Reseña: Antifuente, de Francisco Javier Pérez

Título: Antifuente
Autor: Francisco Javier Pérez
Editorial / Colección: Viaje a Bizancio Ediciones
Género: Ciencia Ficción
Edición: Rústica
Año Publicación: 2008
Ilustrador:
Traductor:
Diseño o fotografía de portada:
ISBN: 978-84-936219-3-3
Idioma: Español
Tras su rompedor e iconoclasta Dionisia Pop!, Fco. Javier Pérez nos lleva al siguiente nivel en la espiral descendente de sus obsesiones con este segundo volumen de relatos, en el que el autor vuelve a forzar los límites de su escritura para confirmarse como una de las voces más experimentales, contestatarias, heterodoxas y, al mismo tiempo, virtuosas y conscientes de sus influencias de la literatura de género actual.

Una anciana atrapada en un bucle espacio-temporal; un exitoso creador de programas de televisión que se hunde en el terror tratando de recuperar, por medio de la magia negra, a la musa que en su día él mismo prostituyó y arrastró por el fango; cinco fotógrafos pugnando por una instantánea irrefutable; ninjas, músicos de blues economistas, sociedades conspirativas steampunk, seres preternaturales, ángeles extraterrestres, un ciclo necrófilo...

Antifuente es una huida a un universo propio, surrealista y visceral en el que la vanguardia y la ciencia-ficción tradicional pugnan por prevalecer, las reglas de la realidad consensuada se ven continuamente puestas en entredicho y las cosas, en el mejor de los casos, no son nunca lo que parecen.

(224 Páginas)


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Antitradición, Antirutina, Antifuente

En El último verano de Klingsor de Hermann Hesse, dos pintores —amigos y artísticamente muy diferentes—, ironizan acerca de la posibilidad de que en un futuro próximo, los críticos los engloben a ambos dentro de una misma generación o escuela, por el mero hecho de coincidir en el tiempo y de haberse enfrentado a una tradición a la que no se sentían unidos.

Francisco Javier Pérez no es un pintor. Escribe. Sí, literatura. Algo difícil de encuadrar dentro de ese género llamado ciencia ficción, aunque tenga puntos en común con él. Y para bien o para mal, le guste mucho, poco o nada, se ha convertido en abanderado de una nueva generación de autores que escribe algo que podría adscribirse dentro de la ciencia ficción y/o el terror. El que eso ocurra —que le toque llevar la bandera del Séptimo de Caballería de la Nueva CiFi Española, o algo equivalente que chirríe menos al oído—, tal vez se deba a que sus propuestas son las más radicales, las que formalmente más rompen con, llamémosle para simplificar, una tradición. Como en la mencionada obra de Hesse, cabe preguntarse qué tiene en común esa nueva generación, si se puede llamar así a una amalgama de autores muy diferentes en su manera de entender el género fantástico, a la que lo único que une es que no entienden de barreras, ni de racismos literarios, ni de compartimentos impermeables que separen géneros. Ni, por tanto, de reglas literarias a las que deban adscribirse: léase (como si fuera un anuncio o un catecismo): para escribir ciencia ficción el autor debe… y es conveniente que… también se recomienda… encuentra un problema de tu tiempo y amplíalo en un futuro imaginario... el pasado y el presente en lo que está por llegar... construye tu propio mundo imaginario y llénalo de cositas que maravillen... porque dentro de los subgéneros… etecé. Pues aquí va una pedorreta. ¿Fándom? ¿Fan qué? ¿Mainstream? ¿Main qué? Pero ¿de qué me hablas?

La casualidad me ha llevado a leer casi al mismo tiempo dos propuestas de dos autores españoles dedicados al fantástico que son muy diferentes: Antifuente de Francisco Javier Pérez y Sherlock Holmes y el heredero de nadie de Rodolfo Martínez, que también reseñaré. El primero, abriéndose camino. El segundo, con una trayectoria larga y firme dentro del género. Pérez, antietiquetas. Martínez, que no se avergüenza en absoluto de que adscriban sus obras a este o aquel apartado, defiende la literatura funcional al servicio de una historia bien trazada y perfectamente legible desde la primera frase, lo que no me parece mal. Porque no se trata de negar al primero o al segundo para aplaudir al segundo o al primero, como si se tratara de dos boxeadores que luchan por algún título de campeón literario. Pero algo está cambiando. Y ahí es donde voy. Debe de ser divertido eso de construir un canon de la ciencia ficción (léase: Asimov, Heinlein, Brown, Clark, Lem, Dick,...), pero tiene que ser la ostia de divertido, y eso debió concluir Francisco Javier Pérez, mezclarlo con otro canon literario, más iconoclasta (léase: Burroughs, Gombrowicz, Woolf, Musil, Walser, Bernhard, Onetti,...). El resultado irritará o fascinará, hará soltar el libro con un monumental cabreo o totalmente entusiasmado. En realidad da lo mismo, nadie se salva: a los primeros lectores, los llamarán convencionales, aburridos, antiguos; y a los segundos, pelmazos, enteradillos, pretenciosos.

Antifuente parte de una ventaja respecto al primer libro de Francisco Javier Pérez, Dionisia Pop!, y es que se percibe, al pasar de una antología a otra, una madurez como cuentista. Los relatos son más fáciles de seguir en una primera lectura, pero no porque Pérez haya renunciado a su particular estilo provocador, sino porque creo que ha encontrado el modo de transmitir la locura, la ruina mental, la decadencia física, el modo de hacer visible el submundo en el que transcurren sus historias. Ha adecuado la forma con el contenido: una literatura esquizofrénica para una visión esquizofrénica de la realidad. ¿De qué otro modo puede ponerse música al sádico homicidio de Janet Leigh en un apartado motel de carretera que con los insistentes y chirriantes acordes que compuso Bernard Hermann para Psicosis?