Reconocimiento a Philip K. Dick

El dí­a 31 de mayo Philip K. Dick ha sido por fin reconocido oficialmente como un escritor serio.

Una editorial americana sin ánimo de lucro, The Library of America, cuya palabra es ley a la hora de proclamar el talento literario en EEUU, ha decidido incluir a Philip K. Dick en el selecto grupo de escritores consagrados y va a publicar cuatro de sus obras en edición de lujo.

Las cuatro obras que van a recibir el honor son El hombre en el castillo, Los tres estigmas de Palmer Eldricht, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y Ubik, todas ellas de la década de los 60.

Lástima que la noticia llegue tarde para el agraciado, que murió en 1982.

El hecho de que las novelas de PKD aparecieran en formato de bolsillo siempre fue una espina que tuvo clavada. Mientras otros escritores de la Edad de Oro vieron sus obras publicadas en otros formatos más respetables, las obras de PKD siempre salieron al mercado en edición de bolsillo. Incluso el premio Memorial Philip K. Dick instituido en su honor reconoce este hecho y se otorga a novelas publicadas en dicho formato.

Aunque a principios de los 70 vio reconocido su talento por otros escritores, como Heinlein o Lem, siempre se lamentó de no contar con el reconocimiento más generalizado del público. No querí­a ser un escritor cuyos lectores fuesen únicamente (en sus propias palabras) trolls y wackos.

Quizás de haber saboreado el éxito de Blade runner, película basada en su novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? se hubiera sentido más satisfecho con el aprecio que su obra suscitaba, pero murió unos meses antes del estreno. Y además criticó bastante lo que Ridley Scott estaba haciendo con ella, tan sólo el cambio de guionista le convenció.

Después de su muerte se han realizado películas sobre otras siete obras suyas, como Desafío total (1990), Asesinos cibernéticos (1996, adaptación de La segunda variedad), Infiltrado, Minority report (ambas en 2002), La paga (2003), Next (2005) y, por último, Una mirada a la oscuridad, basada en la novela del mismo nombre.

Tal vez el éxito actual de la obra de PKD se deba a que el mundo se vuelve más dickiano, más desconfiado de la realidad o más inmerso en la ficción. El propio Philip K. Dick era un paranoico. Sospechaba (y así lo denunció al FBI en los 70) de una conspiración soviética para apoderarse de la ciencia ficción en EEUU. También durante una conferencia pensaba que su público estaba compuesto por androides. Resultaría curioso ver los efectos que la contemplación del androide con su figura que se construyó en 2005 hubiera tenido en su creatividad.

También estaría bien poder conocer la reacción de PKD ante la publicación en encuadernación de lujo de esas cuatro novelas. En opinión de Charles McGrath, crí­tico literario del New York Times, lo mismo podí­a sentirse honrado por haber alcanzado la categorí­a de autor serio como podí­a preguntar airado por qué no editaban en formato de lujo el resto de sus obras.

Pero más allá de lo anecdótico del personaje, consumidor habitual de alucinógenos varios, los mundos por él creados son sólidos y coherentes dentro de su propio universo. Un universo paranoico donde la realidad no es lo que parece, donde se desconfía de la realidad porque ésta no es real, donde el protagonista no encaja en la sociedad ficticia o falseada que lo rodea.

Así, veinticinco años después de su muerte, PKD es por fin reconocido oficialmente en EEUU como el gran escritor que el mundo de la ciencia ficción ya sabía que era.

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