Relato: Los elfos del bosque, Por Alexis Brito Delgado

Una región extraña y salvaje, que yace sublime fuera del espacio, fuera del tiempo...

Edgard Allan Poe

En el horizonte, el sol era una rueda de fuego que se ocultaba en el ocaso, detrás de los picos lejanos de las montañas. Inmóvil, el anciano estudió el bosque con ojos sabios, admirando la belleza y el misterio que lo rodeaba con el enfoque que le proporcionaban los años. Debajo de la capucha, en su rostro triste sembrado de arrugas, los bigotes le colgaban blancos por el paso del tiempo. Su figura, otrora majestuosa, vestida con pieles y cuero, estaba apoyada en un bastón, doblada por los años y las penurias. Lentamente, se abrió camino entre los árboles y las sendas cubiertas de hojarasca, mientras el cielo cambiaba de tonalidad dando paso a las tinieblas, que formaron sobre las copas extendidas, un tapiz de estrellas titilantes. Sumido en el hechizo de la espesura, siguió el sendero hacia el oeste, caminando sin rumbo sobre la hierba fragante. De repente, sin previo aviso, una luz apareció a lo lejos. Los árboles se separaban a medida que el camino descendía entre las lomas: un claro donde brillaba una hoguera apareció bañado por el espejismo lunar. Las risas, la música y los aromas de la comida le llegaron en toda su plenitud. Voces armoniosas escapaban de unos seres divinos que llevaban ropas de seda y terciopelo. Tanto hombres como mujeres, poseían rasgos finos y delicados, ojos rasgados de pupilas brillantes, y largos cabellos de los cuales asomaban orejas puntiagudas. Los ángeles danzaban alrededor del fuego, ceremoniosamente, bordeados por bancos y mesas donde se sentaban los comensales, delante de fuentes de carne asada, rebanadas de pan tierno y cuencos de fruta. Riendo, se pasaban copas de algún extraño elixir, mientras charlaban bajo la luminiscencia de faroles de plata llenos de vivaces luciérnagas. Detrás del resplandor de las llamas, tocaban arpistas vestidos de verde mientras bardos pasaban entre las mesas, punteando los laúdes y recitando poemas con grandes sonrisas. Durante toda la noche, el anciano estuvo allí, fascinado por la visión de aquellos seres, y poco a poco, sin darse cuenta, acompasándose con las primeras luces del alba, su cuerpo fue desapareciendo y su alma pasó a formar parte de aquel lugar inexistente...

FIN

Alexis Brito Delgado