichí y Chi Kung en los Parques Infanta Elena y Tamarguillo (Sevilla Este y Alcosa). Todos los domingos de abril de 11 a 14 h.Domingos 7 y 21 Parque Tamarguillo Domingos 14 y 28 Parque Infanta Elena

El jueves 11, actuación del grupo PANDURO en Viriato Gastrobar (c/ Viriato) a partir de las 22.30 h. Entrada libre.

El viernes 12, actuación del grupo YERBAZU en el bar Urbano Comix, (c/Matahacas) a las 22.00 h. Entrada libre.

El domingo 14 habrá CUENTACUENTOS: “viaje de ratones”, con Marta González en la librería LA EXTRA VAGANTE (Alameda de Hércules)

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Escoria estelar III

8 April 2013 - 11:00am
III


Llevábamos horas de viaje, ya habíamos salido del sistema Xutt, y cada vez estaba más cabreado. Me llevaban los demonios, me subía la bilis por la garganta y… ¡argh! Pero no podía hacer nada. No era como cuando el ceporro de Words o el cerdo de Wallnuts me sacan de mis casillas, o como cuando Félix se mete en algo en lo que no se tiene que meter; es decir, en cualquier cosa. No, esto era diferente, porque no podía mandar al infierno a todo el mundo o recordarles más parientes fallecidos de los que ellos mismos son capaces de recordar. Words y Wallnuts me lo tienen que aguantar, porque soy el capitán, maldita sea, pero Ernst de Weiss era un cliente, el iris en el escáner, el que soltaba los créditos, y no podía amenazarle con arrojarle al vacío, al menos de momento.

         Lo hizo sin mi conocimiento, me engañó, ¡a mí! Porque una cosa es que primero te pidan perdón y luego te den por donde más duele, y otra muy distinta que lo hagan a traición y sin miramientos. Y encima lo tenía delante, al maldito mono. ¡Un mono transgénico en mi nave! Al parecer el snob de Ernst había leído sobre no sé qué tradición milenaria de buscar a progenitores con un mono a cuestas y había decidido hacerle un homenaje. Precioso homenaje. No sabía a quién debía estrangular primero, pero ya se me estaban ocurriendo un par de excusas para explicar por qué el paquete había llegado a su destino… un poco menos vivo que antes.
         ―No te pongas así, capitán. El mono Carballo es una entidad autosuficiente, sabe hacérselo todo solo, aparte de otras habilidades que lo convierten en un más que competente mayordomo, e incluso en un compañero ejemplar. Tienes mi palabra, si con eso te vale.
         ―No, no me vale. Y lo que no consigo comprender es cómo ha podido entrar eso en mi nave. ¿Nadie se dio cuenta?
         ―A mí no me mires ―se excusó Words el primero, como siempre.
         ―Yo todavía estaba con lo que me pidió cuando hicimos parada en Xutt, capitán ―dijo Wallnuts, y luego hizo algo repugnante que prefiero no recordar.
         Todos igual, excepto El Grumete, que comenzó a contar una historia sobre no sé qué entidad efímera hasta que le mande callar. Sólo me faltaba el que no quería nombrar, el que imaginaba carcajeándose de mí a su manera.
         ―¿Félix?
         ―¿Oigo a alguien que me llama por mi nombre? No sé, como no soy una persona…
         ―Félix, por favor. ―Estaba haciendo todo lo posible por contenerme, pero lo veía complicado, sobre todo si el otro seguía con la guasa―. ¿Cómo entró el mono aquí?
         ―Venía con el señor de Weiss, mi estimado capitán.
         ―Sí… ―más bilis―. Bien. ¿Lo detectaste, Félix?
         ―Por supuesto, mi capitán. Ya le he dicho que venía con el señor de Weiss. Caminando a su lado, concretamente.
         ―Ya… ―Aquello era demasiado―. ¿Y no le dijiste nada a nadie?
         ―¿Decir? ¿Decir qué, señor? No soy una persona, ¿recuerda? No se me informa de los términos de los contratos.
         Sufrí un ataque, era inevitable. Ernst de Weiss parecía asustado cuando me vio maldecir a todo lo viviente entre espumarajos, mientras Words y Ralphie trataban de sujetarme para que no destrozara la pantalla en la que aparecía la imagen sonriente del rostro ficticio de Félix. El mono también sonreía, y daba palmas.


Ya más repuesto a base de calmantes, me encontraba meditando sobre esos y otros asuntos en mi camarote cuando alguien activó en intercomunicador de la entrada. Era Ernst de Weiss. Venía, cómo no, con un par de copas llenas en las manos y esa sonrisa suya que empezaba a suponer reservada para las múltiples ocasiones en las que hacía lo indebido.
         ―¿Puedo, mi caiptán?
         ―Pasa.
         ―Celebro verte recuperado. De corazón te lo digo. Toma, acéptame esta copa que te aseguro es de un caldo excelente.
         Tomé la copa y probé. Era de las bodegas de su padre, es decir, excepcional, probablemente único. Él se sentó a los pies de la cama.
         ―Sí, es excelente. Gracias.
         ―De verdad, capitán, no te imaginas cuánto lo siento. ¿Cómo podía yo saber que padeces esa fobia? No es algo normal. ―No sabía de las otras muchas fobias que padezco también, algo bastante más anormal.
         ―Te comprendo.
         ―De verdad, capitán, ¿amigos de nuevo? ¿Lo olvidamos todo? ―me ofreció la mano. Yo se la acepté no muy convencido.
         ―De acuerdo.
         ―Gracias. De verdad que me incomodaba esta situación ―volvió a su tono más distendido―. Por qué enfadarnos, ¿verdad? Aún nos queda mucho viaje, muchas aventuras por vivir. Una gran amistad que forjar, te lo aseguro ―me palmeó la pierna.
         ―Sí, puede ser.
         ―Y escucha, capitán ―dijo, y miró sobre su hombro, como ocultando un secreto―, he hablado con Wallnuts acerca de no sé qué máquina que tiene… ¿No sé si sabes de qué te hablo? ―me guiñó un ojo.
         ―¿Te refieres al Orgasmatrón?
         ―Si, a eso me refiero, viejo truhán ―volvió al guiñarme el ojo y a palmearme la pierna.
         ―Yo no lo he probado, esa es la verdad. Pero no porque no haya tenido ganas, ni mucho menos, es que me veo mayor para eso. No sé, tú eres más joven, aunque no mucho…
         ―Sí, sí, soy joven, me siento joven.
         ―Pues al parecer es algo… increíble, más allá de cualquier otra experiencia. La estimulación total…
         ―¿Total?
         ―Total, puedes asegurarlo. Wallnuts es un maldito genio.
         Ernst se levantó pensativo, con un extraño brillo en la mirada.
         ―Mi querido capitán, amigo, tengo la convicción de que la vida hay que vivirla hasta la última experiencia.
         ―Sin duda.
         ―¿Me permites? He de ausentarme… no sé por cuanto tiempo ―me guiño el ojo una vez más.
         ―Ve y disfruta ―esta vez se lo guiñé yo también.
         En cuanto estuve seguro de que se había alejado, salté hacia mi comunicador personal y mandé una orden clara y tajante al resto de la tripulación: que nadie avisara al señor de Weiss de que Wallnuts jamás ha limpiado la máquina después de sus maratonianas sesiones, ni de sus atípicos y extremos gustos. Ya habíamos saldado la deuda; amigos de nuevo.
        
Ah, el espacio, qué maravilloso y relajante puede ser viajar por el espacio después de un buen plato de venganza en su punto. El espacio… Es mi patria, mi hogar, literalmente: nací en una nave de colonos que vagaba a la deriva, en medio de ningún sitio. En la ocasión que estaba relatando, viajábamos entre algún lugar de la nebulosa de Mengis y el sistema Pisaratii, nuestro primer destino. Cuando quieres alimento, carne, sin importarte su especie de procedencia, vas a McWorld; si quieres un buen espectáculo de luces y sonido, mucha marcha a todas horas, vas a Mondo Vaticano. Ahora, si lo que quieres es cualquier cosa de esas que se supone que no te deben vender porque no debes poder comprarlas, vas a Pisarat II.
         Estaba en la sala de mandos y por el rabillo del ojo podía ver a Ernst de Weiss sentado no muy lejos, en una postura extraña y con mal semblante. Se le veía contrariado, mohíno. Al parecer su experiencia con el Orgasmatrón no había sido lo que imaginó. Para colmo, algún malvado le había comentado después de su sesión lo que yo había evitado que le contaran antes. Y tampoco ayudaba a que se sintiera mejor el cachondeíto que había en la sala a costa de lo suyo, que todo hay que decirlo. El peor era el cerdo de Wallnuts, que explicaba por qué  con dos o tres sesiones más se acostumbra uno y se le coge el gusto.
         Antes, en petit comité, el heredero me había comentado su malestar:
         »―Es usted un individuo vil, tanto como ese pervertido que tiene por piloto ―había dejado de tutearme; supuse que querría la recíproca―. Me ha ofendido, me ha ultrajado, es usted… ¿Por qué lo ha hecho? ―Señalé al mono―. Es usted desproporcionado en la venganza.
         »―Ya le digo.
         »―Jamás olvidaré esto.
         »―Ni usted ni nadie, fíjese el cachondeo que tienen montado éstos a su costa.


Ya orbitando Pisarat II, Words y Roy comenzaron a listar lo que nos podría hacer falta para romper el bloqueo. Roy había pensado en un enmascarador de fuselaje, tenía los diseños de toda la flota imperial en Klosar y podía implementar los códigos precisos para hacernos pasar por carguero militar o lo que hiciera falta. Words quería armas, por lo que pudiera pasar, y entre Ralphie y El Grumete estaban haciendo recuento del resto de vitualla importante: los sedantes, los alucinógenos, los psicotrópicos, los dulces, los snacksy las bebidas a comprar ahora que el heredero se sentía menos unido a la tripulación y no quería compartir sus excelsos licores.
Nada más pisar aquel suelo uno siente que es puerto libre, lugar de aventuras o malos tragos si no estás preparado para la vida en las estrellas. Cualquier ignorante que llegue allí sin saber por dónde anda es muy posible que termine como esclavo, juguete sexual y/o alimento de algún tipo de entidad que ni en sus más remotas pesadillas soñó que podía existir. El que sabe, sin embargo, puede encontrar en Pisarat lo que no se encuentra en ningún otro lugar de la galaxia.
         Wallnuts se fue por su lado, y por la manera en que sonreía y se frotaba las manos preferí no saber de qué se trataba, sólo le di un tiempo límite para regresar. Words fue a por las armas, Roy y yo a por ese enmascarador, y Ralphie y El Grumete a por el resto de vitualla. Erns de Weiss rehusó acompañar a éstos o a cualquiera de los otros, ya dije que de últimas no se sentía muy unido a la tripulación. Comentó que se quedaría en la nave y yo le advertí que no saliera de ella, que podía ser peligroso para alguien como él, y que si se alejaba demasiado y le pasaba algo era bajo su propia responsabilidad.
         No quedé muy convencido con la mera admonición, pero tenía contactos que recuperar y tratos que cerrar. No se consigue un enmascarador de cualquier manera, no sin antes tener que responder a demasiadas preguntas, o no sin antes tener que pagar más de cien veces lo que vale el maldito aparato. No teníamos mucho tiempo, ni mucho dinero, ni tampoco muchas ganas de lamer culos, todo hay que decirlo, así que crucé los dedos y aposté a ganador yendo a casa de Philthy Animal.
         Philthy es un tipo peculiar al que hay que conocer si no quieres que te saque de tus casillas, o si no quieres sacarlo tú al él y que todo termine de la peor manera posible. Comercia con cualquier cosa que sea ilegal, es su consigna, y sería capaz de conseguirte los implantes genitales del mismísimo emperador si le das el tiempo y el dinero necesario.
         Pasamos por delante de sus guardas, viejos conocidos todos, y cuando llegamos a su oficina nos estaba esperando repatingado en su sillón flotante, fumando de una larga pipa de cristal blando natural, no esa basura artificial que venden a los más horteras aspirantes a potentado de la galaxia. El Philthy de siempre, con sus malos pelos de siempre y ese bigotillo tipo carrera de hormigas del que es mejor no cachondearse. Calculé que debía llevar al menos unas cincuenta horas sin dormir. De momento no era peligroso, la posibilidad de que las ideas se le fueran por donde no debían no eran superiores a una entre cien; conforme pasaran las horas el factor riesgo aumentaría exponencialmente, hasta que a partir de las ochenta podía ser casi un cara o cruz el terminar en problemas con él. Teníamos tiempo, pero no demasiado. Quién dijo miedo.
         ―Ni más ni menos que el capitán Perring y su droide de carne, ¿a qué debo este honor? ―apenas se le veían los ojos, cualquiera que no lo conociera diría que estaba dormitando.
         ―¿Qué tal Philthy, cómo va eso?
         ―Tirando, chico, tirando.
         ―Saludos ―dijo Roy en su habitual tono neutro.
         ―¿Saludos? ¿Qué pasa, capitán, le has puesto voz a tu droide? ¿También le vas a poner tetas y a tirártelo todas las noches, si no lo haces ya?
         ―Tienes un serio problema, Philthy ―prosiguió Roy, esta vez con un extraño brillo en la mirada.
         ―¿Sí, muñequita? ¿Cuál?
         ―Que tu cara y tu culo son idénticos y uno no sabe si estás eructando o tirándote un pedo, o te estás fumando un gran puro o es que tienes un amigo malo que siempre entra a casa por la puerta trasera y por la cara que pones está claro que lo pasas en grande cerdo de mierda.
         Philthy se incorporó en su sillón y saltó sobre la mesa con la agilidad de un Surtag de Dirani. Se encaró con Roy y, con las narices pegadas, le gruñó como el animal que era. El otro, por supuesto, ni se inmutó. Philthy alzó el rostro, soltó una carcajada, y lo abrazó como se abraza a un gran peluche frío y siniestro
―Éste es mi Roy, si no te hago saltar es que no me puedo quedar a gusto.
―Vómito de Bontag.
―Jaja, qué gracia tiene el jodío diciendo esas cosas con esa cara de polla después de paja que tiene.
―Ya os vale ―les corté yo la tontería―. ¿Venimos aquí a hacer negocios o a hacer el idiota?
―Ah, eso tú sabrás, yo me estoy divirtiendo ―dijo Philthy volviendo a su sillón.
―Necesitamos algo.
―Ya, todo el mundo necesita algo, ¿y? ¿Acaso es culpa mía?
―Deja ya las pamplinas de capo de asteroide. Venimos aquí a por un enmascarador para la nave.
―Bien, te escucho ―se centró por fin.
―Eso. Una cosa baratita, que andamos más bien tiesos. Con que funcione un par de veces me vale, así que con que cualquier tirado sepa dónde están los restos de uno que medio se puedan arreglar se puede negociar un precio. ―Roy me miró―. Hay que ajustar presupuestos, que si no, no sale el negocio, compañero.
―Capitán, sigues siendo tan rácano y rastrero como siempre, por lo que veo.
―Bueno, Philthy, unos lo llaman racanería, otros lo llamamos amor por lo propio, es una cuestión de leguaje. El caso es que es algo muy profundo.
―Por qué cada vez que cierro un trato contigo suele resultar los más ridículo y bajo que he hecho a lo largo del día.
―Tardaría mucho tiempo en inventármelo y en explicártelo, pero es algo que me dejaría en muy buen lugar pese a lo que puedas pensar. En fin, que el tiempo pasa y parece que hayamos venido aquí de cháchara: ¿va a poder ser?
―Es que no sé si lo que me vas a ofrecer es tan ridículo que hasta me voy a enfadar.
―Eh, no te pases, que estás hablando con el capitán Phileas Perring. Tengo para ti… ni más ni menos que cien creditazos que si los pones en fila uno detrás de otro no se sabe ni donde empieza ni donde acaba la línea… ¿Cómo te quedas?
―¿Estás de cachondeo?
―Espera, no te precipites, que donde te pongo cien te pongo digamos… ciento veinticinco y aquí todos amigos… ¿Qué me dices?
―Mira ―se mordió el labio inferior, con ira en la mirada―… Espera ―pareció recordar algo―. ¡Wurzel! ―Acudió uno de sus lacayos―. ¿Te acuerdas del saltador que derribamos el otro día?
―Sí.
―El cacharro ése llevaba un enmascarador viejo que no se sabe si funcionaba, ¿no?
―Sí.
―¿Tú crees que aún quedará algo de eso?
―Sí, supongo, piezas sueltas y demás.
―¡Bravo! ―exclamé con gozo; Roy miraba al suelo, negando con la cabeza.
―Bueno, pues ya tienes lo que buscabas. Son trescientos créditos.
―¿Trescientos? Espera, estábamos hablando de…
―Capitán ―me cortó de mala manera―, son trescientos míseros créditos. Si vuelves a hacerme otra oferta ridícula te aseguro por el espíritu del sol que calienta este jodido planeta que te mato aquí mismo, ¿estamos?
―Hombre, si te pones así… Pero que conste que no he quedado del todo satisfecho con el trato al cliente. No sé si volveré.
―Vete a la mierda.Leer más...

Crónicas de lo despatarrante 5: extraterrestres, incordiando desde más allá de las estrellas

27 March 2013 - 4:00pm


Extraterrestres, los visitantes que han fascinado a la humanidad desde el mismo nacimiento de ésta y que se han visto plasmados en su tradición y en sus costumbres; hoy en día, iconos y modas aupados a esa bestia que todo lo puede y que llaman Hollywood. Extraterrestres, el misterio del que unos reniegan, pensando así conjurar una verdad que sigue al otro lado y que a otros ha marcado profundamente, hasta convertirse en el estigma de sus vidas. Extraterrestres, quizá llamados dioses por nuestros ancestros, los supuestos autores de tantas maravillas de la antigüedad que aun hoy quitan el aliento y nos dejan sin respuesta ante tanta imposibilidad técnica, ante tanto misterio despachado con la primera explicación a mano. Extraterrestres, el tabú de los gobiernos y las agencias espaciales y de inteligencia, que niegan acceso a esa información que todos sabemos que poseen, quizá, quién sabe, porque el impacto de la verdad sería tan fuerte en este mundo de racionalismo irracional que nuestra sociedad no podría soportarlo.
                Hoy vamos a tratar de extraterrestres, sí, y de abducciones también, quizá la más aterradora de sus manifestaciones. Estos sucesos, a veces recordados en sesiones de hipnosis regresiva, o como imágenes que surgen del pasado después de haber estado perdidas por años, o también echándole un poco de imaginación al asunto tras una noche de excesos y amnesia, suelen ser achacados a la paranoia o a cualquier otro error de la mente, algo posible según dicta la ciencia. Pero qué hay de esas almas sumidas en la angustia, del dolor, de la sensación de inseguridad, de los desórdenes sexuales derivados según el tratamiento recibido. Son tres los testigos de esta realidad que tenemos hoy aquí, tres de esas víctimas, auténticas o no, que vienen a darnos su testimonio.
Y frente a ellos, enarbolando el pendón de la ciencia y el racionalismo bien entendido, el auténtico, el único e inigualable, doctor Cabrero, amigo personal y colaborador de estas Crónicas de lo Despatarrante, que tratará de extraer la verdad y el posible misterio de estos singulares casos aplicando su novísima teoría de la cura por humillación.



Quique Jiménez: Doctor Cabrero, amigo, encantado.
Doctor Cabrero: Igualmente, Quique. Todo un placer estar aquí contigo y con estos sujetos a los que voy a tratar en unos instantes.
QJ: Bueno, por si alguien lo necesitara, voy a hacer un breve perfil de tu persona. Doctor Cabrero, psiquiatra forense, psicólogo de cabecera y proctólogo aficionado, doctorado en terapias agresivas y tratamiento a palos, catedrático en psiquiatría clásica pedestre y toda una eminencia que acumulas masters y firma tesis como el que come churros.
DC: Modestia aparte, tienes razón en todo.
QJ: También hay que hablar de tu faceta de ensayista y autor divulgativo, de la que han surgido obras tan relevantes en el ramo como “Cuéntame tus penas que verás cómo te las quito”, “O te curas… o te curo…” o “El guantazo a tiempo”. Sin olvidar tu próxima obra que está a punto de ver la luz.
DC: En efecto, será la cuarta y última parte de mi tetralogía acerca del tratamiento por humillación y se titulará “Y ahora vuélvete a quejar”.
QJ: Estamos ansiosos por que vea la luz, sin duda. Y ahora, doctor, háblanos de lo que vienes a mostrarnos hoy.
DC: Hoy he venido aquí a hacer una demostración práctica de mi teoría de la cura por humillación y del tratamiento derivado, cuya investigación completa se encuentra detallada en la tetralogía de la que acabamos de hablar. Para eso están aquí hoy mis tres ayudantes, uno por paciente, Eduardo, Boris y Gunter, seleccionados entre la flor y nata de los controladores de acceso a locales de ocio, instruidos por mí en el tratamiento por humillación y, como puedes comprobar tú mismo, auténticos roperos empotrados.
QJ: Cierto. Y ese tratamiento lo vas a aplicar sobre los tres invitados que tenemos aquí hoy, ¿no?
DC: Efectivamente, Quique. Te doy mi palabra de que estos tres sujetos salen de aquí hoy curados, sin importar si lo suyo es eso que dices de los extraterrestres, o más bien un trastorno común, manía o chuminada para llamar la atención.
QJ: Muy bien. Y ahora es el momento de presentar a los otros tres invitados, tres almas marcadas con la huella del misterio y lo despatarrante, tres protagonistas de lo insólito, víctimas de un imposible negado y renegado por las autoridades… o quizá no, según nos diga el doctor Cabrero. Empecemos por ti, Antonio. Bienvenido a las Crónicas de lo Despatarrante. Háblanos un poco de tu persona.
Antonio Cuenca: Buenas, Quique, buenas a todos. Me llamo Antonio Cuenca, soy de Madrid, soltero sin compromiso, aunque con esperanzas. Vivo con mis padres, ya mayores, y tengo un puesto de golosinas en Móstoles, que es a lo que me dedico temporalmente mientras intento lanzar mi carrera como cantante de boleros a través de algún programa televisivo de talentos o similar.
QJ: Muy bien, y ahora cuéntanos tu historia, tu encuentro con la cara oculta de la realidad, tu cruce con lo despatarrante…
AC: Bien, esto sucedió hará tres años, en verano creo recordar. Yo estaba echando horas por la tarde en el puesto, para recuperarme de ciertas compras que había hecho en la tienda de la tele, cosas de la soledad y la madrugada. Entonces, no sé, comencé a sentirme indispuesto…
DC: ¿Puedo hacer un inciso?
QJ: Cómo no, doctor.
DC: A ver, perroflauta…
AC: ¡Oiga!
DC: Ojo, que lo digo sin ánimo de ofensa, esto forma parte del tratamiento.
AC: Hombre, pero…
DC: Nada de peros, que me he comprometido a curarle y lo voy a hacer quiera usted o no quiera. A ver, Gunter, colleja terapéutica.
AC: ¡Ay! ¡Pero esto qué es!
QJ: ¿Doctor?
DC: Nada, Quique, no le eches cuenta que esto es algo normal al inicio de los tratamientos, un primer rechazo instintivo pero que luego se supera y todos los pacientes terminan colaborando. A ver, Gunter, demuéstrale por qué debe colaborar.
AC: ¡No, no, por favor! ¡Ay!
DC: ¿Ves cómo ya se muestra más colaborador, Quique?
AC: ¡Ay! ¡Sí, colaboro!
DC: Está bien. Puedes parar, Gunter. Pero dale otra colleja terapéutica para afianzar el estímulo-respuesta.
AC: ¡Ay!
DC: En fin, como iba diciendo, perroflauta, tú eres un poco pardillo, ¿no? De esos a los que la gente suele tomar el pelo, ¿verdad?
AC: Hombre, yo…
DC: A ver, Gunter…
AC: ¡Sí, soy un pardillo!
DC: Bien. Tranquilo, Gunter. Como ves, Quique, poco a poco el paciente va entrando en la dinámica del tratamiento y haciendo que todo vaya siendo cada vez más fácil. De momento hemos comenzado con el principio, la asunción del problema, el inicio de cualquier cura y paso ineludible hacia ella. En este caso, tenemos a un pardillo confeso, lo cual ya nos da pistas de cómo ir tratándole y de cuál puede ser la raíz de todo.
QJ: Muy interesante, doctor. Sigue, Antonio.
DC: Perroflauta, Quique, perroflauta. Una vez iniciado el tratamiento, no se puede variar este tipo de detalles. Además, que es sin ánimo de ofender, con fines terapéuticos, no te preocupes por él que no le molesta. ¿Verdad, perroflauta? ¿Gunter?
AC: ¡No, no me molesta! ¡Lo juro!
DC: Así me gusta.
QJ: Entonces, puedes continuar… perroflauta.
DC: Ojo, despacito y buena letra, perroflauta.
AC: Sí, doctor. Yo estaba en el puesto de golosinas, como dije, echando horas una tarde de verano que recuerdo que hacía mucho calor. El puesto, que es de chapa, se recalienta en esas fechas y es como un horno, y yo comencé a sentirme indispuesto…
DC: Otro inciso. Perroflauta, ¿por qué estabas en el quiosco a esas horas de calor?
AC: Bueno, doctor, por lo que dije antes de unos gastillos que había tenido y que necesitaba cubrir. Cosas de la teletienda y la madrugada…
DC: … ¿La teletienda y la madrugada…? A ver, a ver que me estoy calentando y voy a ir yo mismo para allá a darte las collejas como sigas mintiendo.
AC: No, por favor.
DC: Esos gastos eran facturas de teléfono, ¿verdad?
AC: … Sí.
DC: De teléfonos de esos guarros, ¿verdad?
AC: … Sí.
DC: Ya me lo figuraba yo. Gunter, dos collejas, una por pajero y otra por mentiroso.
AC: ¡Ay!
DC: ¿Ves, Quique, cómo se le saca la verdad a éstos con el tratamiento?
QJ: Ya veo, ya.
DC: De momentos ya tenemos identificado al sujeto: un perroflauta pardillo, mentiroso y pajero, una tipología bastante común como ya recogí en mi ensayo “Chusma en mi consulta”. Puedes seguir, perroflauta.
AC: Bueno, pues que yo estaba en el quiosco, en verano, con la chapa recalentada y un calor insoportable, y me empecé a sentir mal. Después, no sé, recuerdo luces, muchas luces de colores… Y hasta la madrugada, que desperté allí tirado en el puesto, con unas extrañas marcas en la cara y un dolor de cabeza muy grande…
DC: … Ay, perroflauta, ay que me parece que me estás mintiendo.
AC: Yo no, ¡se lo juro!
DC: ¿Que me lo juras? Gunter, colleja terapéutica.
AC: ¡Ay!
DC: Ojo, perroflauta, que te la estás jugando, ojito con lo que me contestas ahora.
AC: Sí, doctor.
DC: ¿Te faltaba dinero de la caja que hubieras hecho ese día?
AC: … Sí.
DC: ¿Las marcas de la cara eran marcas rojas, como de carmín, que se borraron con un poco de agua o una toallita húmeda mismamente?
AC: … Sí.
DC: Y tenías la boca pastosa, con sabor a cubata de garrafón y a tabaco, ¿verdad? Con rastros de perfume barato impregnado en la ropa además.
AC: … Sí.
DC: Ya te digo yo que sí, perroflauta. Gunter, colleja terapéutica.
AC: ¡Ay!
DC: Otra más, que se la merece.
AC: ¡Ay!
DC: Y ahora vamos a ver si te digo yo que es lo que te pasó a ti de verdad. Tú eres asiduo de las casas de niñas, ¿verdad, perroflauta? Lo que se suele conocer como putero, en otras palabras.
AC: … Sí.
DC: Colleja terapéutica.
AC: ¡Ay!
DC: Y resulta que el otro día te dio un calentón, porque tus padres han restringido las llamadas del teléfono para no pagar la burrada que pagaban, y te fuiste al primer local de alterne que te encontraste. Allí, como eres un pardillo, te dieron garrafón y te cogiste un pedal que casi ni te acuerdas de lo que pasó, salvo de las luces y de que te limpiaron la cartera. Y luego, como eres un mentiroso, te inventaste esta chufa de la abducción para justificar ante tus padres el dinero que te habías gastado. ¿Me equivoco?
AC: … No.
DC: Gunter, tratamiento de choque.
AC: ¡No, noooooo! ¡Ay! ¡Socorro!
DC: No pongas esa cara, Quique, que no pasa nada. Aunque parezca que está sufriendo, en realidad se está curando. El dolor y los gritos, una vez terminada la sesión y el paciente está recuperado, ni se recuerdan, son como una anécdota de la que reírse, o al menos a mí me suele hacer gracia recordar algunas terapias.
QJ: Comprendo, comprendo. Es lo que tienen los grandes descubrimientos, que al principio chocan.
DC: Muy bien elegidas las palabras, Quique, y muy acertada la reflexión.
AC: ¡Ay! ¡Ay!
DC: Puedes parar, Gunter. Y tú deja de lloriquear, perroflauta, a ver si me voy a terminar enfadando de verdad.
AC: No doctor, ya me calmo, se lo juro. No se enfade.
DC: Está bien. Y ahora promete que vas a dejar de mentir, de ser un pajero y un putero.
AC: ¡Lo prometo, de verdad, doctor, por lo más sagrado!
DC: Muy bien, así me gusta. ¿Ves, Quique? Paciente curado, te aseguro que éste no va a volver a llamar a ningún programa para contar mentiras ni a gastarse el dinero en teléfonos guarros ni clubes de alterne. Eso sí, lo de ser un pardillo no se lo puedo curar.
QJ: Brillante, doctor, brillante. Magna demostración de que el racionalismo bien entendido, la ciencia sin vendas en los ojos, también puede convivir con lo paranormal en una especie de simbiosis pedagógica en busca conjunta de la verdad. En este caso, sin partir de prejuicios, se ha analizado con precisión quirúrgica un posible caso de abducción extraterrestre y se ha llegado a la inapelable conclusión de que no era tal, aunque bien podría haber sido. De nuevo bravo, doctor.
DC: Gracias.
QJ: Y ahora vayamos con el siguiente caso, otra posible abducción, quizá una prueba de que no estamos solos en el universo, sino que tenemos vecinos. Vecinos que a veces nos visitan desde sus estrellas con la intención, quién sabe, quizá de estudiarnos, o de comunicarse con nosotros, o buscando nuestros puntos débiles en vistas a una posible invasión, o tal vez simplemente por incordiar, que tampoco sabemos el humor que se gastan a años luz de distancia. Vayamos pues con Juan y con su historia. Bienvenido a nuestras Crónicas de lo Despatarrante.
Juan Bellido: Buenas… buenas, Quique…
QJ: ¿Te ocurre algo, Juan?
JB: Es que estoy un poco nervioso. Soy muy aprensivo, y el doctor Cabrero y este señor a la espalda…
DC: Uy, uy que  creo que con este me voy a cebar. Espero que no te moleste, Quique.
QJ: Yo si forma parte del tratamiento…
DC: Sí, sí, ya te lo digo yo.
JB: … No, por favor…
DC: ¡Ni por favor ni gaitas! Eduardo, tres collejas terapéuticas, que con lo que le espera mejor que se vaya acostumbrando.
JB: ¡Ay!
DC: Gunter, colleja terapéutica al perroflauta, por reírse del dolor ajeno.
AC: ¡Ay!
QJ: Bueno, Juan, háblanos de ti, cuéntanos tu historia.
JB: Sí, lo que sea, Quique, doctor. Me llamo Juan Bellido, soy de Segovia, aunque vivo en Madrid desde hace muchos años, y trabajo de comercial en una empresa de telefonía. Soy soltero.
QJ: Bien, y ahora cuéntanos el suceso, lo que te ha traído aquí a desnudar tu alma en busca de respuestas para lo que te atormenta.
JB: Es una historia que ocurrió hace tiempo, mucho, Quique, ya casi ni me acuerdo, de verdad. Además, que es una tontería ahora que lo pienso. Yo creo que es mejor pasar al siguiente caso…
DC: Mascachapas, espero que no estés poniendo excusas para esconder el bulto y evitar el tratamiento, porque es que me enciendo.
JB: ¡No, doctor, le doy mi palabra de honor, en serio!
DC: ¿Honor? Honor te daba yo a ti, mascachapas. Desembucha, anda, que yo he hecho un juramento hipocrático sagrado y tú sales de aquí curado aunque tenga que despellejarte vivo, fíjate lo que te digo.
QJ: ¿Doctor?
DC: Nada, Quique, cosas del tratamiento, tú no te preocupes. Colleja terapéutica, Eduardo.
JB: ¡Ay! Sí doctor, ya sigo.
DC: Así me gusta.
JB: Esto pasó hace ya mucho, como dije antes, y apenas me acuerdo…
DC: Mascachapas…
JB: ¡Sí que me acuerdo doctor, sí que me acuerdo!
DC: Colleja terapéutica para que tome carrerilla, Eduardo. Sigue.
JB: ¡Ay! Pasó hace cuatro o cinco años, de madrugada. Yo conducía de camino a mi pueblo, un fin de semana que había puente y quería pasarlo allí con la familia.
DC: Eduardo, colleja terapéutica suave, para que note que va por el buen camino.
JB: Ay. Gracias, doctor. Bueno, pues yo iba conduciendo de madrugada, en una noche cerrada sin luna. La carretera era una de estas que no se han arreglado en mucho tiempo, así que iba con cierto miedo conduciendo por allí a pesar de que no me había cruzado con ningún otro coche en mucho tiempo.
QJ: Interesante esto que cuentas, Juan…
DC: Mascachapas, Quique, mascachapas, recuerda lo del tratamiento.
QJ: Es verdad. Decía que era interesante esto que cuentas, mascachapas, porque es frecuente dentro de la fenomenología paranormal el hecho de que los encuentros tengan lugar cuando no hay nadie más para constatar los testimonios, algo que usan los descreídos para poner en duda los hechos. Prosigue.
JB: Pues eso, que iba conduciendo por aquella carretera de madrugada, con mucho miedo en el cuerpo, y de pronto la noche empezó a iluminarse, como si amaneciera. El coche… no sé, perdió la energía o algo así, y se detuvo.
DC: Eduardo, colleja terapéutica.
JB: ¡Ay!
QJ: ¿Y eso, doctor? El relato parece verdadero.
DC: No, si no es por eso, Quique, es por afianzar el estímulo-respuesta, y también porque así es más divertido, todo sea dicho. Puedes seguir, mascachapas.
JB: Sí, doctor. Como decía, el coche se paró, y yo me vi allí encerrado, rodeado de una luz que no me dejaba distinguir lo que había fuera, estaba cegado, hasta que comencé a notar las presencias.
QJ: Ojo, atención, que estamos ante el punto álgido de la historia, el momento del contacto. ¿Alguna objeción, doctor?
DC: No, ninguna, parece que el mascachapas dice la verdad.
JB: Gracias, doctor.
QJ: Continúa con tu historia, desvélanos qué encontraste al otro lado de la realidad… mascachapas.
JB: Bueno, a partir de ahí ya no lo recuerdo muy bien. Lo siento, de verdad, doctor, yo le juro que si por mí fuera…
DC: Mucho miedo tienes tú. Cuenta lo que tengas que contar que ya te diré yo si vale o no, anda.
JB: Pues eso, que a partir de ahí como que me desvanecí o algo y no recuperé la consciencia hasta varias horas después. Estaba en el coche, desnudo, y con ciertas marcas y alguna molestia…
DC: ¿Marcas y alguna molestia? Quizá mi experiencia como proctólogo nos pueda venir bien aquí.
JB: Eh… ¡No no no, doctor, se lo juro de verdad, era una molestia en la cabeza y así en el cuerpo en general, nada más!
DC: Bueno, un examen rutinario tampoco tiene por qué venir mal.
JB: ¡No, de verdad, doctor, por favor!
DC: Está bien, prosigue, mascachapas.
JB: Gracias, doctor. Como ya dije, me desperté en el coche, desnudo y con algunas marcas y molestias, pero sólo en la zona de la cabeza y los brazos, en ninguna otra parte lo juro por lo más sagrado. Cuando me recuperé por fin comprobé que había pasado varias horas en blanco de las que no recordaba nada, pero que el coche funcionaba de nuevo, así que conduje hasta casa de mis padres. Una vez allí se lo conté todo y pasé el fin de semana allí con ellos, recuperándome.
QJ: ¿Alguna objeción, doctor?
DC: No, Quique. La verdad es que me estaba animando con el mascachapas y al final parece que se ha librado de una buena. Eduardo, colleja terapéutica suave como premio.
JB: Ay. Gracias, doctor.
QJ: Impresionante, insólito, despatarrante… Atención, señores, luz y taquígrafos aquí ahora mismo que el ojo crítico de la ciencia, personificado en esta ocasión por el perínclito doctor Cabrero, ha dado su visto bueno al caso. Ya no hay duda, tenemos vecinos, vecinos que nos visitan de allende las estrellas, está confirmado; si el padre Polón estuviera aquí lloraría. Cuéntanos más, mascachapas.
JB: Bueno, Quique, doctor, después de eso, he ido recordando cosas con el paso de los años, como imágenes…
DC: Eduardo, colleja terapéutica, para que abrevie.
QJ: ¿Doctor?
DC: Es que me estoy aburriendo, Quique, tengo unas ganas de pasar al próximo y desahogarme que ni te lo imaginas. En fin, abreviando que es gerundio, mascachapas.
JB: Sí, doctor. Pues que estos años he recordado cosas, pero tonterías que no tienen importancia como para hacer perder el tiempo a una eminencia como usted, doctor Cabrero. Se lo juro por lo más sagrado.
DC: Así me gusta. ¿Satisfecho, Quique?
QJ: Bueno, me hubiera gustado profundizar más en el misterio ahora que parecía que es veraz, fuera de toda duda. Pero quizá podamos hacer eso mismo con el siguiente caso.
DC: Ahí le has dado, Quique, ahí le has dado. Te digo yo que ahora nos vamos a divertir, mira que carita… ¡Boris! ¡Boris, me cago en todo lo que se menea, que se escapa!
QJ: … Vaya…

DC: ¿Qué?
Boris: Lo siento, doctor, se ha escapado…
DC: ¿Que lo sientes? Ya, ya hablaremos tú y yo…
QJ: Bueno, pues parece que vamos a tener que terminar aquí.
DC: Eso me temo, Quique, lo siento.
QJ: No, en absoluto, doctor, mil gracias a ti por estar aquí con nosotros e iluminarnos con tu enciclopédica sapiencia.
DC: Gracias, Quique, en mi nombre y en el de mis colaboradores, salvo Boris, con el que ya ajustaré cuentas por haberse despistado.
QJ: Y gracias también a nuestros dos invitados por estar con nosotros en esta quinta entrega de las Crónicas de lo Despatarrante y contarnos sus historias.
AC: Igualmente.
JB: Gracias a ti y al doctor, Quique.
QJ: En fin, amigos, tenemos que dar por concluida esta entrega de nuestras Crónicas de lo Despatarrante aun a falta de uno de los tres testimonios que habíamos prometido, otra vez será. De todas formas, os emplazamos desde ya para nuestro próximo número, la próxima travesía de esta patera de lo paranormal en la que siempre habrá un sitio vacante para vosotros. Estaos atentos.





DC: Quique, un favor te quería pedir: ¿tienes los datos de ese individuo, el que ha salido corriendo?
QJ: Sí, claro, tenemos su ficha de contacto con los datos personales. ¿Por qué?
DC: Para que me la des luego, que le voy a hacer una visita a domicilio; a mí no se me escapa un paciente como que soy hijo de mi padre. Tú sabes, cosa del juramento hipocrático y eso.
QJ: De acuerdo, ahora la busco y te la doy.


Quique Jimenez’s
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Crítica de "El sueño del otro" (Juan Jacinto Muñoz Regel)

27 March 2013 - 12:30pm

Publicada en Acantilados de papel y OcioZero

Sinopsis: Xavier Arteaga es un profesor de instituto que cada noche sueña ser André Bodoc, un director de informativos. André Bodoc es un director de informativos que cada noche sueña ser Xavier Arteaga, un profesor de instituto. Pero ¿quién sueña a quién? ¿Quién es real y quién está siendo soñado?

Xavier es un hombre gris, divorciado y con un hijo, que ha visto cómo lo poco que le daba la vida le ha sido arrebatado. Su deseo es recuperar lo que tuvo una vez o construirse un futuro mejor, pero la crisis nerviosa que le provoca soñar con la vida de otra persona lo terminará empujando a todo tipo de persecuciones. Perseguirá respuestas, perseguirá a personas, perseguirá a André Bodoc. André es alguien que conoce el éxito, un profesional de los medios de comunicación versado en las maneras de contar, interpretar e incluso manipular los hechos. Cuando también acabe perdiendo el control de sí mismo, su obsesión será demostrar hasta qué punto es ilusorio eso que llamamos realidad. ¿Qué es falso y qué es verdadero? En la convulsa sociedad actual, cuyos síntomas no parecen sino el reflejo de la propia enfermedad de los protagonistas, la espiral de progresiva desintegración acabará amenazando todo lo que los rodea.



Reseña: Si hubiese una imagen capaz de resumir la nueva novela de Juan Jacinto Muñoz sería «El sueño de la razón produce monstruos» de Goya. Al contemplar este grabado, apreciamos como este estado de inconsciencia posibilita que las fronteras entre ambos mundos, el real y el onírico, desaparezcan hasta volverse uno solo.

«El sueño del otro» nos obliga a plantearnos donde se encuentran sus límites y qué sucedería si no fuésemos capaces de distinguirlos. A primera vista podríamos creer que la novela nos va a narrar el conflicto entre un personaje y su alter ego onírico, pero no es así. Juan Jacinto Muñoz yuxtapone las historias de dos personajes antagónicos que, sin ninguna explicación, comienzan a soñar con la vida del otro. De este modo, sus respectivos mundos empiezan a desestabilizarse a medida que son incapaces de distinguir qué es sueño y qué es realidad.

El autor reflexiona sobre el conflicto de identidad que sufrimos en el actual contexto social a través de sus personajes. Los progresivos avances en las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) y el auge de las redes sociales solo han servido para reforzar el aislamiento de las personas que las utilizan ante la incapacidad para relacionarse fuera del mundo online. Una dependencia que no se restringe a un nivel personal, sino que extiende su influencia a otros ámbitos, como el periodístico ante el mayor número de noticias que tienen su origen en un tweed o un blog.

De esta forma, Juan Jacinto Muñoz nos describe todas las dimensiones de este fenómeno. Xavier Arteaga representa la visión más personal y cercana, mientras que André Bodoc demuestra las consecuencias y los riesgos de esta práctica a nivel social. De hecho, resulta muy significativo que el primer paso de Xavier para encontrar a André sea buscar su nombre en Google.


A pesar del carácter reflexivo de «El sueño del otro», el autor no descuida la acción, sabiendo intercalar aquellos fragmentos en los que predominan la mente sobre el cuerpo, el pensamiento sobre la realización del acto y viceversa. Una novela bien equilibrada que no solo consigue entretener al lector, sino también hacerlo partícipe de la historia.

Por un lado, la desazón de algunas ideas expuestas nos persigue incluso después de haberlo terminado. Resulta imposible no detenerse y observar nuestro entorno con diferentes ojos ahora que la venda se ha caído para apreciarlo con todo sus matices. Por otro lado, la imposibilidad de resolver el enigma planteado. Los constantes giros narrativos nos impiden sostener cualquier teoría el tiempo suficiente para que se consolide en nuestra mente. Al igual que les ocurre a Xavier y André, todo lo que creíamos conocer va desmoronándose y jamás llegamos a tener una respuesta definitiva. Es más, el final no tiene una interpretación única, sino varias en función del lector y su mentalidad.


 «El sueño del otro» nos sumerge en un estado de vigilia constante, donde se entremezclan dos mundos que deberían permanecer separados. A lo largo de sus páginas, Xavier y André se convierten en nuestros guías a través de una realidad cada más confusa y que progresivamente adquiere las líneas y las formas de lo onírico hasta desembocar en un desenlace capaz de desmoronar cualquier convicción previa. En definitiva, una novela psicológica compleja e inteligente, donde el sueño se acaba convirtiendo en pesadilla, pero sin la posibilidad de poder despertar para escapar de su influencia. Tendrás miedo de cerrar los ojos...VALORACIÓN: 8,5LO MEJOR: La tensión psicológica presente durante la novela. La incapacidad del lector para diferenciar entre el mundo real y el onírico conforma avanza la historia. El carácter reflexivo de la novela. La inteligente trama y la yuxtaposición de las dos historias.LO PEOR: El exceso de prosa de algunos fragmentos. La tediosidad de determinadas reflexiones. Algunos clichés en la narración.


Sobre el autor: Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974) es autor de las novelas El sueño del otro (Plaza & Janés, 2013) y El asesino hipocondríaco (Plaza & Janés, 2012; DeBolsillo, 2013), del relato largo PINK (RHM Flash, 2012) y de los libros de cuentos De mecánica y alquimia (Salto de Página, 2009), Premio Ignotus al mejor libro de relatos del año, y 88 Mill Lane (Alhulia, 2006). Además, ha coordinado y prologado las antologías de narrativa breve La realidad quebradiza (Páginas de Espuma, 2012), Perturbaciones (Salto de Página, 2009) y Ficción Sur (Traspiés, 2008).

Como autor de relato ha recibido más de cincuenta premios nacionales e internacionales y ha sido incluido en las dos antologías de referencia de su generación: Pequeñas Resistencias. Antología del nuevo cuento español(Páginas de Espuma, 2010) y Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español (Menoscuarto, 2010).

Su novela El asesino hipocondríaco tuvo una excelente acogida de crítica y de lectores, alcanzando en pocos meses la 4ªedición y publicándose en una decena de países, entre ellos, Francia, Italia, México, Canadá, Turquía, Argentina, Uruguay o Chile.Leer más...

Resignación

17 March 2013 - 4:00pm
No eres más que una nueva herida y sobreviviré a no tenerte. La felicidad no se hizo para mí. A veces la veo como una pasajera errante que acrecienta mi angustia cuando, tras paladearla, se aleja con burlona apatía. Sólo me consuela saber que la desesperación dura un instante.Leer más...

Crítica de "El retrato de Dorian Gray" (Oscar Wilde)

17 March 2013 - 12:00pm

Sinopsis: Dorian Gray es un joven aristócrata muy atractivo que, después de haber pasado una solitaria adolescencia en el campo, regresa a Londres, donde ha heredado una mansión. Atraído por la vida nocturna, se sumerge en ella de la mano de Lord Henry Wottom, que lo conduce a los antros más recónditos y sórdidos de la ciudad. Al joven le fascina el estilo de vida decadente y amoral de Wotton. Por otra parte, su obsesión por alcanzar la eterna juventud lo impulsa a hacer un pacto diabólico: él se mantendrá siempre joven, pero las huellas del paso del tiempo y de sus terribles delitos, es decir, su degradación física y moral se reflejarán en un retrato que le ha hecho su amigo el pintor Basil Hallward.

Reseña: Al contemplar la delicada belleza del narciso, resulta imposible no pensar en la leyenda que dio origen a su nombre. Aquel joven de gran hermosura que, tras burlarse del amor que la ninfa Eco sentía hacia él y rechazarla cruelmente, es maldecido por Némesis, diosa de la venganza. Sin saberlo, Narciso está condenado a enamorarse de alguien a quién nunca podrá tener. Cuando se inclina para beber de una fuente, se siente cautivado ante su reflejo y cuando decide sumergirse para alcanzarlo, muere ahogado. La leyenda dice que en la orilla donde falleció creció una flor que fue bautizada con su nombre, como recuerdo ante el fatal desenlace del apuesto joven, condenado por su belleza.
Esta revisión del mito recogido en «La metamorfosis» de Ovidio nos sirve para introducir la principal temática de «El retrato de Dorian Gray» que es, precisamente, el narcicismo. Celoso ante la belleza y juventud que refleja su retrato, se obsesiona con la inmortalidad de aquella imagen y expresa su deseo de intercambiarse con ella, sin importar el precio que exija para verlo cumplido. El propio Oscar Wilde lo dijo: «Ten cuidado con lo que deseas, se puede convertir en realidad»
A partir de ese instante, somos testigos de la corrupción del espíritu de Dorian, quien se deja influenciar por Lord Henry Wotton y su visión hedonista de la vida. La filosofía de este personaje se resume en idolatrar la belleza y satisfacer de los sentidos. Ningún deseo debe reprimirse, pues la insatisfacción del cuerpo es el origen de todos los males del espíritu.
Aprovechándose de la inocencia del joven Gray, Lord Henry lo utiliza como experimento para demostrar su teoría, aunque él, en principio, no es consciente de esta manipulación. Sin embargo, cuando Dorian rechaza a Sibyl Vane descubre que, en realidad, el amor que sentía no era hacia ella, sino a su arte y, en consecuencia, es tan superficial como el resto de sus congéneres. Adviértase que, en ningún momento desveló su auténtico nombre, dejando que ella lo llamase siempre «el Príncipe». Este detalle probaba que su relación se basada en una ilusión que se desvaneció en cuanto Sibyl renunció al único atractivo que realmente tenía para él.
De hecho, el objetivo de Oscar Wilde era evidenciar la superficialidad de la sociedad victoriana, criticándola a través de estos dos personajes, que simbolizan toda la corrupción y la hipocresía de la clase alta londinense. Cierto que el autor solo nos describe la degeneración de Dorian, pero también nos permite entrever la doble moralidad existente en aquella época a través de los diálogos que mantienen los invitados durante los banquetes y bailes a los que asiste nuestro protagonista. Estas conversaciones se convierten en los fragmentos más interesantes de la novela, pues no solo refleja la ideología predominante; también la compleja psicología de las relaciones basadas en las apariencias con objeto de mantener reputación tan falsa como sus valores en los que insistían regir sus acaudaladas vidas.
Por otro lado, «El retrato de Dorian Gray» consigue un correcto equilibrio entre realidad y ficción, sabiendo introducir una temática faustiana dentro de su contexto. De este modo, Oscar Wilde nos narra una historia de terror gótica, pero sin descuidar la crítica social y cultural implícita en sus páginas.
Es cierto que se hubiese agradecido un retrato más profundo de los pecados cometidos por Dorian para justificar la profunda degradación del cuadro, tal y como sucede en el capítulo XII cuando nos describe la avaricia del personaje con gran detalle. Asimismo, se tiene la impresión de que el ritmo narrativo es más precipitado a partir de su decisión de esconder el cuadro y que persiste hasta el final del libro, dando lugar a una lectura mucho más liviana de los acontecimientos frente a la profundidad de capítulos anteriores.
Con todo, «El retrato de Dorian Gray» es una novela que, a pesar del tiempo transcurrido desde su primera publicación, sigue vigente gracias a su temática. Al igual que entonces, nadie está a salvo del pecado de la belleza, debido a la importancia que se le sigue concediendo frente a otras cualidades del ser humano. Sin bien, no debemos olvidar aquella frase que dice: «la belleza puede cubrir muchos pecados, pero por dentro todos somos exactamente iguales».
VALORACIÓN:9/10
LO MEJOR: El empleo de una temática faustiana como pretexto para criticar la sociedad victoriana del siglo XIX. Los diálogos de los personajes. El final.
LO PEOR: El ritmo de la novela decrece a partir del capítulo XII. La incógnita respecto a los actos inmorales de Dorian Gray.

Sobre el autor: Oscar Wilde fue un escritor, poeta y dramatugo británico, famoso por su habitual ingenio y sarcasmo social.
Alumno destacado del Trinty College en su Dublín natal, Wilde acabó sus estudios en Oxford. Durante ese periodo, el escritor estudió a los clásicos de la literatura griega, convirtiéndose en un experto sobre la materia, incluso ganando varios premios de poesía clásica.

A partir de 1879 decide establecerse en Londres de manera permanente y es allí donde empieza a producir sus primeras obras de éxito, como su única novela El retrato de Dorian Gray(1890) o, en teatro, El abanico de Lady Windermer (1892),Salomé (1894) -que fue censurada por retratar personajes bíblicos-, o La importancia de llamarse Ernesto (1895),divertida comedia que ha sido llevada al cine en diversas ocasiones.

Su carrera y su vida tal y como la conocía se derrumba a finales de 1895. Acusado de sodomía por el padre de un íntimo amigo suyo, Wilde es condenado a dos años de trabajos forzados. Durante su estancia en prisión escribiría una larga carta titulada De Profundis, que no sería publicada de manera completa hasta 1909, ya de manera póstuma.

Tras su salida de la cárcel sufre un absoluto ostracismo social y decide abandonar Inglaterra rumbo a Francia, donde viviría en Berneval hasta la muerte de su esposa en 1898. A partir de entonces y, bajo el nombre de Sebastian Melmoth, viajó por Europa para acabar estableciéndose en París, donde murió en noviembre del año 1900.
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