Relato: Hologramas, por Alexis Brito Delgado

Nadie puede escapar a su destino, pero tampoco nadie puede quitarnos el valor necesario para afrontarlo.

Poul Anderson

Después de huir de Alemania, desertando de la Corporación Kesler, fui acusado de traidor y renegado por los presidentes de mi antigua casa. Me dirigí a Japón, concretamente a Tokio, dónde sabía que un Ícaro podía hacer fortuna si trabajaba para la gente adecuada. Allí ofrecí mis servicios a Sadakago Shizue, uno de los mejores contactos de la Yakuza, que se movía entre los límites imprecisos del mercado negro y el terrorismo industrial...
Richard Kant

FASE PRIMERA

Kant se colocó el visor ovalado sobre la cabeza. Éste aplicó un láser baja frecuencia y emitió las imágenes directamente al cerebro. Los poderosos músculos del Ícaro se marcaban debajo del mono de polipiel. Las atractivas facciones negroides parecían talladas en un bloque de acero: cabeza afeitada, nariz recta, mandíbula triangular, ojos oscuros y melancólicos. Richard mojó los electrodos en una solución salina y los aplicó sobre sus sienes. De inmediato, se puso los guantes de datos y ajustó las almohadillas de retroalimentación. Por último, encendió la consola, esperó el familiar chasquido de conexión, y empezó a navegar por el conglomerado de figuras geométricas, realidades imposibles, meridianos de luz y bloques de información, que constituía Internet...

FASE SEGUNDA

Los árboles crecían alrededor de un camino lleno de hojas secas y marchitas por el paso del tiempo. Las copas espesas ocultaban los rayos oblicuos de sol bañaban los contornos del bosque. Kant penetró en la floresta y cruzó los árboles, ignorando el susurro de las ramas mecidas por un viento inexistente. Todo estaba en paz mientras se adentraba en aquel Edén de tranquilidad que sólo conocía por los hologramas del milenio anterior. Aguzó los oídos y percibió que los animales habían desaparecido: el sonido de sus botas de combate de caña alta era el único que rompía la calma del la espesura. El Ícaro descendió las lomas circundadas por abetos retorcidos y cubiertos de musgo. En el suelo, crecían rosas, margaritas, peonías, tulipanes, claveles. Todos los colores eran brillantes y todos los aromas dulces.

FASE TERCERA

En medio del fragor de la tormenta, Richard divisó los barcos anclados en el puerto, que oscilaban bajo las olas embravecidas. El océano lanzaba remolinos blanconegruzcos contra los aparejos y velas plegadas. El viento arañaba las cubiertas vacías y los mástiles imponentes. Distinguió embarcaciones distintas en tamaño, época y diseño: fragatas francesas, veleros españoles del Siglo XIII, buques de cruz, barcos de vapor, galeones del Renacimiento, tirremes griegas. El Ícaro entró en el pueblo, enfiló una calle borrosa por la lluvia y pasó de largo cabañas de pescadores de tejados carmesíes y paredes pizarrosas. Al llegar a su objetivo, inspiró una bocanada de aire y se detuvo delante de una casa de aspecto humilde. Kant empujó la puerta construida en un bloque de obsidiana negra y penetró en el interior de la vivienda.

FASE CUARTA

Un corro de bellas mujeres rodeaba una mesa circular. Como los barcos del exterior, éstas tenían poco en común,; parecían arrancadas de eras pasadas o futuras. El fuego que chasqueaba en la chimenea formaba sombras tétricas y vacilantes en las paredes. En el centro de la mesa, destacaba una esmeralda de gran tamaño, que irradiaba una luminosidad espectral. Las figuras femeninas posaban los dedos sobre la misma, absorbían información y manipulaban redes virtuales inimaginables. En aquel momento, Richard lo comprendió todo: alguien lo había desviado su rumbo. Su cuerpo físico continuaba en su apartamento, atado a los cables de fibra óptica, inmerso en una alucinación de bordes intangibles, perdido dentro de la consola Hitachi recién estrenada. Kant experimentó una oleada de temor: durante todos sus años como Hacker nunca había visto algo parecido.

FASE QUINTA

Una figura lo observó con unos ojos tristes y hermosos. Kant comprendió que eran cyborgs de Segunda Generación, máquinas renegadas que habían huido al interior de la Red, Organismos Virtuales que se alimentaban del software biológico de los Ícaros incautos... La japonesa le apretó los hombros con sus manos inmateriales: no entendía cómo se había movido con tanta rapidez. Llevaba un ajustado mono de cuero sintético; el cabello azabache le llegaba hasta los hombros; su voz era tan sutil como una caricia y tan inaccesible como el viento invernal...

NESSA: Te esperaba, Kant.
KANT: ¿Cómo has averiguado mi nombre?
NESSA: Eso no importa. Estás en peligro.
KANT: ¡No digas tonterías!
NESSA: Sadakago Shizue te ha traicionado.
KANT: Tú que sabrás... ¡No eres real!
NESSA: Nunca he dicho que lo fuera.
KANT: Me has desviado de mi rumbo, ¿verdad?
NESSA: Sí.
KANT: ¿Cómo diablos lo has hecho?
NESSA: Jamás lo entenderías, Kant.
KANT: ¿Insinúas que soy un imbécil?
NESSA: No.
KANT: ¿Qué quieres de mí?
NESSA: No tenemos tiempo de hablar, Richard. Ahora mismo deben estar golpeando tu puerta. Sal de tu apartamento y desaparece del mapa.
KANT: ¿Huir? ¿Por qué? ¿De quién?
NESSA: ¡Hazme caso! ¡Desconéctate!

FASE SEXTA

Con un sobresalto, Kant abrió los ojos debajo del casco y despertó de su ensoñación. Unos dardos eléctricos se le clavaron en el pecho y lo arrojaron al suelo. Colérico, ignoró el dolor abrasador y propinó una patada a uno de los agentes uniformados de azul que se cernía sobre su persona. El Ícaro intentó incorporarse, pero una porra le golpeó el cráneo y lo dejó atontado, revolviéndose como un animal herido. Manos ásperas le dieron la vuelta y alguien le aplastó una rodilla contra los riñones, colocándole unas esposas de caucho.
—¡Quieto! —gruñó el sargento del grupo—. ¡Queda detenido!
Richard le escupió en la cara.
—¡Vete al infierno!

Un golpe lo desvaneció en las tinieblas. Mientras perdía el conocimiento Kant pensó que la japonesa tenía razón: Shizue lo había traicionado...

FIN

Alexis Brito Delgado




Hola Alexis, me gustó tu

Hola Alexis, me gustó tu relato. Lo que más me agradó ha sido idea de un mundo paralelo, virtual (¿es esto existente?), una dimensión donde entes electrónicos se han hecho independientes. Me impresiona porque es algo que, humanamente, me sobrepasa, pero tu relato ha sido capaz de hacérmelo imaginar.
Ah, y un estupendo acierto la imagen con que lo has acompañado :-)

Gracias por las

Gracias por las felicitaciones. Siempre he pensado que algun día terminaremos luchando contra las máquinas. Cada día dependemos más de una tecnología que nos deshumaniza y nos convierte en vegetales. ¡Tarde o temprano la cibernización tomará el control del planeta!. :-)

Adjunto enlace de relato similar. Espero que te guste. Un abrazo.

http://www.ccapitalia.net/ngc/creativa/alexbrito/nessa/index.htm

Álex