Entrevista a Andrés Díaz autor de El Imperio contra Dios, por Lorenzo Miralles

Andrés Díaz presentó en Valencia su último libro El Imperio contra Dios, editado por Equipo Sirius en su colección Transversal. La presentación tuvo lugar en Fnac y fue organizada por David Mateo. El Imperio contra Dios es una space opera o novela de aventuras en una ambientación futurista que enfrenta dos grandes poderes: uno militar y otro religioso. Batallas estelares, persecuciones, duelos, cierta dosis de erotismo y acción a raudales son elementos que no faltan en la nueva obra de Andrés Díaz.


De izquierda a derecha, David Ruíz (Equipo Sirius) y Andrés Díaz (escritor)


Andrés, El Imperio contra Dios es tu primera novela de ciencia ficción publicada, pero en realidad la escribiste hace ya algunos años. ¿Has tenido que cambiar o reescribir parte del manuscrito original? ¿Piensas que tu estilo ha cambiado en el trascurso de estos años?

A.D: No cambié prácticamente nada del manuscrito original, salvo algunas indicaciones de tipo científico-tecnológicas, que me hizo el editor, que no tocaban el argumento ni la trama, y que servían para hacer más verosímil el texto para los lectores típicos de ciencia-ficción. Sólo he tenido que hacer los necesarios ajustes de última hora en la expresión y la ortografía.

Sobre si mi estilo ha cambiado o no con los años, pienso que sí, ha cambiado, pero esto es algo lógico y natural en cualquier escritor. Por fuerza tu estilo debe cambiar, no debes temer que cambie. El sujeto «escritor» está tan vivo como el sujeto «persona». Una persona se enriquece y cambia a través de sus vivencias y experiencias. El escritor vive a través de sus lecturas y también sus vivencias, y por tanto cómo escribe también ha de cambiar. Si leo La Maza Sagrada veo diferencias respecto a El Imperio contra Dios, y no puedo decir cómo será un libro que escriba dentro de diez o veinte años.

No obstante, y hoy por hoy, me considero un escritor sobre todo de aventuras, un narrador que quiere entretener a la gente con historias sorprendentes y épicas, ya sea entre espadas o entre lasers. A partir de esa base, el estilo por supuesto cambia y (quiero creer) mejora, pero el objetivo último y la esencia es la misma, y mi estilo (claridad, rapidez, contundencia, falta de virtuosismo, narración antes que descripción) sigue adecuándose a ese fin.


El Imperio contra Dios

El Imperio contra Dios
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Autor: Andrés Díaz
Editorial / Colección: Equipo Sirius / Transversal-Ciencia Ficción
Género: Ciencia Ficción
Edición: Rústica
Año Publicación: 2008


La novela es una space opera en la que priman la acción y la aventura frente al componente científico. ¿Es este género el que más te gusta o te planteas hacer una incursión en una cifi más hard?

A.D: Se escribe lo que se lee. Esto es algo que he aprendido con el tiempo. Así pues, quizás en el futuro me pueda empapar de CF «hard» o de ensayos científicos, porque eso sea lo que me pueda atraer, y por tanto lo que escriba sea este tipo de libros. Hoy por hoy, para mí los ambientes de CF no son el fin, sino el medio. Es decir, no es la Ciencia lo que me importa, sino la Ficción, así que no me preocupo prácticamente nada del aspecto «hard».

Estamos muy acostumbrados a clasificar los libros en fantasía, ciencia ficción..., y dentro de estas categorías aún discriminamos en espada y brujería, alta fantasía, épica, space opera, ciencia ficción especulativa, hard...., etc. En la presentación reciente del libro en Valencia, hiciste una exposición que abogaba más por la unicidad del género fantástico, siendo mucho más leves las diferencias. ¿Puedes exponerlas aquí?

A.D: Es un tema amplio, pero trataré de exponerlo con claridad. En esencia, la Fantasía y la Ciencia Ficción son lo mismo. Son dos ramas de un gran árbol que podríamos llamar el «Gran Género Fantástico». La Fantasía y la CF tienen como base la rotura de la realidad que conocemos. Si no hay una rotura de esta realidad física, no existen ni la Fantasía ni la CF. Podríamos hablar entonces de ensayo científico, novela histórica, narrativa contemporánea, etc., pero nunca de Fantasía o CF. Por poner un ejemplo, los magos con sus hechizos penetran en la mente de su enemigo, mientras que el Mulo (personaje de la saga de las Fundaciones de Asimov) produce ondas cerebrales que influyen en los cerebros de otra gente. El hecho fantástico es el mismo en ambos casos. Un mago lanza un hechizo y viaja en el tiempo, mientras que el investigador científico descubre una máquina que le hace viajar en el tiempo. En la esencia es lo mismo: una rotura de esa realidad física, matemática, química... a la que estamos sujetos y de la que no podemos huir. La Fantasía y la CF producen la rotura de esas cadenas y liberan la mente del lector. Es escapismo en grado sumo y producen el placer de transportarse a mundos donde todo puede ocurrir, porque hemos mandado a la basura nuestra realidad inexpugnable.

En la Fantasía esto es más evidente, porque tenemos algo llamado «Magia», cuyas reglas y normas son totalmente ajenas a nosotros y a veces ni siquiera se explican. El placer del lector típico de Fantasía es decir: «Ah, eso lo ha hecho la magia». La magia es un poder misterioso que debe ser sugerido, pero no explicado al detalle, porque entonces se convierte en Ciencia y arruina la sensación de maravilla.

En la CF, la rotura de esa realidad se produce precisamente porque hay una pseudociencia, o un estiramiento de la Ciencia hasta la irrealidad, que «explica» el hecho fantástico. Por ejemplo, hay ya una oveja clonada, Dolly, así que la clonación en sí misma no parece nada fantástico. Pero si en la novela de CF aparecen seres humanos clonados, hay un hecho irreal que aún no se ha producido, ya sea por falta de la tecnología adecuada o porque nadie se ha atrevido a hacerlo. Esta irrealidad, esta fantasía, es un «estiramiento» de la Ciencia actual (el hecho de la clonación) para convertirla en Fantasía (la clonación de humanos). En la CF la Magia es la Ciencia. El placer de sus lectores es decir: «Ah, esto lo explica la Ciencia». Pero no es la Ciencia que conocemos, con la que trabajamos todos los días, sino una pseudociencia que surge del estiramiento (hasta abarcar lo fantástico) de la ciencia cotidiana.

Otra diferencia es que en la Fantasía las irrealidades se proyectan hacia el pasado (normalmente a ambientes medievales o de la Antigüedad). Sin embargo, en la CF las irrealidades se proyectan hacia el futuro (robots, ordenadores, naves espaciales, sociedades tecnificadas...). Por eso hay quien llama a la CF «literatura de anticipación», porque se especula y los hechos fantásticos no rompen sólo las leyes físicas, sino también sociales o políticas de nuestro mundo actual.

Hay otras diferencias, pero lo que lo une es siempre lo mismo: escapismo y liberación del lector, que es proyectado a un nuevo universo donde lo imposible sucede. Cambia el modo, la forma, la estética... pero no la esencia última e indivisible, y eso es lo que hace tan divertidas tanto a la Fantasía y a la CF. Tanto es así que a veces hay novelas donde no se pueden distinguir los límites entre ambas clasificaciones. La enemistad entre gentes de CF y Fantasía es falsa y no tiene sentido ninguno. Sólo nacen del ataque de individuos elitistas, y de que los atacados entran al trapo no contra ellos, sino contra todo un género que no tiene la culpa de nada.

Tienes cuatro novelas publicadas: dos que siguen las aventuras de Skarrion Gunthar, El camino del acero y, la actual, El Imperio contra Dios. ¿Qué proyectos tienes en marcha? ¿Te planteas seguir con los viajes de Skarrion o, quizás, ampliar el universo del Imperio?

A.D: Sí, quiero seguir con Skarrion, de hecho ya tengo la tercera novela acabada y hay buena predisposición por parte de la editorial. También me gustaría seguir con la saga del Imperio, haciéndolo avanzar o retroceder en el tiempo, siempre tratando una gran crisis, al estilo de lo que hacía Asimov en su primera trilogía de las Fundaciones. De hecho, ya estoy escribiendo el siguiente libro del Imperio, aunque aún es pronto para saber si las ventas acompañan.

Centrándonos ya en El Imperio contra Dios. El libro se divide en tres partes, la primera tiene un sentido introductorio y las dos restantes permiten conocer los puntos de vista de las dos facciones principales enfrentadas: el Imperio Dauar y el Enjambre. ¿Cuáles son las bases y motivaciones de cada lado? Tengo la sensación que los insectos del Enjambre tienen una sociedad mucho más sofisticada que la del Imperio, incluso que te has centrado más en mostrar sentimientos, filosofía, costumbres y forma de vida de los insectos que de los dauares. ¿Ha sido voluntario?

A.D: Sobre la pregunta acerca de las motivaciones de cada lado, sería muy complejo tratar de definir la motivación de dos entes políticos y militares tan poderosos como el Imperio Dauar y el Enjambre Uracsano. Los dos, el Imperio y el Enjambre, han emergido de una situación caótica y de una crisis y se reafirman en esta guerra. El Enjambre se ha liberado del yugo del Imperio y reconquista el terreno perdido, y el Imperio renace en la persona de un general rebelde que se autoproclama nuevo emperador y trata de recuperar la gloria del pasado. Es una lucha titánica porque ambas potencias son despiadadas y no pueden coexistir en este universo. Saben que «este es el último asalto» y van a echar el resto porque no habrá otra oportunidad para el caído. Es el combate de dos gigantes compuestos de millones y millones de seres motivados casi hasta la desesperación.

Literariamente (no en la vida real) la guerra es un fenómeno atractivo. Permite crear dramas y someter a los personajes a tensiones casi insoportables, y así sacarles todo el jugo. Los dos luchadores que más fuerza a nivel subconsciente pueden tener son los que corresponden a la idea del Imperio, y a la idea de una Religión implacable que hace la Guerra Santa (es decir, la idea de Dios). Los gobiernos democráticos pueden entrar en guerra, pero no son tan evocadores y míticos como esas otras dos concepciones del Estado. Así, se consigue una épica aún más gigantesca y espectacular.

Sobre la preeminencia de las descripciones de la sociedad uracsana, no puedo decir que lo hiciera adrede. Surgió así, de manera fluida. Siempre me han fascinado los insectos, me gusta su concepto del orden, sus normas, sus jerarquías... Tal vez por ello le di más importancia al Enjambre, porque evocaba esa idea de la perfección de los insectos. Quizás, de todos los animales terrestres, inconscientemente los vemos como los más parecidos (incluso físicamente) a una posible cultura alienígena.

El ritmo del libro es trepidante, apenas tiene unas pausas en las que se explican la historia del Imperio, del Enjambre o de los misteriosos sianitas. ¿Has preferido volcarte en la aventura más que en otra clase de fundamentos?

A.D: Sí. La aventura, la acción y la épica son los elementos predominantes en el libro. Quise que fuera muy dinámico, como una gran película de Space-Opera. Quise que la narración proyectara «imágenes» en la mente del lector. Siempre procuro escribir libros muy «visuales». Como ya he dicho, mi objetivo prioritario es entretener, hacer que el lector se escape de este mundo y tenerle enganchado de principio a fin, sin aburrirle jamás. Por eso le doy tanta importancia a la acción en sí misma. No obstante, todos los excesos producen carencias. Si metes un exceso de cualquier tema, el tema en sí mismo deja de tener importancia para el lector, como si repites muchas veces la palabra «mesa». Al final te olvidas del significado de la palabra y sólo percibes un sonido, un conjunto de letras. De ahí que, aunque haya acción, también deba haber momentos reposados, descriptivos e introspección de los personajes, así como una trama de intriga que sea lo bastante atractiva intelectualmente. Si todo esto no existiera el libro sería sólo un videojuego y terminaría por saturar incluso al más ávido lector de aventuras. En resumen: meto mucha acción, pero también hay pausas, creo que las bastantes para que aquella pierda su interés.

En la novela haces un despliegue de imaginación para crear las distintas razas. Uno tiene la sensación que ha entrado en el bar de Tatoinee de la Guerra de las Galaxias. Pero lo que destaca es que no aparece la raza humana en el libro. ¿Por qué? ¿Has intentado evitar caer en la tentación de hacer a los humanos los protagonistas de la historia? ¿Buscabas una libertad total?

A.D: La inexistencia de humanos en la novela es un recurso estético para llevar el «sentido de la maravilla», el exotismo, el escapismo, el colorido, un paso más allá. No obstante, como digo, es un elemento puramente estético. Los dauares, los uracsanos, incluso los sianitas, tienen motivaciones y estructuras sociales y políticas que podemos entender, porque son reflejos de otras que ya tienen o han tenido los seres humanos. Cuando uno crea algo, está encerrado dentro de su propia experiencia cultural. Así pues, yo no podría crear una raza alienígena que no fuera un trasunto de la humana (o de diferentes aspectos de la humana), puesto que no soy un alien y tampoco he conocido a ningún alien. Incluso cuando tratas de reflejar la locura, estás reflejando locura humana, nunca locura inhumana. Por tanto, y como no puede ser de otra manera, las motivaciones de todas estas razas alienígenas del texto son comprensibles para el lector. Porque forman parte del riquísimo muestrario de motivaciones que ha tenido nuestra raza a lo largo de su historia.
Dicho esto, en lo estético y visual sí es original el hecho de que no haya seres humanos en la novela. Con ello quiero excitar la imaginación visual e inmediata del lector y elevar todavía más el grado de escapismo y de sentido de la maravilla.

La lucha entre un Imperio militar que establece el orden en la galaxia y una teocracia que emplea la Guerra Santa para llevar a los confines del universo la palabra divina, tiene unas connotaciones que pueden parecer cercanas a la geopolítica actual o de nuestro pasado. ¿Tiene un mensaje la confrontación que nos planteas?

A.D: En otra respuesta ya expliqué las atractivas connotaciones de las palabras «Dios» e «Imperio», así que trataré de no repetirme para no aburrir al lector. Sólo remacharé el que deseaba un enfrentamiento entre titanes no sólo políticos y militares, sino también ideológicos. Esas dos ideas, la de la Guerra de Imperio y la Guerra Santa, transmiten una sensación de gigantismo fascinante.

El Imperio y el Enjambre de la novela no son la trasposición exacta de ningún imperio o religión terrestres. Pero enlazando con el tema de los límites creativos que expuse antes, sí son sombras, combinaciones y reflejos de distintos imperios y religiones de la humanidad. No es que el Imperio sea Roma, los sianitas mormones o budistas, los liteístas cristianos y el Enjambre el Islam. Es simplemente que para crear todos estos entes me he valido de distintos aspectos de otros entes semejantes de nuestra historia y los he combinado a mi manera. Pueden existir coincidencias y paralelismos. Pueden ser parecidos. Pero no son lo mismo. Al no ser lo mismo, no puedo dar un mensaje para mi mundo real, pues opero en un mundo fantástico.

No es mi intención dar respuestas ni tampoco ofrecer moralejas ni soluciones. Dejo claro que mi universo es imperfecto y no sé cómo arreglarlo de una vez por todas. Como se verá en el libro, todo se resume a un choque de fuerzas y hay vencedores y vencidos, pero no planteo si unos u otros llevan la razón. Esa razón sólo depende del punto de vista de cada personaje.

Eres un escritor joven pero ya llevas unos cuantos años en este difícil mundillo. ¿Mantienes la ilusión con la que empezaste? ¿Qué objetivos te planteas cuando escribes una novela?

A.D: Sí, mantengo la ilusión. Pienso que escribir es luchar. También pienso que si no te rindes, es casi matemáticamente seguro que acabarás publicando. Tal vez no alcances un éxito gigantesco, pero si no cejas en el empeño de escribir y seguir mandando a las editoriales, tarde o temprano irás publicando, poco a poco. El gran riesgo es tirar la toalla. Por eso digo que el que escribe ha de pensar que escribir no sólo es una tarea creativa, sino también una lucha que requiere dosis de tenacidad y disciplina. Tal vez hay gente que dé el campanazo nada más empezar. Pero por si acaso, hay que ir mentalizándose para medrar mediante el esfuerzo, como si te metieras en una carrera de media y larga distancia, no en una corta y de velocidad. Pero soy por naturaleza optimista y ambicioso, así que siempre mantengo la motivación.

En cuanto a los objetivos para escribir la novela, como ya he dicho en varias ocasiones, me considero un narrador de aventuras y busco entretener, divertir y hacer escapar al lector durante unas horas de este mundo que le rodea. Quiero matar el aburrimiento del lector, engancharle y que no suelte el libro ni mire cuántas páginas le quedan porque siente que «no puede más». Eso es lo primero. Después, y entremezclado con todo eso de manera sutil, pretendo meter gotas de temas más trascendentales: filosofía, política, romanticismo..., para darle a la novela un poso profundo que mueva a la reflexión. Con esto no pretendo dar lecciones morales o solucionar nada. No quiero dar respuestas, sino sugerir preguntas y que sea el lector quien trate de respondérselas a sí mismo.

Andrés, te agradecemos la colaboración y la participación que tan a menudo tienes con Sedice.

A.D: Estoy encantado de poder colaborar en la medida de mis posibilidades con Sedice. El Fandom en papel (salvo honrosas excepciones) ha muerto, e Internet se ha convertido en el entorno perfecto para el intercambio de opiniones y el escaparate de críticas y reflexiones de la literatura Fantástica (en general de cualquier tema). Internet es un lugar casi inmediato en la rapidez y enorme en su extensión. Es un entorno casi incontrolable para los poderes públicos y fácticos, por lo que la libertad está asegurada. Así pues, portales como el de Sedice unen a los aficionados al Género Fantástico y ofrecen un lugar donde «leer acerca de lo que se lee», algo siempre interesante y placentero para cualquier fan. Sedice es un buen lugar para los lectores y para los escritores.

A mi vez, yo doy las gracias a Sedice por interesarse por mi libro y prestarle la atención que también le han dado a los anteriores.

Andrés Díaz es también autor de:


Los Guerreros sin Rostro

Los Guerreros sin Rostro
(8/10)
Título original: Los guerreros sin rostro
Autor: Andrés Díaz
Género: Fantasía
Saga: Skarrion Gunthar
Año Copyright: 2003



La Maza Sagrada

La Maza Sagrada
(8/10)
Título original: La maza sagrada
Autor: Andrés Díaz
Género: Fantasía
Saga: Skarrion Gunthar
Año Copyright: 2006



El Camino del Acero

El Camino del Acero
(8/10)
Título original: El camino del acero
Autor: Andrés Díaz
Género: Fantasía
Saga:
Año Copyright: 2006







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