El Mundo, la Carne y el Demonio. De Akasa-Puspa al Punto Omega - por José Manuel Uría

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Especial Juan Miguel Aguilera

Reseñas y artículos del polifacético autor valenciano. Para saber un poco más sobre este escritor, diseñador industrial, ilustrador y guionista de cine.



Muchos autores de ciencia ficción actuales especulan sobre las posibilidades que abre la biotecnología para producir radicales transformaciones en el ser humano. Pero esta temática tan en boga actualmente en la ciencia ficción anglosajona ya aparece mucho antes en una saga de space opera española. Se trata de la saga Akasa-Puspa de Juan Miguel Aguilera y Javier Redal. Para entender tan fascinante universo narrativo y poder establecer una base temática en la obra de Juan Miguel Aguilera en general hay que analizar los referentes en el mundo de la ciencia para las ideas desarrolladas en él.

La historia está ubicada en un cúmulo globular exterior al disco de nuestra galaxia en un lejano futuro indeterminado. Es esto una elección muy conveniente para poder conciliar el rigor científico que impone viajes a velocidades menores que la luz con estructuras políticas como imperios o instituciones religiosas. La insistencia por el rigor presente en las historias del cúmulo Akasa-Puspa no solo no merma la intensidad de la historia sino que en algunos momentos le da unas connotaciones épicas y fatalistas muy interesantes. Por eso lo mejor del universo narrativo no está en los elementos de ciencia ficción dura sino en el trasfondo de la historia. Algunas ideas que aparecen entre bastidores son las que dirigen la historia. En Mundos en el Abismo, Hijos de la Eternidad (o Mundos en la Eternidad) y Mundos y Demonios el lector se enfrenta a algunas de las más fantásticas especulaciones que han surgido en la ciencia del siglo XX.

Para comprender las bases científicas de la saga hay que considerar como punto de partida las especulaciones sobre el futuro de la vida del cristalógrafo británico J. D.Bernal. En 1929 Bernal escribió un opúsculo titulado The World, The Flesh, and The Devil, es decir El Mundo, la Carne y el Demonio. Bernal pretendía hacer un juego de palabras para hablar sobre los que él consideraba los enemigos del alma racional, haciendo un juego de palabras con los términos de inspiración teológica. El título de la novela Mundos y Demonios es un homenaje al texto de Bernal, así que es un autor fundamental para entender la creación de los universos narrativos de Juan Miguel Aguilera. Pues bien, para Bernal los tres enemigos del alma racional serían: el Mundo, que representa a las limitaciones ambientales a que debe enfrentarse el ser humano para sobrevivir, la Carne a las ligaduras que nos impone la fisiología, y el Demonio, la parte irracional de nuestra mente. Para Bernal la forma de vencer a estos tres enemigos de la razón sería emplear la tecnología para modificar a los seres humanos, vivir en colonias en el espacio y emplear psicología aplicada para enfrentarnos a nuestra parte irracional. Tremendamente ingeniosas, las ideas de Bernal no estaban lo suficientemente maduras en algunos aspectos, como resultado de que en aquel momento se estaba a las puertas de la gran revolución en biología, resultado del descubrimiento de las bases químicas de la genética. No obstante ya hay una intuición por su parte de la importancia que tales técnicas tendrán en el futuro, como también existe en otras dos obras contemporáneas a la suya y de lectura imprescindible que son Dédalo o la ciencia y el futuro de J.B.S Haldane e Ícaro o la ciencia del futuro de Bertrand Russell escritas en 1923 y 1924, respectivamente. Los textos de Haldane y Bernal tendrían una notable influencia sobre uno de los padres de la electrodinámica cuántica, pero más conocido en el ámbito de la ciencia ficción por razones diferentes: Freeman Dyson.

De hecho, el universo de Akasa-Puspa es una especie de compendio de las ideas de Dyson que han acabado formando parte del bagaje del autor o lector de ciencia ficción. Dyson toma algunas de las ideas de Bernal y las renueva con la toma en consideración de la genética contemporánea. Según Dyson la vida ha de enfrentarse a tres problemas para poder sobrevivir en el vacío del espacio: la gravedad cero, una temperatura próxima a cero, y la ausencia de presión atmosférica. No parece que el primero sea muy difícil de resolver ya que podemos imaginarnos formas de adaptar la vida vegetal o animal a tales condiciones mediante biotecnología convencional. En lo que a la temperatura se refiere las cosas ya no están tan claras. No es complicado mantenerse caliente en un entorno frío pero es bastante más difícil mantenerse frío en un ambiente caliente. En el espacio interplanetario se dará más frecuentemente el primero de los casos. Para adaptarse a un ambiente frío habrá que diseñar algún tipo de piel capaz de absorber muy eficientemente la radiación solar con pocas pérdidas por radiación, sobre todo en el infrarrojo. Pero más complicada es la adaptación a la presión cero. El estar en un entorno con presión cero dificulta mucho los procesos de alimentación y excreción de un organismo, ya que los esfínteres deben estar diseñados de modo que el organismo no explote al comer o defecar. Pues bien, por difícil que parezca podemos imaginarnos seres vivos que pudiesen vivir en tales condiciones, y quizá algunos de los más sencillos que podamos imaginar: los árboles. Podrían diseñarse árboles con hojas aislantes del calor y que podrían vivir a costa de la luz solar y de los nutrientes presentes en un cometa o asteroide, aunque deberían de ser árboles de “sangre caliente”, pues su sistema de savia debería mantener el calor corporal interior. Tales árboles aparecen en el relato de Aguilera El bosque de hielo. Pero estos árboles que también son parte fundamental del funcionamiento de la Esfera de Akasa-Puspa no son los únicos seres capaces de vivir en el espacio en el cúmulo globular. Otros seres, los colmeneros, están perfectamente adaptados a vivir en el vacío. Los colmeneros tienen resueltas las cuestiones escatológicas mediante unos esfínteres especiales, y también otro de los problemas que plantea la presión cero, la imposibilidad de comunicarse con ondas sonoras, gracias al empleo de ondas de radio para su intercambio de ideas e información. La bioingeniería de Dyson tiene una aplicación directa a la hora de construir una esfera de Dyson.

Puede decirse que la verdadera protagonista de toda la historia de las novelas del universo de Akasa-Puspa es la Esfera, una gigantesca obra de ingeniería astral. La idea original de Dyson de imaginar gigantescas esferas construidas por civilizaciones extraterrestres alrededor de las estrellas fue inspirada por su lectura de Hacedor de Estrellas de Olaf Stapledon. Si queremos buscar de forma activa civilizaciones extraterrestres una forma de hacerlo es considerar cuáles podrían ser sus fuentes de energía. La principal fuente son las estrellas en torno a las que se desarrollan tales civilizaciones. La forma más simple y eficaz de recolectar la energía emitida en forma de radiación por una estrella es construir una enorme estructura esférica que contenga a la estrella en su interior. De este modo se podría manejar una cantidad de energía del orden de la que emite la estrella en forma de radiación en todas las longitudes de onda del espectro. Las leyes termodinámicas exigen que una parte de la radiación absorbida por la estructura esférica ha de escapar en forma de radiación térmica, lo que implica emisiones en el infrarrojo. Además el espectro asociado a tales radiaciones será de cuerpo negro. Lo interesante es que las posibles fuentes emisoras de radiación infrarroja como las nubes de polvo en torno a las estrellas no tienen un espectro de ese tipo, por lo que las esferas serían fácilmente detectadas si se dispone de una tecnología adecuada para estudiar los espectros en el infrarrojo de las estrellas de interés. Hasta el día de hoy se han realizado varias búsquedas de fuentes infrarrojas con tales características en el entorno del Sistema Solar y los resultados han sido negativos.

Pero eso no indica que no existan civilizaciones extraterrestres, sino que tal vez la construcción de las esferas sea innecesaria, o lo que es más probable, muy compleja. Estudiando las dificultades teóricas que se plantean al imaginar su construcción podemos ver lo bien que está desarrollada la aparición de una esfera de Dyson en las historias de Akasa-Puspa. Para esto hay que tener en cuenta que en todo momento Dyson parte de la física básica y bien establecida para diseñar sus esferas. A la hora de construir una esfera de Dyson hay que tener en cuenta problemas asociados con la habitabilidad de la esfera, con la estabilidad de la estructura y con su rendimiento como colector de energía.

En primer lugar hay que considerar la habitabilidad de la esfera a construir. En el caso de nuestro Sol el radio de la esfera tendría que ser cercano al de la órbita de la Tierra para que las condiciones fuesen óptimas para vivir en ella. Dependiendo del tipo espectral de la estrella(1) (cada uno de ellos implica diferentes temperaturas superficiales en la estrella y radiaciones dominantes en diferentes longitudes de onda del espectro electromagnético) hay que considerar otros valores del radio de la esfera. Pero no solo basta con tener una incidencia de radiaciones estelares óptima para establecer poblaciones en la esfera, también sería conveniente disponer de algún tipo de gravedad artificial. Una forma de obtenerla es hacer rotar la esfera sobre su eje y aprovechar la aceleración inercial para simular el efecto de la gravedad. Un inconveniente de esta técnica es que la gravedad es máxima en el ecuador de la esfera e irá disminuyendo hasta un valor cero en los polos, quedando solo una franja de la esfera habitable con gravedades distintas de cero. Pero el mayor problema no es ese, si la esfera es rígida estará sometida a enormes tensiones. Se necesitaría un material extremamente resistente. Una forma de evitar este problema es considerar una esfera compuesta de múltiples trozos orbitando en sincronía en vez de una esfera rígida.

En lo que a la estabilidad dinámica de la estructura se refiere surge un problema fundamental de difícil resolución en el caso de que la esfera sea rígida. Existe un resultado fundamental en la teoría del campo gravitatorio conocido como teorema de Gauss que asegura que en el interior de una esfera hueca el campo gravitatorio es cero. La consecuencia que esto tiene para una esfera de Dyson es que la ausencia de un campo gravitatorio interior implica que no puede estar en equilibrio dinámico con respecto a la estrella. Mientras la esfera no sea perturbada permanecerá en reposo, pero cualquier pequeña perturbación como resultado de la acción de meteoritos, por ejemplo, la haría ponerse en movimiento y tarde o temprano acabaría chocando con la estrella a la que rodea. Una forma de solventar esta dificultad es de nuevo considerar una esfera con muchos trozos, quizá miles, que pueden situarse en órbitas estables y ser corregidas sus trayectorias mediante sistemas de propulsión convencionales como velas solares o reactores de cualquier tipo. Pero como sucede con los problemas asociados con la habitabilidad la esfera hecha de trozos podría resultar menos eficiente a la hora de recolectar energía.

La mayor parte de las historias ambientadas en Akasa-Puspa tienen acción en la Esfera que está compuesta por una inmensa nube de asteroides y otras estructuras, y por lo tanto no presenta los problemas asociados con la rigidez. En su caso son más bien los habitantes quienes están adaptados a ella, y no a la inversa, ya que se trata de seres vivos rediseñados según las ideas de Dyson y Bernal. Pero he aquí que esos diseños biológicos juegan un papel fundamental en la eficacia de la Esfera, ya que precisamente son esas formas de vida las que permiten obtener el máximo rendimiento de la radiación de la estrella tapizando los asteroides y los huecos entre ellos. La vegetación adaptada al vacío permite aprovechar la luz ya que forma inmensos bosques que salen de los asteroides en grandes extensiones de espacio vacío. Pero algunas formas de vida cumplen alguna función más, ya que ciertos organismos en realidad funcionan como mecanismos para mantener la estabilidad de las órbitas. Esas criaturas sirven como elementos de un sistema de propulsión por eyección de masas de modo que su tránsito entre los asteroides se emplea como un sistema fundamental para el mantenimiento de la Esfera. También sobre estos sistemas de propulsión ha escrito Dyson diversos artículos con aplicación al tema de las civilizaciones extraterrestres. Vemos pues que la Esfera es una estructura cuya eficacia es resultado de aplicar las tecnologías ideadas por Dyson. La base científica del universo narrativo creado por Aguilera y Redal parece ser sólida y abundante, pero no se agota aquí, siendo desarrollado hasta sus últimas consecuencias por Aguilera en solitario. Y es que la eficacia de las formas de vida que viven en la Esfera para aprovechar energía tiene mucho que ver con que la Esfera es una enorme biosfera.

El hecho es que la Esfera no es un simple estructura artificial habitada por árboles, colmeneros y otras criaturas, es una noosfera. El término se atribuye al jesuita Teilhard de Chardin y hace referencia a una entidad que engloba a todos los seres vivos que viven en una biosfera en donde los seres conscientes juegan un papel muy destacado. Según Chardin la noosfera irá evolucionando hasta alcanzar un Punto Omega que él interpreta como un proceso de acercarse a Dios. Aunque también puede pensarse en un sentido diferente, de simple evolución de la entidad como un todo consciente sin hacer interpretaciones religiosas. La Esfera en realidad es una noosfera y como tal todas las formas de vida que habitan en ella forman un completo y complejo mecanismo. ¿Y hacia qué pueden evolucionar sus habitantes? Para entender un poco esto y cómo se relaciona con una de la claves de las novelas hay que regresar de nuevo a Dyson. Y es que Dyson también ha especulado sobre el futuro último de la vida en el Universo.

La concepción del futuro de la vida propuesta por Dyson se basa en principios físicos básicos. Su punto de partida es que la vida puede adaptarse a entornos a diferentes temperaturas, y que su metabolismo se puede modificar de tal manera que perciba un tiempo subjetivo diferente al tiempo real. El razonamiento de Dyson se basa en algunos resultados muy básicos de la mecánica cuántica y en una relación entre el consumo de energía asociado al metabolismo y la temperatura ambiente. Se puede demostrar fácilmente que sería más fácil una adaptación a temperaturas bajas que altas, y que puede obtenerse un tiempo subjetivo infinito con un coste de energía finito. El tiempo subjetivo es el que siente la criatura, así que en un universo que se expanda eternamente el que este tiempo sea infinito implica que la criatura puede vivir eternamente gastando únicamente una cantidad finita de energía. A medida que el universo se expanda y disminuya la temperatura las formas de vida se irán adaptando. Sin duda la supervivencia será difícil pero la persistencia de la vida según cree Dyson será posible. En todo momento Dyson habla de vida abstracta, podrían ser seres biológicos, máquinas o cualquier tipo de criaturas excéntricas. Si como se cree actualmente la expansión cósmica es acelerada los seres de Dyson tendrán en el futuro lejano serios problemas para sobrevivir y mantener una civilización.

También los tendrían si comenzase una fase de contracción cósmica que desembocara en un estado de altísima densidad y temperatura de la materia. Pero en este escenario el astrofísico Frank Tipler también ha imaginado una forma en que podría haber una existencia eterna de formas de vida. Para ello Tipler retoma el concepto de Punto Omega que en su caso va asociado con el surgimiento de una superinteligencia resultado de la expansión por todo el universo de la vida en forma de inteligencias artificiales. A partir de ciertos resultados de la teoría general de la relatividad Tipler pretende demostrar que cerca del Punto Omega la percepción subjetiva del tiempo podría ser la de un tiempo infinito, una eternidad. En ese momento la inteligencia cósmica estaría en disposición de crear réplicas de todas las criaturas que han existido y podría resucitarlas mediante una simulación informática. Tipler no hace ascos a las connotaciones religiosas de su escenario y sus ideas parecen más ciencia ficción si cabe que las de Dyson. Tipler argumenta la plausibilidad de la resurrección suponiendo que la información necesaria para replicarnos siempre será menor que la cantidad de información máxima que puede almacenarse en una región del espacio-tiempo, la denominada cota de Bekenstein. A su vez se basa en unas de las más peculiares propiedades de los objetos cuánticos, la indistinguibilidad, para defender la equivalencia ontológica entre un ser humano físico y su copia simulada. Así que tanto Dyson como Tipler desarrollan escenarios escatológicos en los cuales la vida juega un papel relevante en la evolución cosmológica. A pesar de las diferencias en sus concepciones ambos dan por hecho que la vida puede alterar su entorno mediante el empleo de grandes obras de ingeniería cósmica y de su propia evolución. Una interesante combinación de los dos puntos de vista anteriores aparece en Mundos y Demonios.

Pero la ficción de Juan Miguel Aguilera es mucho mayor que la que acontece en el cúmulo globular. En su serie de novelas de ciencia ficción histórica aparece otro universo fascinante con otros referentes científicos. A primera vista puede parecer que temas que aparecen en ellas, como la panspermia, la vida adaptada a vivir en cometas, o ciertos elementos que aparentan ser magia o al menos algún tipo de extraña tecnología, no tienen que ver mucho con los que comentado hasta ahora. No obstante existe un sutil relación ya que la creación de una Esfera no es más que un paso lógico en la evolución de la vida si se dan por verdaderas las concepciones sobre ella que aparecen en novelas como La locura de Dios o Rihla. Por tanto toda la obra reciente de Juan Miguel Aguilera puede considerarse que forma parte de un todo coherente y que es una cosmovisión que reúne una serie de especulaciones escatológicas con otras propias de la ciencia ficción clásica. Pero en realidad la ficción de Juan Miguel Aguilera es una clara heredera de las historias de viajes extraordinarios del siglo XVII de descubrimiento de nuevos mundos, nuevas culturas y otras formas de pensar. Por tanto hay que considerar más sus historias como viajes de aventuras y de descubrimiento y no como una exposición de ideas sobre el papel de la vida en el cosmos, ya que eso es el trasfondo, pero lo importante es la propia aventura de descubrimiento. Su ficción no plantea especulación científica o filosófica sino una búsqueda del sentido de la maravilla, nada más y nada menos, algo que cada vez resulta más difícil encontrar en la ciencia ficción actual.


(1) En la práctica solamente las estrellas de los denominados tipos espectrales F, G, K serían susceptibles de tener esferas de Dyson habitables. Los demás tipos espectrales están asociados a estrellas de gran variabilidad.

Referencias

La física de la inmortalidad. Frank J. Tipler. Alianza Editorial, 1996.

El infinito en todas direcciones. Freeman J. Dyson. Tusquets, 2004.




Magnífico artículo,

Magnífico artículo, instanton, que refleja perfectamente la complejidad y la plausabilidad de Akasa-Puspa, uno de los universos literarios más fascinantes que ha dado la ciencia ficción, no sólo española, sino mundial. ¡¡Deseoso estoy de una nueva novela ambientada en él!!

Por cierto, recomiendo a todos la lectura de Rihla, una novela de aventuras con toques mágicos y ontológicos verdaderamente fascinante, y es que Juan Miguel escribe mejor cada vez.

Ymyr.

El artículo de instanton es

El artículo de instanton es magnífico, tienes toda la razón. Todo el trasfondo Hard de Akasa-Puspa está desmenuzado y explicado a la perfección. Aprovecho para agradecer de nuevo a instanton que le echase un vistazo a la parte científica de “Mundos y demonios” antes de que la novela fuera a imprenta. En la próxima te volveré a dar la paliza, campeón.

deverdad me gusta es muy

deverdad me gusta es muy interesante buen trabajo.......