Artículo: Náufragos literarios, por David Mateo
Vamos a escribir nuestro libro de fantasía. Tenemos ilusión por publicarlo. Queremos hacer realidad nuestros sueños más locos, dar rienda suelta a nuestra inventiva y recrear mundos oníricos que sólo habitan en nuestra cabeza. Y ya, de paso, ganar unas perritas, ¿no?
Bueno… eso está muy bien, pero antes de comenzar a trabajar, echemos un vistazo al mercado con los pies bien pegados al suelo. Y la mejor manera de ser realistas, es comparar la literatura fantástica con otro tipo de género. ¿Cuál? ¿Qué tal la literatura juvenil? Para ello vamos a poner cifras sobre la mesa, rescatadas de un artículo que salió publicado en El cultural y con fuentes obtenidas de la Federación del Gremio de Editores de España.
Para empezar nos encontramos con un dato avasallador:
La literatura juvenil es la segunda fuerza editora española tras la novela con más de 12.000 títulos y 60 millones de ejemplares anuales, casi el 18% del total de la producción editorial en nuestro país.
Ante una cifra tan categórica, hay quién comenzará a pensárselo, ¿no?
Si extrapolamos estas cifras a la literatura de género, nos encontramos con un mundillo que está en franca recesión. Las editoriales escatiman la aparición de nuevas novelas en el mercado e incluso algunos proyectos editoriales tienen graves problemas de distribución. Por lo tanto, estamos ante un género claramente tocado que no ha sabido subirse al vagón del éxito cuando tuvo la oportunidad.
Pero sigamos con el fenómeno literario de moda: el juvenil. ¿Dónde comienza su escalada?
El impacto de las siete entregas de la saga en el panorama editorial es difícilmente mesurable. No sólo a nivel cuantitativo (el número de ejemplares vendidos de toda la saga en España alcanza los seis millones) sino también cualitativo.
Los números cantan toda una revolución en las ventas de la Literatura Infantil y Juvenil durante la Era Rowling, en el período 2001-2006, último año del que existen datos fiables. Según los datos de la Federación del Gremio de Editores de España, en 2006 se publicaron 12.178 títulos de literatura juvenil y se editaron 60 millones de ejemplares frente a los 9.894 y 44,6 millones respectivamente de 2001. El comienzo de la llamada "época dorada" se localiza en los últimos 90 (el primer Potter data de 1997) cuando el número de títulos alcanza el 40% de crecimiento anual. Sigue una etapa de consolidación entre el año 2000y el 2002 en la que, tras una leve bajada inicial, el crecimiento se asienta en torno al 10% anual. Los últimos años han sido los de la maduración del sector, deudor ya de la fidelidad de un público activo que se comunica novedades y preferencias en la instantaneidad de la red y al que los grandes editores han llegado a temer ante la multiplicación de traducciones aficionadas de unos lectores cada vez más voraces y menos pacientes.
Es decir, la literatura juvenil encontró su canto del cisne en la saga de Harry Potter. ¿Supo encontrar la fantasía su canto de cisne? Obviamente, ante esta pregunta, nos volvemos inmediatamente ante la saga que ha revolucionado el mundo visual de la fantasía: El señor de los anillos. ¿Tanto ha influido Tolkien en las ventas de los libros de fantasía? ¿Puede compararse el fenómeno Rowling con el fenómeno Tolkien? La respuesta es evidente: no. Tolkien ha supuesto un revulsivo para las novelas del propio Tolkien, y si dejamos a un lado fenómenos mediáticos como Canción de Hielo y Fuego y franquicias, nos damos cuenta de que el resto de los autores nacionales e internacionales conviven sumidos en paupérrimas condiciones de publicación, con tiradas cada vez más exiguas (entre los 500 y 2000 ejemplares) que reducen los factores de riesgo.
En España el panorama lo copan las grandes casas como SM, Planeta, Alfaguara o Salamandra, que cuentan en su haber con los principales bestsellers mundiales, obras de venta segura y masiva, donde se juntan lo bueno y lo menos bueno. Subsisten además una miriada de pequeñas aldeas irreductibles con producciones minoritarias cocinadas a fuego lento, con mimo y buen hacer. Kalandraka, Libros del Zorro Rojo, MediaVaca, Kókinos o Diálogo son algunas de ellas.
Aquí nos damos cuenta inmediatamente, que la buena literatura fantástica, aquella que da beneficios, no se publica en los sellos de literatura fantástica, sino que es absorbida por los grandes grupos editoriales y aparece en los sellos de más empaque. Incluso me arriesgaría a decir que el nivel de facturación y de profesionalidad de las pequeñas editoriales juveniles (añadamos incluso editoriales autonómicas como Tandem o Tabarca) supera ampliamente a las editoriales más potentes de fantasía.
El Grupo SM es sin duda uno de los gigantes del sector tanto en España como en Latinoamérica. En 2007 vendió en todo el mundo más de 25 millones de ejemplares y su facturación creció un 19,6% en España y un 62,6% en su vertiente internacional. Este curso celebran que su legendaria colección Barco de Vapor cumple cinco lustros y también el éxito incontenible de Laura Gallego: su trilogía Memorias de Idhún ha vendido 400.000 ejemplares desde 2004 y su último libro, Dos velas para el diablo, obligó a posponer dos horas el cierre de la última feria del Libro ante la inagotable cola de chavales que ansiaban la firma de la autora.
¿Y dónde está la Laura Gallego del género fantástico? ¿Cuidan las editoriales de fantasía a los autores nacionales? ¿Desarrollan una política correcta en la promoción del autor y en el riesgo asumido a la hora de lanzar un libro al mercado literario? Sería injusto acusar a un editor de algo, ya que nadie en este mundo es quién para censurar las inversiones y el trabajo de otro. Simplemente estamos comparando escalas de crecimiento y buscando un porqué a la diferencia de crecimiento entre la literatura fantástica y la literatura juvenil.
Personalmente creo que en el mercado nacional existen autores con suficiente autoridad para convertirse en un fenómeno mediático como Laura Gallego. Y ahí tenemos a los Javier Negrete, Juan Miguel Aguilera, Rafa Marín, León Arsenal, José Miguel Vilar, J.E.Álamo, Jose Miguel Cuesta y José Rubio, José Miguel Pallarés, Joaquín Revuelta, Andrés Díaz, Rodolfo Martínez, Victor Conde, David Jasso, David Prieto, Daniel Mares, Claudio Cerdán y un largo etcétera que no voy a citar porque la lista sería interminable. Tenemos literatura para todos los gustos y todos los subgéneros. ¿Por qué ninguno ha alcanzado un cenit comparable al de Laura Gallego? ¿Por qué los autores que más destacan en las colecciones de fantasía acaban mudándose a la literatura histórica?
Ahora vamos a ver qué opinan los editores de literatura juvenil:
Elsa Aguiar, gerente editorial de Publicaciones Infantiles y Juveniles de SM opina que la Literatura Infantil y Juvenil disfruta de una gran vitalidad: "hay una oferta muy amplia de títulos, se lee (pese a lo que se diga) mucho, hay una mayor presencia en los medios y en la sociedad, es posible encontrar libros de muchos géneros y tipos, se traducen obras muy interesantes del extranjero y se publican magníficos autores españoles...".
Marta Bueno, directora del Área Infantil y Juvenil de Planeta tiene la impresión de que la literatura juvenil "está atravesando un momento muy interesante, ya que ha pasado de la más absoluta de las transparencias a ocupar un lugar visible, estratégico y determinante". La estrategia del grupo Planeta en este sector pasa por la diversificación, desde libros "para bebés de 6 meses, hasta jóvenes de 15-16 años".
Raúl González, director de marketing y comunicación de Alfaguara, está seguro deque "un lector infantil o juvenil será un lector adulto. Desde mi punto de vista, la literatura infantil y juvenil siempre ha tenido dos líneas muy marcadas: las recomendaciones de lecturas escolares en las que este mercado comenzó a formarse y a crecer, gracias al trabajo de muchísimos profesores que inculcaron el gusto por la lectura a sus alumnos, y los libros más de consumo que compra directamente el lector (niño o joven) sin mediar una prescripción. Son estos últimos los que han contribuido últimamente a que la literatura juvenil dé el salto".
La editora de Salamandra, Sigrid Kraus, cree que "el gran boom que experimentó el género hace unos tres años ya ha pasado, pero nos ha dejado algunas cosas muy positivas: un panorama de libros mucho más rico y variado que antes, libreros más sensibles al tema, muchos jóvenes lectores con ganas de seguir leyendo".
Además, la literatura juvenil cuenta con un apoyo mediático que la literatura fantástica no tiene. Vergonzante que a estas alturas, los medios de comunicación descubran a autores de la talla de George R.R. Martin o Scott Baker, y todo porque la Semana Negra de Gijón haya contado con su participación, sino seguirían siendo esos grandes anónimos de la literatura. Aunque más de uno se llevaría una desagradable sorpresa si viera las cifras reales de venta de las grandes vacas sagradas del género fantástico y las comparásemos con otros autores que pululan fuera del género. Pero vayamos a la repercusión mediática de la literatura juvenil:
Cabe destacar para terminar a las citadas editoriales pequeñas, esos reductos minoritarios de calidad. Vicente Ferrer, de Media Vaca, cuyo Robinson Crusoe dibujado por Ajubel es, según el crítico de El Cultural, Gustavo Puerta Leisse, "el libro de la temporada", afirma que "Los libros para niños ya no son exclusivamente un producto barato destinado a entretener o a educar a los niños (y liberar a sus padres). Ahora hay más libros que son también literatura. Sin embargo, queda todavía mucho camino por recorrer; los aspectos de negocio siguen anteponiéndose a los criterios artísticos o creativos".
Fernando García, de Libros del Zorro Rojo defiende que su apuesta editorial "no intenta seguir tendencias de mercado preexistentes, sino contribuir a crear un espacio lector en el que convivimos (o malvivimos) algunas pocas editoriales que asumimos apuestas arriesgadas que, sin embargo, intentan componer un catálogo perdurable, explorando nuevos horizontes y apostando por un nuevo concepto de libro ilustrado".
Bien, tampoco quiero extenderme más. Cuando uno ve desfilar todas estas cifras y entiende que otros autores nacionales, despegados del género, están alcanzando cotas de éxito mayores con libros de fantasía (eso sí, publicados convenientemente con el sello de juvenil) y ve que hay grandes consorcios editoriales apoyando a pies juntillas a los autores patrios, no puede dejar de sentirse incómodo y preguntarse por qué la fantasía no ha sabido subirse al tren del éxito junto a la literatura juvenil. Cada vez entiendo menos las voces que denigran a los autores nacionales y apoyan incondicionalmente a un grupo de escritores internacionales que suelen ser deficitarios para las propias editoriales. Y, estudiando las voces de los grandes editores del género juvenil, uno acaba sintiéndose un náufrago que navega a la deriva de un mundillo complejo, enrevesado y lleno de trampas.








Un interesante y muy
Un interesante y muy instructivo artículo sobre la realidad del mundo editorial. Gracias por el aporte.
Muy interesante, pensaba que
Muy interesante, pensaba que el mundo editorial en la literatura de genero estaba mucho mejor que lo que describe David.
Muy esclarecedor.
Por cierto, me gustaría
Por cierto, me gustaría añadir que el artículo original que apareció en El Cultural es de Daniel Arjona.